De reposo en el embarazo los 9 meses ¿Y ahora qué hago?

De reposo en el embarazo los 9 meses ¿Y ahora qué hago?
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Todos tus planes y tu alegría por tu embarazo se han visto chafados ante las palabras de tu ginecólogo: “Lo siento, tendrás que guardar reposo absoluto durante bastante tiempo”. Desde ese momento, a la angustia de que le pase algo a tu bebé, se une el aburrimiento y la pesadez de estar encerrada en casa sin poder moverte días y días y días.

¿Por qué estoy de reposo?

Hay diversas complicaciones que pueden obligar a la embarazada a guardar reposo durante un tiempo para evitar futuros problemas. En la mayoría de los casos, el reposo suele ser necesario los primeros meses (cuando hay mayor riesgo de un aborto) o los últimos (cuando se puede producir un parto prematuro). Sin embargo, también hay algunas mujeres que tienen que pasarse prácticamente los nueve meses en cama.

 

El reposo puede ser absoluto, en cuyo caso la embarazada no se puede mover de la cama más que para ir al baño; moderado, cuando se le permite moverse de la cama al sofá y andar por la casa, pero sin salir a la calle ni realizar ningún esfuerzo; o simplemente llevar una vida más tranquila, sin estrés ni ocupaciones pesadas como hacer la compra o cargar con los niños, pero pudiendo salir de casa.

 

Algunas de las causas más frecuentes son:

- Enfermedades maternas: como cardiopatías o problemas respiratorios que obligan a limitar la actividad de la madre.

 

- Amenaza de aborto: si en las primeras semanas de embarazo (hasta la 16 más o menos) se producen síntomas de aborto, como sangrado o dolores abdominales muy fuertes, el médico prescribirá reposo absoluto hasta que cese el sangrado, pero luego hay que seguir con reposo moderado al menos hasta la semana 23 (dependiendo, claro está, de la evolución de la embarazada).

 

- Problemas con la placenta: si hay desprendimiento prematuro o placenta previa, se pueden ocasionar hemorragias que obliguen a un reposo absoluto hasta que desaparezcan.

 

- Crecimiento intrauterino retardado: la mayoría de los casos responden a un problema de insuficiencia placentaria (la placenta no nutre bien al feto) y como no existe tratamiento farmacológico para evitarlo, lo más recomendable para mejorar la nutrición del feto es guardar reposo. En este caso, habría que estar así hasta que llegara el momento del parto.

 

- Preeclampsia: es una enfermedad producida por un aumento brusco de la tensión arterial de la madre. Puede llegar a ser grave si deriva en una eclampsia y requerir hospitalización. Por eso, en cuanto se detecta esta dolencia hay que guardar reposo absoluto, ya que el único tratamiento es el parto, por lo que habría que estar en cama hasta que el niño fuera viable.

 

- Amenaza de parto: si aparecen contracciones antes de la fecha probable de parto, el descanso es imprescindible para evitar los movimientos del útero. Entre otras razones, el reposo es beneficioso porque favorece la relajación de los músculos y disminuye la presión del bebé sobre el cuello uterino.

 

- Cerclaje del útero: algunas mujeres no mantienen el cuello del útero cerrado durante la gestación, lo que provoca pérdidas de sangre y aumento del riesgo de parto prematuro. Para evitarlo, se cierra el cuello uterino con unos puntos quirúrgicos que se retiran antes del parto. Conviene hacer reposo tras la intervención y llevar una vida muy tranquila durante el embarazo.

 

- Embarazo múltiple: muchas mujeres embarazadas de más de un bebé necesitan guardar reposo desde el 6º o 7º mes, ya que el peso que tienen que soportar es mayor, y de esta forma se aseguran de que los bebés no sean prematuros, para que su peso al nacer sea el mayor posible.

 

Y el mundo se vino abajo

Si tu médico te dice que tienes que estar de reposo durante bastante tiempo, el mundo se te caerá encima. Todos los planes que habías hecho para tu embarazo, la imagen que tenías de tu marido y de ti paseando con tu barriguita, la alegría y felicidad que sentías se vendrán abajo. La preocupación y la angustia te invadirán, sobre todo si aún estás de muy pocas semanas y puedes perder a tu bebé.

 

Pero, aunque sea difícil, debes sobreponerte y estar lo más tranquila y relajada posible. Piensa que todas tus emociones y pensamientos afectan a tu bebé, que él nota todo lo que a ti te pasa, y que el estrés es perjudicial para ambos. Además, cuanto más tranquila estés menos tensión tendrás y tus músculos estarán más relajados, por lo que también notarás menos dolor.

 

Debes mentalizarte y apoyarte en tu familia, pensar que si sigues los consejos de tu ginecólogo y tu embarazo está controlado, nada malo ha de pasar. Habla con tu pareja de tus sentimientos y escúchale también a él, no pienses que porque no está postrado en una cama, es feliz con esta situación. También es su hijo y le afectará y preocupará ver que estás pasándolo mal y que no puede hacer nada.

 

Comparte todas tus dudas y miedos con tu ginecólogo, él es quien mejor te puede asesorar. Y, por supuesto, apóyate en las experiencias de tu madre, tu suegra, amigas y demás familiares que hayan pasado por una situación similar. Incluso puedes buscar en Internet foros de embarazadas, verás cuántas están o han estado como tú y cómo te tranquiliza saber que todo finalmente les salió bien. Las penas se alivian siempre que se comparten.

