¿Puede un bebé tener pesadillas?

¿Puede un bebé tener pesadillas?
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Antes de comenzar a hablar de las pesadillas lo primero que los padres deben tener claro es la diferencia entre estas y los terrores nocturnos. Las primeras se dan en la segunda mitad de la noche, después el niño estará inquieto, habrá que calmarle, aunque será difícil, y además recordará el episodio al día siguiente. Por el contrario, los terrores nocturnos se dan al principio de la noche, después de tenerlos el niño estará tranquilo, el adulto no tendrá que hacer nada y el niño recordará al día siguiente muy poco o nada.

Las pesadillas son ensoñaciones complejas que producen temor o ansiedad. El niño suele despertarse muy asustado, y pudiendo descubrir detalladamente las características de lo que ha soñado. Estas se diferencian de los terrores nocturnos, como decíamos, porque se pueden relatar tal y como si lo hubiera vivido, llegando incluso a confundirse el sueño con la realidad. Y, aunque las pesadillas pueden ocurrir en cualquier momento de la noche, estas aparecen con más frecuencia durante el último tercio y finalizan con el despertar del niño. No suelen durar mucho, pero el niño sigue nervioso y alterado, puede llegar a sufrir taquicardia e incluso haber sudoración.


Por norma general las pesadillas suelen iniciarse entre los tres y los seis años, aunque también es posible que a los dos ya tengan alguna que otra, pues todavía a esta edad no saben distinguir muy bien la realidad de la ficción. Pero ¿qué pasa antes de los tres años? Según la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNyA), a los dieciocho meses de vida es la edad a la que el niño comienza a soñar, aunque algunos expertos afirman que los bebés comienzan a soñar antes, ya incluso desde el vientre materno, por lo que sueñan, pero no tienen pesadillas. Tampoco hay que preocuparse demasiado por sus sueños si son demasiado pequeños ya que es algo normal. Las muecas o movimientos bruscos de brazos y piernas mientras los bebés duermen se deben, en general, a la inmadurez de sus mecanismos de control del sueño, que ocasiona que a veces las fases del proceso se superpongan.


El mecanismo por el cual se producen las pesadillas no se conoce del todo, pero la ciencia sí que ha establecido que existen factores asociados con su recurrencia como podría ser la herencia genética, algunos desencadenantes como el estrés o los episodios traumáticos, aunque por norma general, las pesadillas suelen expresar la angustia ante un hecho concreto ocurrido durante el día como, por ejemplo, la ausencia de alguno de los dos progenitores, una discusión familiar o alguna escena que les haya impresionado demasiado y por eso es muy poco común que las sufran los bebés menores de dos años, aunque recordemos aun así que cada niño es diferente. Además, aunque suelan iniciarse, por norma general, a los tres años, las pesadillas cuando más frecuentes son es cuando los niños tienen ya entre seis y diez años.


Pero ¿por qué es más común una vez han cumplido ya los tres años? Pues bien, uno de los motivos que podría dar respuesta a esto podría ser precisamente por la edad a la que comienzan a dormir solos los bebés, en torno a los dos años, que suele ser el momento ideal para pasar de la cuna a la cama. El traslado del bebé a su propia habitación, pero también a su nueva cama, será su primer paso hacia la independencia, aunque siempre será el desarrollo del niño lo que determine el mejor momento para hacer ese cambio. El bebé ha de estar preparado, pero el adulto también ya que es probable que ahí comience a tener sus primeras pesadillas o terrores nocturnos. Para prevenir las pesadillas es importante que el bebé siga una rutina de sueño, colocar una lamparita de luz tenue, dejar la puerta abierta de su habitación y permitirle dormir con su juguete o peluche favorito. En el caso de que sean terrores nocturnos, para aliviarlos lo que harán los padres será hablar al niño con voz pausada y tranquila esperando a que se le pase, nunca tratar de despertarlo y en el día a día reducir el estrés, asegurándose también de que descansa lo suficiente.


Si las pesadillas van a más ¿cuándo deberéis consultarlo con el pediatra?


- Si durante la crisis el niño sufre convulsiones, rigidez o sobresaltos.

