Bullying: ¡Que tu hijo no sufra acoso escolar!

Bullying: ¡Que tu hijo no sufra acoso escolar!
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El acoso escolar o bullying --derivado de la palabra inglesa bully, que significa matón o agresor-- no es algo nuevo, aunque la sensibilización social hacia este fenómeno ha crecido durante los últimos años. Si observas en tu hijo pérdida de autoestima, que pretende ausentarse del colegio o sufre síntomas psicosomáticos como ansiedad o insomnio, puede estar sufriendo este problema.

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Se entiende por acoso la intimidación reiterada por parte de uno o varios sujetos sobre una o varias víctimas. Los centros escolares son tradicionalmente lugares propicios para este tipo de conductas, aunque la sensibilización social hacia este fenómeno ha crecido durante los últimos años, debido sobre todo a la difusión por los medios de comunicación de algunos sucesos y a la alarma social creada por la extrema violencia de algunos actos.

Basta una mirada o un escrito para que el acosador intimide al acosado que, con el paso del tiempo, ve anulada su personalidad y tiene poca o nula capacidad de reacción ante las vejaciones que sufre. Además, en muy raras ocasiones, se atreverá a denunciar lo ocurrido porque siente vergüenza y, sobre todo, teme las represalias que los agresores pueden ejercer sobre él, si en algún momento los docentes constatan los hechos. A menudo, los sucesos pasan inadvertidos al profesorado pues tienen lugar preferentemente en patios, baños o a la salida de la escuela, si bien puede continuar en presencia del profesor en el aula.

El maltrato tiene además un componente colectivo al ser algo conocido, en la mayoría de los casos, por otros compañeros, que generalmente guardan silencio por temor a la respuesta de los acosadores. De ahí que los padres suelan desconocer la situación y, cuando se dan cuenta, el daño psicológico puede ser avanzado.

Los expertos opinan que para luchar contra este fenómeno, los profesores deben mantener una estricta observación de las relaciones que se dan entre los alumnos. Por ello, el maestro debe contar con el apoyo de la Administración y disponer de una normativa suficiente que permita cortar de raíz este tipo de conductas.

Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y experto en el asunto, advierte en contra de la trivialización y banalización de la violencia psicológica, contra la negación del problema por parte de algunas instituciones, centros, padres o profesores; y contra tópicos como el "son cosas de niños", "es un caso aislado", "hay que aprender a manejarse en la vida". Así, denuncia el error elemental que se comete al considerar que la víctima es la principal responsable de lo que ocurre.

Efectos y perfiles
 
El término bullying fue definido por primera vez por el profesor sueco Dan Olweus, que dirigió en 1970 un estudio pionero enfocado a las causas y características de este fenómeno, a partir de entonces mejor conocido en la conciencia pública.

Olweus insiste, sin embargo, en que para poder referirse a este término, debe darse siempre un desequilibrio de fuerzas, un abuso de poder del acosador o acosadores sobre el acosado.

Ningún escolar está libre de ello. El acoso afecta por igual a niños y a niñas, si bien en las niñas se percibe más una violencia psicológica y en los niños predomina la física, según las conclusiones del III Foro Europeo de Educación, celebrado en Barcelona en junio de 2005.

Respecto a las causas que propician este tipo de conductas, los expertos coinciden en afirmar que raramente existe una motivación objetiva y que es más bien la personalidad del acosador la que propicia este tipo de conductas. Los agresores suelen ser personas muy centradas en sí mismas, con escasa o nula empatía hacia los demás y con una desproporcionada necesidad de aprobación y triunfo.

Olweus niega, sin embargo, que la baja autoestima "sea un rasgo característico de los acosadores, como suelen apuntar los psicoterapeutas estadounidenses" y señala que los programas que trabajan sobre este aspecto pueden "acabar creando agresores todavía mas eficaces".

Por el contrario, los acosados, pese a no responder a ningún perfil tipo, suelen ser personas carentes de habilidad social y dotadas de un rasgo característico que les haga aparecer "diferentes" ante los acosadores.

El maltratador intimida al acosado y esta vivencia le causa miedo, tristeza, inseguridad y le mina la autoestima, hasta el punto de llegar a creer que se merece todo lo que le pasa. En muy raras ocasiones, además, se atreverá a denunciar lo ocurrido porque siente vergüenza. Y sobre todo teme las represalias que los agresores pueden ejercer sobre él, si en algún momento los profesores constatan lo que ocurre.

Según Iñaki Piñuel, los comportamientos de acoso más frecuentes que denuncian los niños son la utilización de apodos, que no les dirigen la palabra, que se ríen de ellos cuando se equivocan, los acusan de decir cosas que no han hecho o dicho, se burlan de la apariencia física, los imitan en tono de burla, les pegan puñetazos o patadas, y que los molestan hasta hacerlos llorar.
 


Fuente:

Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid)

Redacción: Irene García

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