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Cómo prevenir el acoso escolar

Cómo prevenir el acoso escolar

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) denuncia en sus últimos estudios una situación muy grave: la de un 10% de niños que sufre acoso escolar y entre un 15 y un 35% que soporta intimidaciones leves frecuentes. ¿Cómo prevenir la violencia en las aulas?

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Indice

 

¿Qué es el acoso escolar?

Cuando hablamos de situaciones de violencia en el ámbito escolar podemos referirnos a intimidación, bullying, acoso, abuso, maltrato… Una serie de conductas intencionadas e hirientes de unos compañeros de colegio a otros que tienen que ver con el hostigamiento y la violencia (ya sea física o psicológica). Por lo tanto, se considera acoso escolar siempre que existe una víctima atacada por una persona o grupo acosador, un desequilibrio de poder entre víctima y agresores y una repetición en el tiempo.

Según el Dr. Jesús García Pérez, pediatra y miembro de SEPEAP, “entre el 2 y el 10% de los niños españoles se encuentran en la versión más grave de este tipo de casos, porcentaje que aumenta del 15 al 35% si hablamos de intimidaciones leves. Aún así, las investigaciones más recientes y la réplica de algunos estudios permiten afirmar que el panorama del acoso escolar en España ha mejorado, aunque todavía estamos lejos de erradicar el problema”.

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Cómo prevenir el acoso escolar

Cómo prevenir el acoso escolar

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) denuncia en sus últimos estudios una situación muy grave: la de un 10% de niños que sufre acoso escolar y entre un 15 y un 35% que soporta intimidaciones leves frecuentes. ¿Cómo prevenir la violencia en las aulas?

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Perfil del acosador y el acosado

“Las víctimas, aunque sus perfiles son muy variados, se puede decir que son, en general, personas pacíficas, con baja capacidad de respuesta, tímidas y vulnerables. También pueden ser estudiantes académicamente brillantes y hábiles en sus relaciones con las personas adultas y que provocan celos y envidias”, indica el Dr. García Pérez. “En un polo opuesto, -añade el especialista- están las víctimas provocativas que muestran comportamientos irritantes, impulsividad y propensión a atacar cuando se sienten atacadas”.

Respecto a los agresores, en palabras del Dr. García Pérez, “son personas que, normalmente, no se sienten bien consigo mismas y por eso quieren controlar y dominar a las demás. Buscan un poder social y un reconocimiento que no pueden obtener de otra manera. Son frías emocionalmente, prepotentes, de temperamento impulsivo y, en ocasiones, violento; no tienen sentimientos de culpa y, posiblemente, fueron víctimas de violencia doméstica”. “Pero, por otro lado, también pueden ser estudiantes populares y agradables ante las profesoras y profesores a los que adulan e, incluso, engañan (líderes en negativo)”, añade el experto.

Es decir, cualquier persona puede acabar siendo víctima o agresor, o incluso cómplice si no son capaces de denunciar estas actitudes. Si el resto de compañeros permanece callado por miedo a represalias, alimentan el fenómeno porque “quienes agreden se sienten cada vez más fuertes e impunes, mientras las víctimas están cada vez más solas y aisladas. Por el contrario, si se ponen de parte de la víctima y muestran una actitud activa de rechazo pueden anular el acoso. Por eso, en cualquier estrategia preventiva es fundamental trabajar con estas personas”, explica el Dr. García Pérez.

No obstante, a pesar de que cualquier niño es susceptible de sufrir este tipo de violencia en las aulas, sí se pueden destacar una serie de variables que se cumplen la mayoría de las veces:

- Género. Hay una mayor incidencia de agresiones en los chicos. Éstos practican más la agresión física, mientras que las chicas manifiestan una agresividad de tipo psicológico. Las víctimas se reparten por igual entre chicos y chicas.

- Tipos de conducta. El acoso puede materializarse por medio de agresiones físicas (pegar, amenazar, romper cosas…), verbales (insultar, poner motes…), psicológicas (intimidar, provocar sensación de miedo…), sociales (impedir participar, ignorar…). El verbal es el más frecuente, seguido del físico y el social. El acoso sexual y la amenaza con armas tienen escasa incidencia.

- Lugar donde se produce. En Primaria, el lugar más frecuente es el patio; en Secundaria, en las aulas y pasillos.

- Edad. Se produce con mayor frecuencia entre los 10 y los 14 años y, aunque se constata que comienzan cada vez en edades más tempranas, estos problemas disminuyen con la edad.

