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Descubren un nuevo tipo de contracciones en el embarazo

Descubren un nuevo tipo de contracciones en el embarazo

Seguro que has oído hablar de las contracciones de Braxton Hicks o de las de parto, pero lo cierto es que hay más tipos de contracciones musculares uterinas, además de una nueva que han descubierto llamada “bombeo uteroplacentario”.

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Índice

 

¿Cómo funciona la placenta?

La placenta humana tiene una circulación hemocorial: la sangre materna emerge de las arterias espirales del útero para bañar los árboles vellosos que contienen vasos fetales. Esta circulación es crítica en el desarrollo fetal, sin embargo, los patrones de flujo materno dentro del espacio intervelloso (SIV) y los detalles del retorno venoso siguen siendo en gran medida desconocidos ya que esta circulación depende del ambiente intrauterino y varía considerablemente entre mamíferos, por eso se están llevando a cabo nuevas pruebas para saber bien cómo funciona.

La extracción eficiente de oxígeno de la sangre materna requiere que la velocidad y el patrón del flujo sanguíneo dentro del IVS mantengan un gradiente de concentración entre las circulaciones materna y fetal a través de toda la placenta en todo momento.

En general, se supone que el flujo sanguíneo placentario está en un estado estable, pero los modelos matemáticos recientes han sugerido que la contracción activa de las vellosidades del tallo (que tienen elementos contráctiles a lo largo de su longitud) podría ayudar a las circulaciones materna y fetal en la placenta. Sin embargo, las contracciones de la placenta (independiente del resto del útero) nunca se han reportado en el útero.

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Las imágenes no invasivas brindan una oportunidad única para abordar estas incógnitas clave. El ultrasonido es una técnica muy poderosa para guiar la atención en obstetricia clínica; el Doppler de la arteria uterina puede medir el flujo en vasos más grandes y puede evaluar la resistencia de la arteria espiral indirectamente, pero proporciona información limitada sobre el movimiento de la sangre dentro o a través del SIV. Por eso, la resonancia magnética  se usa cada vez más para estudiar el crecimiento y el desarrollo fetal y es lo que se ha usado en este estudio.

Así lo explican los autores del mismo: “Hemos utilizado imágenes de resonancia magnética (IRM) para proporcionar nuevas ideas importantes sobre la función de la placenta humana en el útero. Hemos medido el flujo neto lento y la oxigenación neta alta en la placenta in vivo, que son consistentes con el suministro eficiente de oxígeno de la madre al feto. Nuestra evidencia experimental corrobora hipótesis previas sobre los efectos de la remodelación de la arteria espiral en el útero y también indica un drenaje venoso rápido de la placenta, lo cual es importante porque este flujo de salida se ha descuidado en gran medida en el pasado. Además, más allá de las contracciones de Braxton Hicks, que involucran todo el útero, hemos identificado un nuevo fenómeno fisiológico, la 'bomba utero-placentaria', por la cual la placenta y la pared uterina subyacente se contraen independientemente del resto del útero, expulsando la sangre materna del espacio intervelloso”.
 

¿Qué es el bombeo uteroplacentario y para qué sirve?

Gracias a las resonancias magnéticas, estos investigadores han descubierto un bombeo uteroplacentario que implica contracciones de la placenta y de la parte de la pared uterina a la que está adherida. Se cree que este nuevo tipo de contracciones podría servir para detener el estancamiento de la sangre en partes de la placenta, aunque hacen falta más estudios. Lo que sí tienen claro es que este tipo de contracción es distinta de las de Braxton Hicks, contracciones de entrenamiento en las que todo el útero se contrae en un ejercicio de práctica para el parto.

Este nuevo fenómeno provoca la expulsión periódica de sangre del IVS, pero no afecta la circulación fetal, ya que todo su volumen de sangre está sujeto a cambios en la presión intrauterina. Este fenómeno puede estar relacionado con informes anteriores de que las vellosidades de anclaje (que conectan la placa coriónica a la pared uterina) son contráctiles, porque dicha contractilidad ayudaría a mantener la forma de la placenta a medida que la pared se contrae. También puede estar relacionado con la zona marcapasos miometrial-placentaria que se ha identificado recientemente en ratas. Es probable que tales contracciones utero-placentarias se hayan identificado previamente como contracciones de Braxton Hicks (que involucran toda la pared uterina), o contracciones uterinas localizadas, pero este estudio muestra que son diferentes.

Así, la función de la bomba utero-placentaria es crítica para evitar el establecimiento de una capa no agitada que limite el intercambio cerca de la superficie vellosa, aunque hacen falta más estudios para evaluar qué sucede con la oxigenación y el flujo sanguíneo antes, durante y después de la contracción. “También necesitamos entender qué desencadena las contracciones: ¿es una reducción en la oxigenación o un aumento en la presión dentro de la placenta? ¿Las contracciones se inician en el miometrio de la cama placentaria o por las vellosidades de anclaje? La tasa de detección de contracciones fue mayor en las embarazadas con preeclampsia que en la sanas, pero se requiere un muestreo más prolongado en más participantes. La forma de la placenta sana durante una contracción es similar a la forma engrosada de las placentas comprometidas, lo que aumenta la posibilidad de que la placenta preeclamptica se contraiga permanentemente hasta cierto punto”.
 

