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¿Los niños pequeños también se deprimen?

¿Los niños pequeños también se deprimen?
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Durante mucho tiempo, la comunidad científica sostuvo que la depresión infantil (DI) no existía; entre otras razones, por la poca importancia que se daba a los niños. Sin embargo, a partir de los años 40, distintos psicólogos comenzaron a hacer estudios relacionados con esta enfermedad. Y ya en 1975, fue aceptada por el National Institute of Mental Health, como concepto y entidad psicopatológica.

Hoy en día, aproximadamente el 5 por ciento de los niños de la población general padece de depresión en algún momento. De hecho, para el psicólogo especializado en miedos, problemas de conducta, desarrollo infantil y Escuela de Padres, Juan Pedro Valencia, “los niños se divierten, juegan, ríen, lloran, sufren y disfrutan igual que los adultos, la diferencia estriba en la forma de comunicar esos sentimientos. Ello implica que al igual que en un momento determinado pueden sentirse especialmente felices, si sus circunstancias personales, familiares o sociales cambian o se ven alteradas pueden llegar a experimentar depresión, exactamente igual que un adulto. Sus problemas existen y tan sólo con ponerse a ‘su altura’ veremos que en realidad no difieren tanto de los que experimenta el adulto”.
 

Sin embargo, diagnosticar esta enfermedad en niños tan pequeños no es fácil. Primero porque en edades de 2 a 5 años es complicado distinguir lo que es depresión de lo que es el nacimiento de la tristeza, la pena o la nostalgia, sentimientos que aparecen por primera vez en estos años. Y segundo porque la forma en que la depresión se manifiesta depende de la etapa de desarrollo, ya que puede aparecer en todas las edades. Un niño pequeño, por ejemplo, no podrá verbalizar qué le preocupa y se expresará mayormente a través de conductas de hiperactividad o retraimiento. En cambio, un niño más grande podrá, a través de sus expresiones, dar pistas más claras de lo que vive.




¿Mi hijo tiene depresión?
 

Seguro que en algún momento de la infancia de su hijo, alguna madre se ha preguntado esto mismo. Lo primero que hay que decir es que cada niño es único en su forma de ser. Tenemos  que conocer muy bien al niño y saber lo que es normal en su comportamiento y lo que no lo es. No hay que apresurarse a sacar conclusiones. Padres y profesores han de estar atentos cuando algún niño presente alguna de las siguientes características:

 

- Está continuamente triste, llorando con más facilidad.

 

- Pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela.

 

- Se aleja de sus amigos y de la familia.

 

- Presenta una comunicación pobre.

 

- Se aburre y se cansa con facilidad.

 

- Presenta menos energía o concentración.

 

- Se queda irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, montando rabietas o berrinches con más facilidad.

 

- Se le nota extremamente sensible hacia el rechazo y el fracaso.

 

- Expresa baja autoestima, despreciándose a sí mismo.

 

- Elige “finales tristes” para sus cuentos y representaciones.

 

- Se comporta de una manera agresiva.

 

- Se queja constantemente de dolores de cabeza o de estómago.

 

- Duerme demasiado o muy poco.

 

- Come demasiado o muy poco.

 

- Sufre una regresión, hablando como un bebé u orinándose en la cama.


Con niños de hasta 3 años, las señales para preocuparse empiezan cuando parecen tristes o decaídos aún cuando se les está consolando. Puede, incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse. La depresión en esos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.
 

Sin embargo, en ocasiones, en niños de entre 3 y 5 años, puede darse una reacción de defensa contra la pena que sienten y, a diferencia de los más pequeños, presentar un síndrome hipomaniaco, que se caracteriza por todo lo contrario que se esperaría de un niño muy triste: están eufóricos, hiperactivos, se sienten capaces de todo y con mucha energía.


Posibles factores desencadenantes

 

 “Las causas pueden ser variadas pero podemos, en general, resumirlas en la presencia de cambios notables en su vida que conllevan un aumento del estrés -puntualiza Juan Pedro Valencia- De hecho la probabilidad de padecerla aumenta cuando el niño vive con mucha tensión por, entre otros factores, una pérdida traumática, tanto de un ser querido como de alguna cosa o circunstancia que era muy importante para el niño o la niña, desórdenes de atención o del aprendizaje, situaciones de maltrato…”

 

Acontecimiento o evento estresante:
 

La aparición de un acontecimiento o evento estresante puede favorecer la existencia de pensamientos depresores, sobre todo en estas edades en las que el niño es mucho más vulnerable (la separación de los padres, una muerte, un traslado de casa…). Por lo general, la reiteración del fracaso (culpabilizar al niño de ciertos fracasos) y la ansiedad que suele acompañar a estos acontecimientos, puede hundir al niño en un estado de indefensión haciendo que se inhiba más.

