Ovulación y progesterona baja

Ovulación y progesterona baja
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La ovulación es el desprendimiento natural de un óvulo maduro del ovario que, después de atravesar la trompa de Falopio, pasa al útero que ya puede ser fecundado. Es decir, la ovulación es la maduración del óvulo en el ovario. Pero ¿tiene relación con la progesterona?

En primer lugar, deberíamos saber que las mujeres ovulamos un promedio de catorce días después del primer día del inicio de la menstruación, aunque también es importante saber que el promedio no es exacto ya que depende de la extensión del ciclo menstrual de cada mujer. A su vez, este genera alteraciones en la consistencia del flujo vaginal y tiene como principal objetivo preparar el organismo para el embarazo. El ciclo menstrual consta principalmente de dos fases: primera fase o fase folicular (comienza el primer día del ciclo) y la fase lútea (última parte del ciclo que dura hasta un nuevo inicio de sangrado o hasta el embarazo si fuera el caso). Entre ambas, como decíamos, la ovulación en sí misma durante la cual el óvulo abandona el folículo, llega a las trompas de Falopio y es empujado hacia el útero.

 

Con el inicio de la pubertad comienzan la menstruación y la ovulación que se desarrollarán durante toda la vida de la mujer hasta la menopausia excepto en los periodos en los que la mujer esté embarazada. No obstante, y como decíamos anteriormente, la regularidad del ciclo no es estricta porque cada mujer tiene unos tiempos determinados para desarrollar los cambios hormonales.

Ovulación y angustia, ¿están relacionadas?

Ovulación y angustia, ¿están relacionadas?

En muchas ocasiones, al hablar de un proceso como la ovulación, nos damos cuenta de que existen algunos mitos sobre los síntomas que la acompañan y lo que también este proceso desencadena. Por eso es importante saber bien qué significa ovulación, las consecuencias que tiene y la relación que puede o no tener con determinados estados de ánimo, como la angustia en este caso.

 

La progesterona, por su parte, es la hormona sexual que segrega el ovario femenino y la placenta y que tiene la función de preparar el útero. Además, la progesterona pertenece a una clase de hormonas llamadas progestágenos y es el principal progestágeno humano de origen natural. Su fuente principal son el ovario (cuerpo lúteo) y la placenta, aunque también puede sintetizarse en las glándulas adrenales y en el hígado. Por tanto, deducimos con ello que la relación que tiene con la ovulación es bastante grande.

 

Dicha hormona sexual femenina, es decir, la progesterona, puede estar alta o baja. En el caso de estar baja debemos prestar mucha atención ya que la progesterona es una hormona fundamental en cualquier mujer porque hace que durmamos mejor, nos hagamos más fuertes y, sobre todo, nos sintamos mucho más relajadas. De hecho, después de ovular es cuando aumentan los niveles de dicha hormona. Sin embargo, antes de que tenga lugar la ovulación lo que sucede es que aumentan los niveles de estrógeno.

 

Pero ¿qué hacer si tenemos la progesterona baja?

 

En primer lugar, debemos saber que existen causas muy variadas que pueden provocar unos niveles de progesterona más bajos de lo normal como son:

 

 

- Dietas basadas en proteínas animales y lácteos. Esto es debido a que en la actualidad se proporciona una gran cantidad de estrógenos a los animales para que se reproduzcan en más cantidad

- Uso de pastillas anticonceptivas ya que también aumentan los estrógenos.

- Padecer hipotiroidismo o hipertiroidismo.

- Vida acelerada y estrés.

Genética.

 

Para tratar la progesterona baja y recuperar los valores normales lo primero que debemos hacer, por tanto, es cambiar de hábitos. Por un lado, es fundamental manejar el estrés y para ello debemos realizar ejercicios suaves, hacer clases de yoga o medicación y autocontrolar los nervios y, por otro, hay que tener en cuenta la dieta que seguimos.

 

Lo más recomendable, en este caso, es evitar las carnes rojas, los embutidos y los lácteos, así como el café y otras bebidas con cafeína que favorecen el nerviosismo, pero intentar tomar alimentos ricos en fibra, en omega 3 y 6 y en vitaminas del grupo B. Y saber que, además de todos los remedios naturales que existen,hemos de conocer también los farmacológicos que los deben recetar los médicos. 


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