¿Niños competitivos o niños cooperadores?

¿Niños competitivos o niños cooperadores?
comparte

Caducidad. Este es el primer concepto que tenemos que tener claro. Cuando vamos a hacer la compra para nuestro hijo (lácteos, pescado, fruta...) siempre contemplamos el estado del alimento, valorando si es sano o no para él, incluso, si no lo vamos a consumir en los próximos días, no lo adquirimos.

Utilizando exactamente el mismo silogismo, vamos a conocer las razones por las cuales estamos educando a nuestro hijo en un sistema que caducó hace años y que le limita potencialmente en los retos que, seguro, le deparará el futuro.

Comenzaremos con un una característica tan común como dañina en la educación que proporcionamos; la sobreprotección.

¿Qué es la sobreprotección?

Sencillo. Al nacer, el bebé es un ser completamente indefenso, un ente que sin los cuidados de sus seres más cercanos, no podría sobrevivir. Ante semejante tesitura, los padres le dedican su tiempo, espacio y economía, dirigiendo sus vidas al compás que dicta el bebé. No se vayan, ahora viene lo bueno... Los padres no queremos ver el momento en el que el bebé ya no es completamente dependiente de nosotros, sino que ha evolucionado en un niño que necesita descubrir los estímulos que van surgiendo a su alrededor por sí mismo.

La inseguridad paternal que genera este hecho, hace que los padres en muchas ocasiones no quieran dejar a sus niños "marchar", tomando una actitud sobreproteccionista (y en ocasiones egoísta).

Niños superdotados

Niños superdotados

El Consejo Europeo de la Alta Capacidad calcula que en nuestro país hay entre ciento cincuenta y doscientos mil alumnos superdotados. Uno de estos niños es Miguel, a sus nueve años tiene un 97% de capacidad lectora comprensora. La media universitaria se estima en un 75%.

Saber enseñar al niño a resolver las situaciones conflictivas (recordándoles que siempre estamos ahí) generará un autoconcepto robusto, del que aprenderán que tareas que hasta ahora les habían sido vetadas, pueden solucionarlas, conociendo el esfuerzo que este hecho supone.

Si los padres actúan antes de que el niño pueda hacerlo, provocarán que sus hijos sean dependientes de sus progenitores. Aspecto muy poco beneficioso para la salud mental de nuestra prole.

¿Competitividad o cooperación?

Una vez conocido por qué no es positivo ser sobreprotectores, vamos a recapacitar sobre dos conceptos complejos en educación: Competitividad y cooperación.

Hasta hace unos años, se nos enseñó que ser competitivo, ambicioso o simplemente ser mejor que el que tienes al lado, son conceptos clave para pronosticar el éxito en determinadas tareas.

Bueno, vamos a por ellos. La ambición, en su justa medida, nos permite mejorar, ayudando, entre otras cosas, a saber que tenemos más probabilidades de crecer que las que creíamos a priori. Pero ¿qué pasa con la competitividad? Sin duda, es un arma de doble filo. Aparentemente es una actitud que nos orienta hacia al ascenso, creando unos niños con resultados deportivos y académicos ligeramente por encima de la media. Pero si rascamos en los sentimientos que la competitividad provoca en ellos, veremos cómo, la mayoría, sólo sienten alegría cuando han logrado satisfactoriamente la meta, sin reparar en aprender a disfrutar del camino. Ocasionando estrés y ansiedad si no lo logran.

Los humanos somos seres sociales, necesitamos de la interacción con los demás. Por muy introvertido que sea un niño, siempre sentirá mayor grado de satisfacción si es capaz de crear relaciones de aceptación con su grupo de referencia.

Así que, si encaminamos su educación hacia una competición sana consigo mismo, le estaremos enseñando a rendir de manera adaptativa y a comprender que es mucho más importante levantarse cada día siendo feliz con las tareas que va a realizar que si se centran objetivos en los que la competición con los demás es su única meta.

Por último nos dirigiremos hacia las bondades de un modelo de enseñanza cooperativo en el que nuestro hijo se sienta a gusto consigo mismo y con los demás.

Tal y como nos hemos referido al inicio del artículo, desde que el bebé nace comienza una etapa cooperativa en la que necesita de las personas de su alrededor para vivir.

Más tarde, comparte y coopera con hermanos, primos, amigos, etc. Entonces ¿por qué intentamos que premie el éxito individual y no le enseñamos a conocer las armas de una buena interacción?

El niño actúa acorde a unas habilidades localizadas en su estructura de personalidad, captando desde infante las habilidades que poseen los demás. Es importantísimo reforzar la capacidad de escuchar las enseñanzas de los demás y no dilapidarlas, fomentando que pida consejo cuando no sea capaz de resolver la tarea por sí mismo.

El mayor valor predictivo de éxito en la sociedad es la capacidad de adaptación, siendo la cooperación uno de sus pilares más importantes. Competir contra los demás hace que desgastemos nuestras habilidades con el objetivo de ser superior al prójimo y no en descubrir en nosotros mismos las claves de nuestro crecimiento.

 

Redacción: Santiago Pérez Hernández. Psicólogo. Col: a-1970. santiagoperezhernandez.jimdo.com

0 Comentarios

Escribe tu comentario

iniciar sesión registrarte
×


×
Volver

Utilizamos cookies para mejorar la calidad del servicio, medir la audiencia y ofrecerle publicidad que pueda ser de su interés. Si continua navegando entendemos que acepta nuestra Política de Cookies.