Estoy amamantando y me duele el pecho

Estoy amamantando y me duele el pecho
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Amamantar es una forma de cuidar a nuestro bebé que no sólo trae beneficios para su salud, sino que nos conecta a ellos de una forma única. Aun así, es una decisión que depende de cada mamá y en la que también existen complicaciones y dolencias. Una de ellas es soportar los dolores en el pecho. Ya sea porque tienes los pechos hinchados o una sensación de dolor al estar llenos de leche, sensibles cuando los tocas, granulosos… tienes que tener presente que tus pechos van a cambiar. Las molestias pueden extenderse incluso a las axilas y hasta te puede dar un poco de fiebre. Este tipo de dolencias suelen ocurrirles a casi todas las mujeres debido a la gran transformación física de los senos, aunque algunas afortunadas nunca los presentan. En todo caso, la buena noticia es que es algo natural y transitorio.

Para entender el origen de estos dolores tenemos que retroceder un poco en el tiempo. Durante los primeros días posteriores al nacimiento del bebé, tu cuerpo ha producido una pequeña cantidad de leche materna, llamada calostro. Este es un líquido de color amarillento claro que segregan las glándulas mamarias de la mujer, rico en proteínas, vitaminas liposolubles (A,D,K,E) y minerales, precursor de la leche materna. El calostro es secretado por la glándula mamaria ya durante los últimos meses del embarazo y los cuatros días que siguen al parto. El calostro le proporciona al bebé todo lo que necesita, actuando como un laxante suave, preparando el aparato digestivo del bebé para recibir la leche materna o proporcionándole al bebé anticuerpos de la madre que lo protegen contra algunas enfermedades.

 

Entre el quinto y el décimo día aparece la leche de transición, que tiene más grasa, lactosa y vitaminas hidrosolubles que el calostro y, por lo tanto, suministra más calorías al recién nacido. El cuerpo humano es fascinante y tú producirás todo lo que necesita tu bebé conforme transcurren los días.

 

Alrededor del cuarto y el sexto día tiene lugar un aumento brusco de la secreción de leche, la subida de la leche. Esta leche de composición intermedia va variando hasta alcanzar la composición de la leche madura.

 

La leche madura es secretada por las glándulas mamarias del décimo día tras el parto en adelante. Ella sola le aporta al niño todas las sustancias nutritivas y las calorías que éste requiere para su normal desarrollo y crecimiento durante los primeros seis meses de vida, y se recomienda hasta los dos años de edad o más junto a la alimentación complementaria. Los principales componentes de la leche son: agua, proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas. También contiene elementos traza u oligoelementos, hormonas y enzimas, todo ello contenido en el recipiente que son ahora tus pechos, por lo que cambiarán y empezarás a notarlos llenos y firmes. Esto sucede porque los pechos se están enfrentando a un trabajo único. Tus pechos han empezado a producir leche en abundancia y se requiere que aumente el flujo sanguíneo, lo que hará que probablemente tengas molestias en mayor o menor medida, dependiendo de cada caso. 

 

Por eso, los motivos por los que te puede doler el pecho son muy variados:

 

El bebé no coge el pecho bien

 

Una de las causas más habituales que explican por qué a la mujer le duele el pecho cuando alimenta a su recién nacido es que este no se agarra como es debido o no succiona de la manera correcta. Estas situaciones lo que acaban provocando es que los senos, especialmente los pezones, se vean muy resentidos y comiencen a aparecer grietas que resultan muy dolorosas y pueden provocar pequeños sangrados. En este caso lo mejor es que consultes a tu matrona o un experto en lactancia que te dará instrucciones para conseguir el mejor agarre del pequeño o incluso te puede recomendar que utilices pezoneras para las próximas tomas.

 

 

Obstrucción mamaria


También puede tratarse de una obstrucción de algún conducto galactóforo. Las obstrucciones están causadas por alteraciones de bacterias con capacidad de hacer biofilms –es decir, que al proliferar se adhieren a las paredes de los conductos junto con moléculas de calcio y los acaban taponando-. Físicamente se parece a un bulto duro y doloroso en algún cuadrante de una mama. La zona más habitual donde suele ocurrir es en el cuadrante superior que toca a la axila.

 

Lo mejor para calmar el dolor en este caso es no aplicar calor local, ya que dispara el crecimiento bacteriano y puede por lo tanto empeorar el cuadro. En cambio, podrás masajear la zona durante unos tres minutos, con un cepillo de pelo de bebé o de dientes suave, con movimientos redondos, y en dirección al pezón.

 

¡Eso sí! Ten más cuidado cuando coloques a tu peque para mamar y haz que su barbilla quede justo encima, o por lo menos en dirección a la obstrucción. Esto se hace porque la zona de pecho que queda mejor drenada es la que queda situada bajo la barbilla del bebé. Si te queda una mano libre, masajea la zona en redondo y hacia el pezón mientras el niño mama.

 

 

La congestión mamaria


Suele ocurrir cuando la leche baja después de que el bebé empiece a amamantar. La congestión mamaria puede causar que tus senos se inflamen y duelan. Esto también puede suceder si el bebé se saltea una comida o si no le das el pecho cuando te lo pide. La mejor manera de combatir los síntomas de la ingurgitación mamaria es dar de comer al bebé a menudo para vaciar los senos y colocarte una toallita fría y húmeda para desinflamar.

 

Mastitis


Podría desarrollarse de una obstrucción en los conductos mamarios o una congestión. Como resultado de la mastitis, los senos se enrojecen, se inflaman y duelen. También es posible que presentes síntomas similares a los de la gripe, como escalofríos y fiebre. En estos casos lo mejor es que acudas al médico, porque es probable que necesites tomar algún medicamento para aliviar el dolor y bajar la inflamación.

 

Recomendaciones para aliviar el dolor


-Usa un sostén adecuado, que te dé un buen soporte incluso de noche. Escoge uno que sea firme, pero que no te apriete demasiado.

 

-Amamanta con frecuencia, cada dos o tres horas aunque eso implique que tengas que despertar a tu bebé. Es necesario vaciar los pechos ya que la inflamación prolongada puede incluso provocar una disminución permanente en la producción de leche. Al darle el pecho a tu bebé, dale primero un seno hasta que lo vacíe lo más que pueda –lo notarás porque se pondrá más suave.

 

-Si tus aréolas –los círculos oscuros que rodean el pezón– se han puesto duras, extrae un poco de leche hasta que se ablanden un poco para darle leche a tu bebé. De esta manera ayudarás a que tu bebé succione más fácilmente y se reduce la posibilidad de que te dañes los pezones. Puedes probar a hacerlo en la ducha porque el agua tibia ayuda a la liberación espontánea de leche.

 

- Prueba a masajearte mientras estás dando de mamar. De esta manera facilitarás el flujo de leche y aliviarás el endurecimiento y las molestias.

 

-Para disminuir el dolor y la inflamación, después de amamantar puedes probar a ponte bolsitas con hielo picado por unos minutos en los pechos.


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