- Si la crisis dura más de treinta minutos.

- Si las pesadillas o terrores nocturnos no disminuyen, o incluso empeoran después de haber aplicado los consejos necesarios.

- Si el niño siente angustia por diversos motivos, interfiriendo en su vida cotidiana.


El antes y el después. Un buen despertar


Además, y a pesar de que es importante prestar especial atención al niño por la noche y cerciorarse de que todo va bien, es fundamental también el inicio de cada día asegurándose de que tendrá un buen despertar, pero ¿cómo pueden lograr esto los padres? Será tan sencillo como hacer caso a algunas recomendaciones. En primer lugar, el bebé deberá dormir las horas suficientes. Recuerda que en el caso de los bebés recién nacidos durante el sueño su organismo fabrica todo lo que requiere al día siguiente y, por eso, si un bebé no descansa lo suficiente se sentirá irritado, nervioso y somnoliento. En segundo lugar, no regañarle. Es un error. Pero tampoco concederle cinco minutos más y despertarle con palabras cariñosas y mimos.


En tercer lugar, y si ves que resulta algo complicado despertarle, empezar por contarle todas las cosas que va a hacer durante el día, explicarle que a ti también te cuesta madrugar a veces, pero que debéis hacerlo. También podría ser buena idea llamarle un poco más temprano para concederle diez minutos y que se despierte poco a poco, sin agobios.


¿Cómo saber si el bebé tiene sueño?


Para descubrir si el bebé tiene sueño será tan sencillo como escuchar su llanto, entre otras cosas. Por ejemplo, si el llanto es monótono y continuo, acompaña el lloriqueo con otros gestos, frunce el ceño y se muestra irritable, cierra los puños y no relaja las manos, se le cierran los ojos, bosteza, se pone rígido, se arquea hacia atrás y su llanto es ascendente, significará entonces que tu bebé tiene sueño.


¿Y si se despierta por la noche?


Para intentar evitar que el bebé se despierte por las noches, lo ideal será que sus progenitores instauren una serie de rutinas, le coloquen en la cuna (o en la cama) antes de que se acueste del todo, no tumbarle nada más comer para evitar así también en la medida de lo posible las regurgitaciones, acudir a su lado y tratar de calmarle sin encender la luz, ofrecerle el pecho si se lo sigues dando, y también asegurarse de que duerme bien y lo necesario durante el día.


¿Cuál es la mejor postura para el bebé?


Al bebé se le debe acostar preferiblemente boca arriba para evitar el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante, y en los ratos que el bebé ya esté despierto y vigilado ir girándole para que pueda explorar todo lo que le rodea desde distintos puntos de vista. El síndrome de muerte súbita del lactante (o SMSL) se define como la muerte repentina e inesperada de un niño menor de un año completamente sano. Se desconoce lo que la provoca y tampoco se puede predecir a qué niño le ocurrirá, aunque se calcula que ocurren entre 0,5-1 casos por cada 1.000 nacidos vivos, unos datos que se transforman en España a 100 sucesos cada año.


Según el INE, en el año 2016 (últimos datos) fueron 44 los bebés que murieron a causa del SMSL, cuya hipótesis más acertada sería la hipótesis del triple riesgo, que supone tres factores: niño vulnerable (es decir, predispuesto a ello), con un periodo crítico del desarrollo y unos factores estresantes externos que son conocidos, por tanto, como factores de riesgo.


Y las siestas… ¿son necesarias?


En ocasiones muchos padres y madres dudan de si son o no necesarias las siestas, y los que están totalmente a favor de ello no se equivocan en absoluto ya que de hecho según la mayoría de los pediatras las siestas son muy recomendables ya que ayudan a aguantar la jornada, recuperar las fuerzas, y a conseguir que el bebé esté menos irritable y el niño más cansado al final del día.


Fuentes:

“Particularidades de los trastornos del sueño en la edad pediátrica” http://www.aepap.org/gtsiaepap/gtsueno/evolparas.pdf

“Pesadillas y terrores nocturnos”, https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/pesadillas-terrores-nocturnos

INE (Instituto Nacional de Estadística)

Redacción: Ana Ruiz

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