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¿Cómo afecta el bullying en la escuela?

¿Cómo afecta el bullying en la escuela?

El acoso escolar (o bullying en inglés) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre estudiantes de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado no solo en el aula sino también a través de las redes sociales, lo que conocemos con el nombre de ciberacoso.

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El acoso escolar es más bien una forma característica y extrema de violencia escolar, cuyos protagonistas son normalmente niños y niñas que están en proceso de entrada a la adolescencia y con un mayor porcentaje de niñas en el perfil de víctimas. Además, este tipo de violencia tiene como objetivo principal conseguir la intimidación de la víctima implicando un abuso de poder puesto que siempre habrá un agresor más fuerte y una víctima mucho más débil.


Éste se produce casi siempre en lugares donde no hay adultos supervisando y, aunque puede ocurrir dentro y fuera del aula, lo más probable es que se de en los lugares más apartados como los vestíbulos, los baños, los autobuses escolares e incluso durante las actividades extraescolares. Normalmente se trata de un grupo de estudiantes que se aprovechan, aíslan a un alumno en particular y se ganan, además, la lealtad de otros (algo más débiles también) que quieren evitar convertirse en las nuevas víctimas.


Hoy en día la imagen del acoso escolar está más presente que nunca, es decir, la violencia en los últimos años se está convirtiendo, sin duda, en la nueva imagen de los telediarios de cada día, una constante en la que los jóvenes se mueven con la idea equivocada creyendo que la violencia es la única herramienta para resolver los problemas. Un tipo de violencia que, por supuesto, se puede prevenir y para ello es fundamental que todos y cada uno de los agentes se impliquen con un único objetivo: poner fin al acoso escolar.

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La prevención de todas estas conductas agresivas pasa primeramente por una correcta y adecuada educación de los niños en casa, pero no debemos olvidar que también es fundamental el papel del centro educativo ya que es, en definitiva, donde más tiempo pasan los niños y donde se van a producir los casos de acoso. Aunque nos cueste creerlo no solamente hay víctimas de bullying en los institutos sino también (y cada vez más) en los colegios de primaria. De hecho, son muchos los menores de 12 y 13 años que sufren bullying en las aulas, pero también fuera de ellas, según los últimos datos recogidos por el Ministerio de Educación.


Por ello cada vez es más habitual que en los institutos y en los centros educativos se hagan charlas sobre este tema impartidas normalmente por especialistas, como psicólogos o algunos miembros de la policía, aunque también es común que sean los propios adultos que en el pasado fueron víctimas de bullying quienes impartan estas charlas cuyos objetivos son que los niños tomen consciencia del daño que causan con sus conductas, animar también a los que sufren a denunciar y, sobre todo, a concienciar a todos y cada uno de los alumnos de lo importante que es denunciar todas las situaciones de acoso de las que se tenga conocimiento.


Por tanto, la responsabilidad de la escuela en sí es una tarea fundamental. El propio centro es el que debe encargarse de investigar un caso de acoso escolar, aunque lo cierto es que lo que sucede en la mayoría de los casos según denuncian la gran mayoría de adolescentes y adultos víctimas de bullying es que es en los propios centros educativos donde se tiende a ocultarlo y esto supone un verdadero problema porque con frecuencia son muchos los menores que se ven incapacitados a la hora de expresar y denunciar lo que les está pasando y, por ello, es en esos casos cuando resulta fundamental que los miembros de la comunidad educativa sean quienes extremen la vigilancia para, en el caso de que suceda, lo comuniquen a la dirección del centro.


El propio director, incluso en casos excepcionales, será quien cumplimente todo lo necesario con el fin de seguir el caso. Este será quien convoque a todos los agentes implicados (agredido, agresor, tutores, jefe de estudios, etc.) para recopilar toda la información que se necesitará posteriormente. Cuando se llega a ese punto se deben tomar las medidas encaminadas a garantizar la seguridad del agredido y advertir al agresor de la gravedad de su conducta asocial. Todo ello se pondrá por escrito y, una vez comprobada la existencia del acoso, se les deberá comunicar a las familias de ambos miembros implicados y a la inspección educativa lo sucedido.


Además, las medidas provisionales que se vayan tomando se podrán modificar según las necesidades, y en el caso de que la gravedad de los hechos lo aconseje, se pondrán los mismos en conocimiento de la Fiscalía de Menores en el caso de que los alumnos sean mayores de 14 años; y a los servicios sociales del ayuntamiento o junta municipal correspondiente si estos son menores de esa edad. Finalmente será la comisión de convivencia la que evaluará las actuaciones realizadas siguiendo los resultados y elaborando un informe al final de cada trimestre.


En la mayoría de las ocasiones son las propias víctimas del bullying las que tienen miedo de romper el silencio y contar a los padres o profesores lo que les está sucediendo. Por ello, la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar tiene un protocolo en el que da información orientativa para víctimas, padres, profesores y educadores. Porque no solamente son las víctimas que sufren bullying los que pueden denunciar, los profesores también deben hacerlo, deben denunciar si son conscientes de ello y si no lo hacen son los padres quienes deben intervenir informando siempre al centro escolar.


Y, por supuesto, acudir a la policía si en el centro no se toman las medidas adecuadas. Con ello no solamente favoreceremos al niño víctima de bullying y evitaremos que caiga en depresión, sino que también ayudaremos a los padres de los agresores y a estos reeducándoles y evitando que en un futuro sean adultos violentos.


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Fecha de actualización: 07-06-2018

Redacción: Irene García

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