 

¿Cómo preparar el embarazo?

Una vez que te has hecho a la idea de tu nueva situación, tienes que modificar tus planes y tu rutina para adaptarla a la cama o al sofá de tu salón. Lo primero que tendrás que organizar es tu casa, ya que no podrás colaborar en las tareas del hogar. Si tu marido trabaja mucho y no da abasto, aprovéchate de la ayuda que seguro te ofrecen tu madre y tu suegra. Bueno, y de toda la que te brinden. Estás embarazada y te lo mereces, así que en cuanto tus hermanos, amigos o primos te sugieran que pueden hacerte la compra, ¡acepta al momento!, no sea que luego se arrepientan.

 

Una vez solucionada la parte práctica, te preguntarás cómo prepararte para estos 9 meses y, sobre todo, para el parto, ya es posible que no puedas acudir a las clases de preparación al parto. Así que deberás “empollar” en tu casa toda la información que caiga en tus manos: existen multitud de libros (algunos con textos prácticos y ejercicios para hacer desde casa), revistas y, por supuesto, Internet. Páginas y páginas sobre embarazo, parto, preparación, síntomas, etc.

 

Además, puede que alguna amiga tuya haya pasado por el proceso hace poco y te pueda aconsejar. También, en algunos centros, se permite ir al padre solo a las clases de preparación y luego él te puede transmitir lo que ha aprendido. Y, ante todo, piensa que durante miles de años millones de mujeres dieron a luz sin preparación previa y sin ayuda médica, así que seguro que tú puedes hacerlo.

 

¡Quiero salir de casa!

Seguro que al principio de tu reposo forzoso piensas: “Bueno, no está tan mal, no tendré que ir a trabajar, podré despertarme cuando me apetezca, leer esos miles de libros para los que nunca tengo tiempo y ver todas esas películas que aún no he podido ver”. Pero es muy probable que cuando lleves dos semanas tumbada en tu cama sin moverte empieces a desesperarte y las paredes de tu cuarto cada vez parezcan más pequeñas. Y si encima te da por pensar en el tiempo que te queda así, cada día se te hará eterno.

 

Así que paciencia, mucha paciencia. Intenta buscar diversas actividades que puedas hacer desde tu cama o tu sofá para llenar estos días:

- Punto. Si no sabías, este es el momento ideal para aprender, verás cómo te entretienes a la vez que le haces ropita a tu niño y te ahorras un dinerillo.

 

- Navegar por Internet. Hazte con un portátil, verás qué de opciones da la Red: buscar información, chatear con tus amigos y familiares, mandar correos, ordenar tus fotos digitales, leer las noticias, buscar páginas de chistes, etc.

 

- Recibir visitas. Seguro que tus amigos y familiares sacan un ratillo de vez en cuando para ir a verte y entretenerte con las noticias del mundo exterior.

 

- Leer. Libros, revistas, periódicos… aprovecha cualquier cosa que caiga en tus manos.

 

- Ver la televisión. Películas, series, concursos, el culebrón de después de comer, ¡pronto te engancharás a programas que no habías visto en tu vida!

 

- Jugar con la consola. Las nuevas consolas portátiles tienen multitud de juegos y actividades que te pueden resultar muy entretenidos. Algunos, como los juegos de memoria o de palabras, te ayudarán asimismo a reforzar tu mente, bastante dispersa y despistada desde que te quedaste embarazada.

 

- Escribir. Ya sea un diario o cualquier otra cosa que te pase por la mente, te ayudará a mantenerte activa.

 

No hagas todos los días lo mismo, cambia de actividad de vez en cuando, así se te harán los días un poco diferentes y se te pasarán más rápido. Además, si estás de reposo absoluto y no te puedes mover de la cama, procura cambiar de posición a menudo y mover tus piernas para evitar trombos.

 

Dentro de lo posible y de la normal preocupación, intenta disfrutar al máximo este tiempo y piensa que cada día que pase es un día menos para verle la carita a tu bebé y tenerlo entre tus brazos.

 

Cuestiones legales

Una vez que el ginecólogo te prescriba reposo absoluto, tu contrato laboral se suspende de manera temporal. Desde este momento, tienes derecho a una prestación económica por riesgo en el embarazo, y podrás cobrar el 75% o el 100% de la base reguladora, dependiendo del convenio al que estés suscrita.

 

Eso sí, para poder beneficiarte de esta prestación económica tienes que estar afiliada y dada de alta en la Seguridad Social, y poner en conocimiento de los organismos competentes que has cotizado, al menos, 180 días en los últimos 5 años antes de que se produzca la suspensión del contrato laboral por ese riesgo en el embarazo.

 

Esta prestación deja de tener validez en el momento en que vuelvas a tu puesto de trabajo y no tiene nada que ver con la baja maternal a la que también tienes derecho. Es decir, aunque recibas esta ayuda económica y tu contrato quede suspendido, seguirás teniendo derecho a las dieciséis semanas de baja maternal una vez que des a luz.

 

También cabe la posibilidad de que el ginecólogo te recomiende solamente disminuir tu actividad laboral. Si así fuera, lleva un justificante médico a tus jefes y solicita la reducción de jornada o un cambio de puesto de trabajo a otro con menos actividad o menos riesgo para tu salud y la de tu bebé.


Fuente:

Huggins-Cooper, Lynn (2005), Maravillosamente embarazada, Madrid, Ed, Nowtilus.

Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Redacción: Irene García

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