¿Cómo ayudar a mi hijo a madurar?

¿Cómo ayudar a mi hijo a madurar?
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La niñez es un momento importante para el desarrollo social, en esta etapa los niños aprenden habilidades sociales básicas como la empatía, aprenden a socializar y a interactuar, a ser más autónomos y a ir moldeando rasgos de su personalidad e identidad.

Los padres deberán establecer normas claras y hacer un uso adecuado de recompensas y sanciones, fomentando el autocontrol y la madurez de los hijos, así como su sentido de responsabilidad. Además, será importante promover la autonomía e independencia, dándoles pequeñas responsabilidades con las que tendrán la oportunidad de sentirse valorados y al disfrutar sus logros aumentarán la confianza en sí mismos, contribuyendo a la formación de un autoconcepto positivo y a desarrollar una buena autoestima.

 

Si desde pequeños les designamos distintas actividades a realizar, les ayudaremos a madurar y a crecer en el valor de la responsabilidad. Estas deberán ser acordes a su edad, como guardar sus juguetes, colgar o guardar su ropa, dar de comer a su mascota, poner la mesa, recoger su plato, etc., y el reconocimiento por nuestra parte a sus esfuerzos será muy importante para ellos. Cuando son pequeños, una sonrisa o un abrazo como agradecimiento será suficiente.

 

Enseñar a los niños a madurar y a crecer en la responsabilidad va fomentando la autonomía de los pequeños de acuerdo a su edad, por ejemplo, si ya come solo y le seguimos dando de comer para que no se manche o porque tenemos prisa, estaremos transmitiéndole el mensaje “tú no puedes hacerlo solo y sigues dependiendo de mamá y papá”, cuando nuestra labor es darles confianza y seguridad en sí mismos y que sepan que los queremos y confiamos en ellos.

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Como padres, debemos estar atentos al desarrollo de nuestros hijos, aprovechando todas las oportunidades que tengamos para fomentar la empatía en ellos, ya que esto requiere ponerse en los zapatos de la otra persona, algo difícil de hacer para un niño.  Cuando algo suceda, pregúntale cómo se sentiría si eso le sucediera a él, “pídele que se ponga en los zapatos de la otra persona”.

 

Los buenos modales son muy importantes para la madurez social de acuerdo a su edad por lo que enseñarles a decir “por favor”, “gracias” y a no usar un lenguaje obsceno será muy favorable para su interacción social.

 

Con frecuencia nos preguntamos ¿por qué mi hijo tarda tanto en madurar? Y la respuesta es sencilla, “la sobreprotección” que, sin duda, genera inseguridad tanto en nosotros como en nuestros hijos, y el miedo al fracaso o a la imposibilidad de afrontar los problemas de la vida diaria pueden hacer que a la larga estos niños se conviertan en personas jóvenes sin dirección, sin objetivos y sin motivación alguna.

 

Cuando los niños se convierten en adolescentes creen que lo saben todo y no se dejan aconsejar. Es importante hacer que abran su mente y pidan apoyo a los demás para que comiencen a explorar nuevos caminos y evitar que sean adolescentes inseguros y asuman riesgos en la vida diaria para poder enfrentarse a los problemas.  

 

Los amigos a menudo pueden influir en las expectativas de los jóvenes y suelen ser su círculo más cercano, comparten sus inquietudes y proyectos futuros, y por ello será importante que los padres estén pendientes, ya que de ser necesario tendrán que buscar alejarlo de aquellas amistades que puedan ser una influencia negativa o puedan lastimarlos.

 

Para un adolescente, sentirse necesario en su entorno familiar le permitirá tener confianza con la familia y compartir sus expectativas en cuanto a su futuro (sueños, metas a corto y medio plazo).  Uno de los mejores consejos para la maduración de los jóvenes es que todos los días vayan asumiendo más riesgos intentando superar el miedo al fracaso, asumiendo responsabilidades que le ayudarán a confiar en sí mismos.

 

Resumiendo:

-No se debe educar a los hijos para que dependan siempre de los padres.

-Hay que enseñarles a conseguir las cosas por ellos mismos. Si fracasan, aprenderán y si tienen éxito será por mérito propio y se sentirán orgullosos de sí mismos.

-Los hijos no son extensión de los padres.

-Nunca se debe compadecer a los hijos “pobrecito”, ni justificarlos “está chiquito”, porque esto no les permitirá madurar.

-Se debe valorar y motivar su esfuerzo, en lugar de elogiar solamente los resultados.


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Fecha de actualización: 06-08-2018

Redacción: Irene García

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