El dolor del parto

El dolor del parto
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El proceso del parto es un conjunto de acciones que se suceden en el cuerpo de una mujer para dar a luz a un niño. Con ese fin, llegado el momento, el útero se contrae para abrir el cuello y dejar salir al bebé. Estas contracciones que actúan sobre el útero, también lo hacen sobre el niño, empujándolo hacia abajo y ayudándole a atravesar el canal del parto. Pero además sirven para hacer saber a la futura mamá que el nacimiento va a comenzar, por ello es fundamental sentirlas. Si bien es cierto que no solo se sienten, sino que a veces, la mayoría de ellas, también duelen. No obstante, el nivel de intensidad del dolor depende de múltiples factores.

El miedo sin duda es uno de los mayores condicionantes, pero hay muchos más elementos que influyen en el dolor que se siente en el parto: la aprensión, la postura al parir, el cansancio, la fase del proceso, la compañía, el trato del personal, la posición del bebé al nacer, las características físicas y psicológicas propias de cada mujer, etc. Por esto es imposible describir de forma precisa el dolor del parto, porque cada mujer lo percibe de una manera distinta.

 

¿Cómo es el dolor?

 

En términos generales podríamos afirmar que el dolor durante el parto no es constante, ni siquiera es el mismo. Es más, deberíamos hablar de varios dolores, en plural, pues el dolor será diferente y afectará a distintas partes del cuerpo según sea su naturaleza y la fase del parto en la que se produzca.

 

Durante la dilatación: El dolor mientras se está dilatando es intermitente y se corresponde con las contracciones. Estas son cíclicas y se repiten con mayor frecuencia a medida que se acerca el final. Tienen una duración entre 30 y 90 segundos aproximadamente y sobrevienen como una ola, es decir, en progresión creciente. El dolor aumenta hasta el punto álgido y luego desciende. Cuando estas pasan, el dolor desaparece, lo que permite a la embarazada descansar entre una y otra. El dolor de las contracciones resulta muy familiar a quien lo padece, ya que es semejante al de la menstruación, propagándose como una onda expansiva por el vientre, las caderas y la espalda.

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Durante el expulsivo: En este segundo momento el malestar ya no es originado por las contracciones sino por el estiramiento del perineo y la presión del niño sobre la vulva. Ahora el dolor es continuo y cesa cuando el bebé ha nacido. En cuanto a la intensidad, hay tantos grados como variedad de mujeres. En los extremos están, en un lado, las que lo describen como  un martirio y en el otro aquellas que afirman haberlo vivido casi como un sueño y sin molestia alguna, incluso sin haber recibido analgésicos. En medio encontramos todos los matices.

 

Al final de esta segunda fase, el dolor también puede ser provocado por un desgarro del perineo. No suele ser frecuente ya que el personal sanitario tratará de evitarlo, dando instrucciones precisas para empujar o practicando una episiotomía. En cualquiera de los dos casos lo más probable es que ni siquiera se note.

 

La buena noticia es que esta fase, aunque más intensa, es más corta que la de dilatación. Apenas dura unos minutos. Además las hormonas se ponen de parte de la parturienta: el organismo, a lo largo del proceso, segrega endorfinas, unas hormonas con efecto analgésico que favorecen el bienestar. Las endorfinas minimizan el dolor para ayudar a superar el proceso de dar a luz. 

 

Las mujeres que han optado por la epidural, durante el expulsivo no sentirán nada de cintura hacia abajo.

 

Durante el alumbramiento: En esta tercera fase del parto el nivel de dolor ha descendido en picado, y la expulsión de la placenta es perfectamente soportable y rápida. Tal vez se sienta alguna molestia, pero nada comparado a lo vivido anteriormente.

 

La tensión, el miedo y el estrés son enemigos de cualquier mujer que vaya a parir. Por un lado inhiben la acción de las hormonas que atenúan las molestias del parto, y por otro tensan los músculos, lo que genera una resistencia a las contracciones del útero que como respuesta producen más dolor.

 

La relajación, en cambio, favorece la secreción de hormonas y la respiración aporta más oxígeno a los músculos para que funcionen mejor. Durante las contracciones el movimiento aliviará considerablemente el malestar.

 

Breve historia del parto sin dolor

 

Durante años han sido muchos el tiempo y los recursos invertidos en encontrar métodos que aliviaran el dolor del parto, a través de fármacos o diferentes técnicas. Pero quizás uno de los descubrimientos más importantes en este asunto fue el del doctor Read. En 1933 este ginecólogo redacta el método “El parto sin dolor”, tras atender a una madre y percatarse de que daba a luz sin sufrir. A partir de ahí el obstetra estudia seriamente el tema y lo plasma en su método, concluyendo que para que las parturientas no sintieran dolor era esencial que estuvieran informadas acerca de todo lo que sucedía en su embarazo, sobre lo que iba a ocurrir en el parto y sobre la vida del bebé. Además de esta preparación psicológica, también consideraba importantísimo prepararse físicamente con ejercicios respiratorios y musculares.

 

Más adelante otro médico, el doctor Lamaze, desarrolló la psicoprofilaxis obstétrica, basándose en la convicción de que el parto como proceso fisiológico que es no debería doler. Así mantuvo que los cursos preparatorios debían servir a las mujeres para estar informadas sobre este proceso y por lo tanto para ayudarlas a tomar decisiones sobre su salud. Igualmente los cursos incluían respiraciones y ejercicios de relajación útiles para reaccionar ante las contracciones y participar activamente en el trabajo del parto, lo que atenuaría un posible dolor.

 

Ahora bien, no puede afirmarse que estos métodos, aún vigentes, sean la receta mágica para no sentir dolor. Como decimos, éste depende de tantos factores que resulta imposible tenerlos todos bajo control para garantizar un parto sin la mínima molestia.

 

Actualmente más que de parto sin dolor se habla de “preparación al parto y a la maternidad”. Sin duda la anestesia epidural y otros analgésicos han contribuido de manera sorprendente a afrontar el dolor del parto. Sin embargo, los medicamentos no están reñidos con las respiraciones ni con el conocimiento, por lo que a pesar de haber optado por la anestesia epidural, es aconsejable acudir también a clases de preparación al parto, cuyo objetivo es ayudar a la futura mamá a traer al mundo a su hijo de la mejor manera posible. En las clases de maternidad hay siempre una parte de información acerca del embarazo, del parto, del recién nacido y sus cuidados y otra parte muy importante dedicada a actividades físicas, respiraciones y relajaciones recomendadas para facilitar el proceso del parto y mitigar el dolor. Estos ejercicios de respiraciones y pujos permitirán participar activamente en el nacimiento del bebé, acortando el tiempo, y, por lo tanto, rebajando las molestias.


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Fecha de actualización: 29-11-2013

Redacción: Irene García

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