 

La familia:
 

La familia es el entorno más inmediato del niño, por lo que constituye un ambiente especialmente importante, tanto por las influencias que tiene en el comportamiento infantil, como por el conjunto de relaciones que en ella se configura. Cualquier conflicto que se dé en la familia puede afectar directamente al niño, por ejemplo, disputas familiares o inestabilidad de la convivencia familiar.

 

El carácter permisivo de los padres:
 

Éste es un factor que quizás sea más determinante en niños algo más mayores, pero a estas edades influye el que los padres riñan constantemente al niño por jugar con algo o que no le dejen experimentar como es propio en estas edades, es decir, que no le dejen tocar, moverse, etc.

 

La escolarización:


Otra causa de la depresión infantil es el fracaso en el rendimiento escolar o el gran cambio que supone empezar la guardería o escuela infantil: conocer gente nueva, no tener ninguna figura adulta conocida cerca, separarse de sus padres… Además, hay que tener en cuenta el importante papel que la escuela o guardería juega en la detección precoz del problema, ya que el número de horas que el niño pasa con su profesora suele ser más que el que pasa con los padres; además de que la caída del rendimiento, síntoma a tener en cuenta, normalmente será detectado antes por el profesor que por los padres.


 

Cómo actuar en estos casos
 

Juan Pedro Valencia nos da una serie de consejos y pautas a seguir ante un caso de depresión infantil:
 

• Lo fundamental es estar informados de los síntomas de la depresión, para que en caso de presentarse, ser capaces de diferenciarlo o cuando menos darnos cuenta de que hay un problema.
 

• Cuando ya ha aparecido, es conveniente prestar mayor atención de la habitual al niño, bien sea en forma de juego, de charla o simplemente de compañía cercana y especial.

 

• Estimular la autoestima posibilitando que realicen actividades que permitan logros rápidos y personales, para que así pueda permitirse algún reconocimiento o satisfacción premiada y recompensada, por pequeña que ésta sea (como buscar grupos nuevos de amigos, que realicen alguna actividad deportiva, cultural, regalarle algún juguete especial para él, mayores expresiones afectivas sin llegar a la exageración, etc.).

 

• En el caso de que sea por pérdida de algún familiar o persona importante para ellos, evitar formas exageradas de consolarles que lo único que conseguirán es que su sentimiento depresivo sea cada vez mayor, así como aumentar nuestras formas de afecto pero sin mantenerlas demasiado tiempo, regresando a nuestro “ritmo” habitual poco a poco.

 

• Preguntarles sobre sus sentimientos e indagar en ellos. Así no solamente estaremos obteniendo mayor información, sino que le mostraremos que le queremos y atendemos, que nos interesamos por cómo se siente.

 

• Distraerles lo suficiente del diálogo interno negativo que de seguro tendrán realizando actividades no habituales e interesantes para ellos.

 

• Seguir manteniendo las rutinas habituales en la medida de lo posible, ya que en cierto modo produce una “desculpabilización” del niño sobre el problema acaecido.

 

• Comprobar las actividades diarias por si acaso hubiese una sobrecarga que pudiese estar cansándole en exceso y provocando estrés. A veces pasan jornadas de auténticos ejecutivos, con su horario habitual de colegio más las actividades extraordinarias que les incluimos.
 

• Buscar tratamiento médico en el caso de que tu hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Tendrás que confiar en tu instinto. Si ves que tu niño ha sobrepasado el límite de la normalidad, busca ayuda y apoyo médico. El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para los niños deprimidos. Comenta el caso con el pediatra.

 

A pesar de que la palabra depresión asuste, para Juan Pedro Valencia normalmente, analizando bien el problema, detectando precozmente al reconocer sus síntomas y tratándolo adecuadamente en todas sus facetas, es decir, niño, padres, y colegio, podemos esperar un buen pronóstico y una resolución satisfactoria.

 

Fuentes: Juan Pedro Valencia, psicólogo especializado en miedos, problemas de conducta, desarrollo infantil y Escuela de Padres. Eduardo Hernández, médico pediatra y psicoterapeuta de la conducta infantil. Francisco Xavier Méndez: “El niño que no sonríe” Estrategias para superar la tristeza y la depresión infantil. Ediciones Pirámide S.A.

Redacción: Irene García

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