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Miedo infantil a quedarse solo

Miedo infantil a quedarse solo

Los miedos durante la infancia son comunes y bastante variados. Lo desconocido y la falta de seguridad propician este sentimiento que, a medida que se va creciendo, terminará desapareciendo. Aun así, la labor de los progenitores es importante para ayudar a sus hijos e hijas a superarlos y evitar que se apoderen de ellos.

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Momentos clave como la vuelta al cole dejan escenas de llantos y berrinches en las entradas de los colegios cuando los niños y las niñas no se quieren separar de sus madres ni de sus padres. Esto, además, se acentúa cuando han pasado largos periodos de convivencia familiar tras unas vacaciones o unas festividades.

 

Emocionalmente la soledad no es un sentimiento agradable casi a ninguna edad, aunque, a medida que se van cumpliendo años, se experimenta de manera diferente y desaparece el miedo a estar solo. Es más, al crecer se puede sentir bienestar a través de la soledad y ayuda a construir relaciones sin dependencias y sanas. Pero al ser pequeños y tener tan poca experiencia en el mundo, los miedos funcionan como protección y, en muchos casos, cuando más protegidos se sienten es cuando sus progenitores están cerca.

 

La mayoría de las veces, el miedo a quedarse solos no significa literalmente estar solos, más bien es no estar junto a su madre o a su padre. Cuando van al colegio y lloran están rodeados de otros muchos niños y de profesores, pero van a alejarse de las personas con las que se sienten más seguros y protegidos. Este sentimiento durante la infancia es normal y no debe convertirse en una preocupación ya que con el tiempo irá desapareciendo. Pero, a medida que se crece ya no debería existir porque podría causar un bloqueo emocional y algunos problemas sociales.

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Mi hijo no quiere dormir solo

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A partir de los 12 meses, tu hijo puede acostumbrarse a dormir solo en su propia habitación. Algunos padres temen el momento de la separación nocturna y lo alargan. Pero esto es una costumbre que hay que evitar ya que puede perjudicar el desarrollo intelectual del niño y sobre todo el descanso de los progenitores, ocasionando una dependencia excesiva del niño hacia sus padres. Cuanto antes se haga a dormir solo, mejor descansaréis todos.

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Los miedos que se suelen experimentar en las diferentes etapas del crecimiento son diversos y la mayoría son completamente normales. Con el tiempo los niños y las niñas los superarán sin ningún problema y de manera autónoma.

 

-Entre los 7 y 8 meses de vida los bebés tienen sus primeros miedos, uno de ellos es el miedo a las personas desconocidas o a situaciones nuevas. Esto se debe a que ya son capaces de mantener la imagen de sus progenitores en su mente y cuando se separan crean cierta ansiedad en los infantes. A partir de los 18 meses estos miedos tienden a desaparecer.

-Entre los 3 y los 5 años surgen los miedos más comunes en la infancia como el miedo a la oscuridad, a algunos animales y a posibles situaciones que ellos mismas se imaginan en sus cabezas.

-A partir de los 6 años y hasta los 11 aparecen miedos más profundos como la posible pérdida de sus padres, a ser el protagonista de una situación ridícula, a ser castigados o a caer enfermos. Durante estos años los propios niños comienzan a aprender a manejar estas dificultades.

-De los 12 a los 18 años la ansiedad se comienza a manifestar de forma parecida a como lo hace en los adultos, tanto física como mentalmente. Uno de los miedos más habituales durante esta etapa es el de ser o actuar diferente a los demás ya que la opinión del grupo cobra mucha importancia, al igual que las comparaciones.

 

Hay que tener muy presente que todos estos miedos son comunes en cada etapa y deben desaparecer de forma natural a medida que los niños y las niñas van creciendo. Sin embargo, si los pequeños tienen un miedo exagerado o desproporcionado que no mejora con el paso del tiempo puede ser el indicador de un problema mayor. En estos casos siempre es recomendable acudir a un especialista cuanto antes para que haga un diagnóstico y se busquen soluciones cuanto antes.

 

Las madres y los padres pueden y deben ayudar a sus hijos a superar todos sus miedos y servirles de apoyo en todo momento. Cada persona lleva su propio ritmo de maduración, pero el amparo incondicional de los progenitores es indispensable en todo momento. ¿Qué pueden hacer para ayudar a sus hijos a superar el miedo a estar solos?

 

-Es importante no ignorar ni restarle importancia al miedo que sufre el pequeño. Frases como “ya eres mayorcito” o “los niños grandes no lloran” no son positivas y en ningún caso ayudan a hacerlo sentirse mejor.

-Tratar de entender al niño o a la niña y reconocer su miedo. Esto facilitará a los progenitores saber cómo actuar y al pequeño le ayudará a desahogarse. La comunicación es indispensable siempre.

-Tampoco hay que forzarlos a enfrentar su miedo de manera brusca, como ya se ha dicho de forma gradual lo irán superando y exigirles luchar contra ello no es lo adecuado. Actos tan sencillos como dejar las puertas de la casa abiertas o una luz encendida mientras duerme facilitarán que ellos mismos lo superen.

-Los padres y las madres son responsables de la crianza y el desarrollo de sus hijos. Por ello, prepararlos para un mundo lleno de nuevas experiencias puede ser una buena forma de que no las teman. Leer libros o cuentos que traten sobre las diferentes situaciones que experimentará en algún momento puede ser una buena idea, por ejemplo, sobre el primer día de colegio.

 


Fuentes:

Pilar Gamazo, directora ejecutiva del Instituto de neurociencias aplicadas a la educación y Clínica de Ansiedad.

Fecha de actualización: 19-06-2019

Redacción: Andrea Rivero

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