Crisis de lactancia o de crecimiento

Crisis de lactancia o de crecimiento
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El tema de la lactancia es algo complicado. Si bien es cierto que la lactancia materna es el mejor alimento posible para los bebés en sus primeros meses de vida, algunas madres abandonan pronto el pecho por problemas o dificultades que se encuentran, como las crisis de lactancia, y ante las que nadie les sabe ayudar correctamente

Las crisis de lactancia o de crecimiento son ciclos naturales en el desarrollo del bebé pero que provocan una serie de episodios críticos en los que la producción de leche por parte de la madre no parece satisfacer las necesidades del niño, que llora y se estresa. Estas “crisis” no son más que ciertos períodos adaptativos en los que se produce un cambio en la relación alimenticia que existe entre el niño y la madre.

 

A las tres semanas se suele producir la primera crisis. Lo que ocurre es que el bebé, que está creciendo a marchas forzadas, necesita un aumento de la cantidad de leche para saciarse. Para conseguirlo, mama de una forma más o menos ansiosa durante un par de días estimulando las glándulas lactantes de la madre y acostumbrándolas a segregar mayor cantidad de leche. Cuando lo consigue, en principio, vuelve a mamar de una forma regular.

 

La segunda crisis, que se da en torno al mes y medio de vida, tiene que ver también con un aumento de las necesidades del lactante, pero no en términos cuantitativos. El bebé empieza a necesitar acostumbrarse a más sabores y la leche materna adquiere uno más salado para favorecerlo. Al principio esta nueva sensación genera rechazo en el niño, pero una vez adaptado todo volverá a la normalidad.

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La tercera crisis, a los 3 meses, es quizá la más delicada y la que provoca que muchas mamás abandonen el pecho. Lo que ocurre es que el bebé empieza a ser consciente de todos los estímulos externos y su cerebro despierta la influencia de los sentidos, que empiezan a desarrollarse. Las distracciones que encuentra en su entorno lo alejan de la rutina de mamar y las hormonas provocarán en la madre un descenso de la producción de leche: si el niño no va a estar mamando todo el día, la madre no va a estar produciendo todo el día. Así, los senos de la madre “aprenden” a segregar leche en poco tiempo (apenas dos minutos y medio) pero solo en función de las necesidades del bebé.

 

Las crisis del año y los dos años, son más bien rupturas de tipo psicológicas, pues el niño ya ingiere alimentos sólidos. No se discute el valor nutricional y alimenticio de la leche materna como complemento, pero el hecho es que el niño, si mantiene la lactancia materna hasta los dos años, comienza a desear mamar ávidamente en relación con un rechazo inconsciente al inicio de su proceso de autorreafirmación: la “libertad” de la que goza, la sensación de separarse de su madre, lo llenan de orgullo y refuerzan su personalidad, pero igualmente lo agobian y lo empujan a aferrarse. Esta crisis suele ser la que provoca que muchas madres dejen ya el pecho definitivamente.

 

Es importante conocer estas crisis para que la mamá no piense que la leche ya no es suficiente para el niño y la cambie por leche de fórmula u otros alimentos, simplemente hay que ser paciente y esperar a que la producción vuelva a regularse según las nuevas necesidades del bebé.


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Fecha de actualización: 17-03-2016

Redacción: Irene García

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