¿Cuándo un bebé grita mucho?

¿Cuándo un bebé grita mucho?
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Los bebés poseen desde el momento del nacimiento la habilidad para crear sonidos, aunque todavía no la controlan. Empiezan con el balbuceo, con el tiempo consiguen aprender a modular el tono y, finalmente, consiguen hablar y a veces gritan. Uno de los malos hábitos que los padres y las madres deben intentar evitar siempre en los más pequeños es este: el de gritar.

 

En los primeros meses de vida los recién nacidos intentarán comunicarse mediante sonidos. Se podría decir que, desde el momento de su nacimiento están programados para relacionarse con las personas de su alrededor. Al no poder expresar con palabras lo que les inquieta o lo que quieren es normal que lloren, rían o griten en función de las sensaciones que vayan teniendo.

 

Entre los cuatro y los siete meses de vida ya pueden controlar más su forma de expresarse. Desde este momento serán conscientes de que tienen más repertorio de sonidos y comenzarán a experimentar más con su propia voz. Siguen sin poder hablar, pero, poco a poco, sus sonidos serán cada vez más parecidos a la fonética de las personas de su alrededor. Es muy beneficioso comunicarse con el pequeño, y aunque todavía será pronto para que hable correctamente, tanto su padre como su madre podrán estimular a su bebé para que aprenda a controlar su voz y la entrene a través de, por ejemplo, la imitación de los sonidos de los animales.

 

Esta es una buena manera no solo de incentivar poco a poco el habla y el control de la voz del pequeño, sino también una forma de reforzar el vínculo entre padres, madres e hijos. Es una de las primeras cosas que el niño aprende de ellos y también de las que más le llama la atención, que es la voz de sus progenitores. Será, por tanto, durante estos meses cuando el pequeño comience a hacer uso de otros sonidos más allá de la llantina para comunicarse con sus progenitores. A partir de los seis meses de vida ya va a ser capaz de distinguir a los miembros de su familia y demuestra su favoritismo por ellos.  Durante esta etapa se vuelven muy sonrientes y risueños y expresarán emociones como la alegría, la satisfacción, el temor o el desagrado de una manera más acertada. Además, una vez han cumplido ya los siete meses pueden expresar otras emociones algo más complejas como la timidez.

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Muchos bebés tienden a gritar mucho cuando producen sonidos o intentan comunicarse con las personas a su alrededor. Hay que tener en cuenta que al principio tampoco son capaces de modular su tono de voz por lo que lo más común es que este sea bastante alto. Otro de los motivos por los que tienden a elevar el tono de voz es, simplemente, para llamar la atención de los mayores ya que se dan cuenta de que así se les atiende más rápido, o por puro aburrimiento.

 

El bebé utilizará su voz durante toda su vida, por lo que, si se acostumbra a gritar y a elevar el tono la mayor parte de las veces es probable que en el futuro tienda a comunicarse en un tono de voz alto. El problema que puede tener esto es que el bebé sufra de mayor posibles afonías o tenga la voz algo rasgada. Una de las misiones de los padres y las madres es la de enseñar a sus hijos a hablar, pero también a modular la voz. Los bebés aprenden imitando por lo que hablar siempre con un tono de voz adecuado hará que el bebé intente comunicarse de la misma manera. Hay que demostrarle que no es necesario gritar ni hablar de mala forma para conseguir lo que quiere. Asimismo, es importante también cuidar la voz del pequeño para que esta no salga forzada ni en una tonalidad que no es la natural, especialmente durante el invierno donde es imprescindible mantener al bebé con el cuello tapado y evitar ofrecerle bebidas muy frías.

 

Finalmente, para aprender a hablar y comunicarse, también es necesario enseñar al bebé a escuchar. Una técnica certera es la de hablar con un tono de voz más bajo cuando ellos comiencen a gritar, obligándoles así a bajar su tono para poder escuchar lo que se les está intentando decir. Hay que tener en cuenta que, aunque los bebés y los niños griten y su grito pueda llegar a ser desesperante se deberá tener una postura firme en este aspecto. Nunca hay que responder a sus gritos del mismo modo. Por norma general, elevar la voz solamente agrava la situación y no educa. Además, si quieres enseñarle a no gritar predicar con el ejemplo es lo primero. Mantener la calma y controlar el tono es esencial para aliviar la situación y sí, es una tarea difícil, pero educar desde la serenidad es un punto clave en su educación. Es necesario que los bebés y los niños comprendan que no se les escuchará ni se les hará caso hasta que no hablen con propiedad o dejen de gritar. La paciencia en estos casos es fundamental ya que las pataletas y los berrinches pueden ser desesperantes y, en ocasiones, pueden causar que los padres y las madres pierdan la calma y acaben haciendo eso que les intentan corregir a sus hijos: gritar.


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Fuente: Blog En Familia AEPED

Fecha de actualización: 03-06-2019

Redacción: Irene García

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