 

Consecuencias del acoso

Sufrir durante mucho tiempo acoso escolar tiene graves consecuencias en la salud mental de un niño. Puede provocarle trastornos de ansiedad, fobias, depresión e incluso intentos de suicidio.

Según la SEPEAP, los trastornos de ansiedad en la infancia y adolescencia (motivados por distintas causas) son bastante prevalentes ya que afectan a entre el 10 y el 20% de los niños. Los síntomas principales de estos trastornos son cefaleas, dolores abdominales y torácicos, náuseas, vómitos, dolores inespecíficos, palpitaciones, sudoración, falta de aire, sensación de frío o calor y temblor, entre otros síntomas físicos; alteraciones cognitivas como intranquilidad, miedo, angustia, desasosiego, preocupación inespecífica, dificultades de atención y de concentración, de memoria y la lentitud del pensamiento; y alteraciones emocionales como llanto, enfado e irritabilidad.

La mayoría de víctimas de acoso escolar no denuncia los hechos a sus padres o a los profesores por miedo a sufrir aún más; por eso es necesario que ambos grupos estén atentos a todos esos síntomas para detectar a tiempo un caso de acoso escolar.

En cuanto a la depresión, es una enfermedad que puede condicionar toda la vida del niño, por lo que es importante reconocerla y diagnosticarla en sus inicios. Los síntomas y manifestaciones de la depresión varían en función de la edad, el desarrollo cognoscitivo y emocional del sujeto y la capacidad verbal para expresar emociones y sentimientos.

Éstos pueden ser, en edad preescolar: irritabilidad, apatía, falta de interés, falta de colaboración con los padres, mímica y gestos tristes, crisis de llanto, anorexia y trastornos del sueño. Por otro lado, en la edad escolar: expresión triste, llanto, hiperactividad o lentitud motriz, sentimientos de desesperanza, deficiente imagen personal, descenso del rendimiento escolar, dificultades de concentración, cefaleas, gastralgias, apatía, sentimientos de culpa, ansiedad e ideación suicida.

El diagnóstico precoz de las enfermedades de este tipo en los niños es un elemento esencial de la evolución y el pronóstico, más aún cuando se trata de enfermedades psiquiátricas que interfieren en el desarrollo emocional de los pequeños, en su rendimiento académico y en la adaptación social.

 

¿Cómo prevenir las situaciones de acoso?

Una vez la víctima comienza a ser acosada, es necesario enterarse de la situación y frenarla cuanto antes, alejando al niño de sus agresores y tratando los posibles efectos que haya causado al acosado. No obstante, por muy rápido que se actúe, el niño ya se habrá visto afectado y habrá sufrido, por lo que es necesario prevenir y erradicar estas situaciones de acoso.

Para prevenir las conductas violentas de todo tipo desde pequeños, es imprescindible fomentar el respeto y la tolerancia, enseñándoles a canalizar sus sentimientos negativos (enfado, rabia, celos) para que no desemboquen en comportamientos agresivos. Además, es importante potenciar en nuestros hijos conceptos como la autoestima, la escucha activa y la comunicación para que adquieran las habilidades sociales necesarias para resolver cualquier tipo de conflicto recurriendo al diálogo y la consensuación, en lugar de a la violencia.

Según los miembros de la SEPEAP, algunas de las medidas que favorecen la prevención de este tipo de problemas son: convertir los centros educativos en lugares de convivencia, desarrollar programas de ayuda entre iguales, explorar la vía de las comunidades de aprendizaje como forma de educación compartida por toda la comunidad, practicar la colaboración y cooperación docente, participar en actividades de formación permanente y abrir cauces a la participación de las familias y de otras instituciones y asociaciones.

Es necesario también que la familia se implique activamente en el proceso de educación de sus hijos, participando en actividades escolares y extraescolares; interesándose por los usos que hacen sus niños de Internet y el móvil; enseñándoles a aceptar límites y a superar la frustración, etc.

Asimismo, es muy importante los modelos de conducta que ofrecen los padres a sus hijos (la forma en la que hablan y discuten, si usan palabrotas o no, cómo resuelven sus conflictos, etc.).

Todos juntos, padres y educadores, podemos lograr acabar con esta grave situación que padecen muchos niños en la escuela.


Fuente: Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

Fecha de actualización: 04-06-2020

Redacción: Irene García

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