Diferencias entre el flujo placentario normal y un embarazo con preeclampsia

El equipo, además, encontró diferencias de flujo sanguíneo en la placenta entre los embarazos sanos y aquellos con preeclampsia, un descubrimiento que puede ayudar a entender por qué en las gestaciones que surge este problema el bebé nace más pequeño y antes de tiempo.

Y es que la preeclampsia es una enfermedad gestacional que se caracteriza por un aumento de la tensión arterial que puede llegar a ser muy grave si no se controla, ya que no existe más tratamiento contra la misma que el parto. Asimismo, la preeclampsia afecta al flujo sanguíneo de la madre a la placenta, vital para transferir al bebé la cantidad correcta de nutrientes y oxógeno; por eso, es una enfermedad muy grave.

Para el estudio, siguieron a 34 mujeres con embarazos sanos y trece diagnosticadas con preeclampsia, lo que les proporcionó una visión de cómo la sangre materna se filtra entre las vellosidades por las que fluye la sangre del feto y cómo esto afecta a la oxigenación de la placenta.

“En los embarazos sanos encontramos que la velocidad del flujo sanguíneo disminuyó desde la pared uterina hasta la placenta, lo que respalda la hipótesis de que la remodelación de la arteria espiral reduce la velocidad del flujo sanguíneo a medida que ingresa a la placenta”. Esto puede ayudar a la placenta a funcionar eficientemente, explica Neele Dellschaft, de la Universidad de Nottingham, que ha liderado el estudio.

Sin embargo, los patrones normales de flujo y oxigenación eran mucho más variables en la preeclampsia, lo que "puede ayudar a explicar" por qué los bebés de ese tipo de embarazos "tienden a ser más pequeños y a menudo tienen que nacer antes del término". En este tipo de gestaciones, “la remodelación incompleta de la arteria espiral conducirá a una mayor resistencia al flujo y, por lo tanto, a un flujo más rápido a través del IVS, lo que condujo a un aumento de la curtosis en la placenta y patrones alterados del movimiento de la sangre, probablemente debido a los efectos combinados de una amortiguación menos eficiente del flujo de entrada más rápido y una densidad vellosa alterada en la EP. La velocidad de movimiento de la sangre en la placa coriónica también fue más rápida. Es importante destacar que las mediciones de susceptibilidad (χ) sugieren que este patrón de percolación condujo a una oxigenación más baja y mucho más variable a través de la placenta”.

Por último, aunque el estudio no fue diseñado para investigar la variación con la edad gestacional, no observaron ningún cambio en el flujo o fIVIM durante el segundo o tercer trimestre.
 

Entonces ¿cuántos tipos de contracciones uterinas existen?

Existen diversos tipos de contracciones que se van sucediendo a lo largo de la gestación para preparar al útero para el momento del parto:

1- Contracciones de Álvarez y Caldeyro: son las más leves, de intensidad tan baja (2-4 mmHg) que la embarazada no las suele notar. Comienzan hacia el final del primer trimestre de embarazo y duran hasta la semana 28-30.

2- Contracciones focales: contracciones de poca intensidad (menos de 10 mmHg) localizadas en pequeñas áreas del útero. Por lo general, son consecutivas a un movimiento del bebé y pueden tenerse hasta 6 al día.

3- Contracciones generalizadas: comienzan en un área del útero, pero se extienden al resto. Se pueden producir por movimientos del bebé, por esfuerzos de la madre o por cambios de posición de esta.

4- Contracciones de Braxton Hicks: comienzan en torno a la semana 20 del embarazo, aunque generalmente no se notan hasta la semana 26 (incluso hay mujeres que no las notan hasta las últimas semanas de embarazo). Son algo más intensas que las anteriores (entre 10-15 mmHg), pero nunca dolorosas. No invaden todo el útero, solo algunas zonas, la tripa se pone dura durante unos 30 a 60 segundos y se pueden tener hasta 10 diarias. Tienen un gradiente descendente (van del fondo del útero hacia la vagina). Se van haciendo más frecuentes hacia el final de la gestación, pero no son regulares ni aumentan de intensidad, frecuencia o duración.

5- Contracciones patológicas o prodrómicas: son más molestas, dolorosas, intensas y regulares que las anteriores. Pueden aparecer unos días antes del parto e indican que el momento está cerca. Su función es la de madurar y ablandar el cuello del útero. Son más frecuentes y pueden causar alguna molestia. Su intensidad es de 20 mmHg, aunque pueden llegar a 30 mmHg, pero sin volverse rítmicas. Si suceden antes de la semana 37 y no se inhiben, provocan un parto prematuro ya que modifican el cuello del útero.

6- Contracciones de parto: son muy regulares y dolorosas, suceden cada dos o tres minutos y llegan a tener una duración de aproximadamente 90 a 120 segundos cada una. Además, se vuelven cada vez más intensas, frecuentes y dolorosas. Comienzan en la espalda y luego en el bajo abdomen y el dolor no cesa al cambiar de postura. Su intensidad es superior a 30mmHg y en el expulsivo pueden alcanzar los 60 mmHg.


Fuente:

The haemodynamics of the human placenta in utero, Neele S. Dellschaft, George Hutchinson, Simon Shah ,Nia W. Jones, Chris Bradley, Lopa Leach, Craig Platt, Richard Bowtell, Penny A. Gowland . Published: May 28, 2020https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3000676

Fecha de actualización: 04-06-2021

Redacción: Irene García

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