Parto con placenta previa

Parto con placenta previa
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Cuando existe placenta previa este órgano, fundamental en el embarazo, se coloca cubriendo parte o todo el cuello uterino, lo que imposibilita el parto vaginal. Además, muchas veces este problema causa un parto prematuro.

La placenta es uno de los órganos fundamentales durante la gestación ya que sirve para transmitir nutrientes y oxígeno al bebé, eliminar sus desechos, fabricar hormonas y protegerle. Se empieza a formar en la segunda semana de embarazo y, generalmente, se coloca en la parte anterior o posterior del útero, sin taponar el cuello uterino. Sin embargo, hay ocasiones en las que se sitúa en la parte más baja de la matriz, cubriendo parcial o totalmente el cuello uterino. Esto es lo que se conoce como placenta previa y existen diferentes tipos según su situación:


- Marginal: la placenta está cerca del cuello, pero no lo cubre.

- Parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.

- Completa: cubre totalmente el cuello uterino, tapándolo.


Sin embargo, hay que tener en cuenta que la placenta crece y se estira a medida que el útero crece, por lo que es posible que una placenta previa en el primer trimestre de gestación deje de serlo al crecer el útero y desplazarla hacia arriba, separándola del cuello uterino.


La placenta previa suele causar un sangrado vaginal intenso de color rojo brillante que suele comenzar en el segundo trimestre de embarazo. A veces, la hemorragia es tan fuerte que la mujer debe ser ingresada para recibir una transfusión sanguínea. También puede causar dolor, calambres uterinos o parto prematuro. Otras veces se detecta en las ecografías rutinarias y se hacen controles más exhaustivos desde ese momento para ver cómo avanza la gestación y si causa complicaciones.


Este problema es más frecuente en mujeres de más de 35 años, con antecedentes de placenta previa, embarazos múltiples, cesáreas anteriores o malas cicatrizaciones de la pared uterina.


El tratamiento de la placenta previa depende de la cantidad de sangrado, del tipo de placenta previa, de la semana de gestación, etc. En ocasiones, como hemos dicho, la placenta se desplaza a medida que el embarazo avanza y el sangrado desaparece, por lo que es posible llegar a término y que el bebé nazca por vía vaginal.


Sin embargo, si la placenta es total o parcial y continúa llegado el momento del parto, será necesario realizar una cesárea, ya que es imposible que el bebé salga por el canal de parto si este está taponado.


Además, para intentar que no se produzca un parto prematuro y evitar las posibles complicaciones derivadas de este, siempre que haya mucho sangrado e incluso contracciones de parto, se recomendará reposo absoluto y medicación para intentar detener el parto. Tampoco se podrán tener relaciones sexuales ni colocar nada en la vagina.


Como decíamos, en ocasiones la mujer debe permanecer ingresada un tiempo en el hospital y recibir transfusiones de sangre si las pérdidas son muy abundantes. También necesitará tomar un aporte extra de hierro y ácido fólico para evitar anemia y otros problemas derivados de las pérdidas sanguíneas.


Si el sangrado no para y las transfusiones no son suficientes, se deberá realizar una cesárea de urgencia, a pesar de que el bebé no haya llegado a la semana 37, puesto que la madre está también en peligro. Asimismo, pueden aparecer otras complicaciones como crecimiento fetal retardado, defectos congénitos, shock, infecciones o coágulos sanguíneos en la madre.


Por último, la placenta previa no se puede prevenir, aunque sí hay ciertas medidas que puedes adoptar para evitar los factores que aumentan el riesgo de sufrir este problema, como fumar o drogarse. También es conveniente espaciar los embarazos, sobre todo si el primero fue mediante cesárea.


Además, debes cuidarte desde el momento que sepas que estás embarazada y acudir a todos los controles rutinarios ya que, si se detecta la placenta previa en la primera ecografía, se podrá hacer un control más exhaustivo del embarazo y detectar cuanto antes cualquier problema para evitar las posibles complicaciones. Y, ante cualquier pérdida de sangre abundante, acude de inmediato a urgencias.


Si se confirma el diagnóstico de la placenta previa, debes seguir al pie de la letra las indicaciones de los médicos y hacer reposo absoluto si es lo pautado. Aunque resulte muy aburrido, sobre todo si quedan muchas semanas de embarazo, es lo mejor para intentar que la gestación dure lo más posible y tu bebé no nazca antes de tiempo.


Y si llegado el momento te programan una cesárea, recuerda que es el único método para que tu bebé nazca y prepárate lo mejor posible para ese momento.

 

 


Fuente:

Goetzl, Laura (2006), Concepción y embarazo a partir de los 35, Pearson Educación.

Redacción: Irene García

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