Hematomas en el embarazo

Hematomas en el embarazo
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Los hematomas uterinos, que aparecen en el transcurso del embarazo, son coágulos de sangre acumulados entre la placenta o los tejidos propios de la gestación y el revestimiento del útero. 

Aunque la aparición de hematomas es potencialmente dañina para el feto, ya que puede significar que la placenta se ha despegado total o parcialmente y su función podría estar comprometida, la mayoría de los casos evoluciona bien, los embarazos llegan a término sin más tratamiento que el reposo y la sangre coagulada del hematoma se reabsorbe por sí sola; especialmente cuando son pequeños y no van acompañados de síntomas.

 

La valoración de la gravedad de la lesión dependerá de dos variables principalmente: el volumen y la localización del hematoma retroplacentario. Así se considera pequeño si su tamaño es menor del 20% respecto al del saco gestacional y grande si supera el 50%. Pero quizás, a la hora de hacer un pronóstico, resulta más relevante el lugar donde aparece que su dimensión.

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Los hematomas uterinos se clasifican según su ubicación entre las distintas capas de tejido en:

-        Retroplacentarios: Son los hematomas que se forman entre la placenta y el endometrio. Están asociados al desprendimiento de placenta, que se revela, normalmente, con hemorragia vaginal. La abrupción o desprendimiento placentario suele ser la causa de sangrado más habitual a partir de la semana 28 (durante el tercer trimestre) y conlleva un riesgo de aborto espontáneo o de parto prematuro.

 

-        Subcoriónicos: La sangre se acumula en el interior de la cavidad endometrial, casi siempre durante las primeras etapas de embarazo. En general este hematoma evoluciona bien y no suele producir pérdida del embarazo, pero su presencia requiere vigilancia médica porque constituye una amenaza de aborto.

 

-        Supracervicales: Por su ubicación, suelen tener mejor pronóstico. Además, se eliminan por la vagina en forma de hemorragia.

 

¿Por qué se producen?

Se desconocen las causas que provocan el origen de estos hematomas, aunque parece existir una relación entre el desprendimiento de placenta y la hipertensión crónica o la toxemia gravídica, así como con la edad de la mujer.

 

Además, se ha relacionado la aparición de hematomas uterinos con hábitos como el tabaco, el consumo de alcohol o drogas, con lesiones abdominales previas, con la placenta previa, la preclampsia (hipertensión inducida por el embarazo), el haber tenido varios hijos o con la edad de la gestante (ser mayor de 38 o 40 años), entre otros.

 

Síntomas de los hematomas uterinos


Los síntomas pueden variar en intensidad según sea la gravedad o el tamaño del hematoma. Algunos casos pasan desapercibidos hasta su detección mediante ultrasonidos, precisamente por la ausencia de manifestaciones externas. Cuando los hematomas o el desgarro placentario son mayores, los síntomas suelen ser más evidentes y aparecer repentinamente. Entre ellos los más comunes son:

 

Calambres abdominales

 

Dolor abdominal

 

Hemorragia vaginal

 

Dolor de espalda

 

Contracciones

 

 

Tratamiento


El diagnóstico, generalmente, es rápido y se lleva a cabo por ecografía.

El tratamiento depende de la gravedad de la situación, pero suele ser habitual el reposo absoluto como medida preventiva y la hospitalización de urgencia en los casos más graves. Si bien, la mayor parte de los hematomas se reabsorben espontáneamente y desaparecen solos. El tiempo que tarda en eliminarse varía según el tamaño de este y dónde esté situado.

 

Si la abrupción placentaria es pequeña y asintomática, el embarazo suele continuar su curso normalmente y llegar a término.

 

Si el embarazo está avanzado es posible que se prescriba una cesárea, especialmente si hay riesgo de sufrimiento fetal. 

 

 


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Fuentes:

Blott, Maggie (2015), Tu embarazo día a día, Barcelona, Ed. Planeta.

Huggins-Cooper, Lynn (2005), Maravillosamente embarazada, Madrid, Ed, Nowtilus.

Fecha de actualización: 02-06-2014

Redacción: Lola García-Amado

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