Cómo afecta crecer sin la figura paterna

Cómo afecta crecer sin la figura paterna
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Hoy en día no asimilamos el concepto de familia de la misma manera que lo hacían nuestros abuelos. Este término se define como el conjunto de ascendientes, descendientes y demás personas relacionadas entre sí por parentesco de sangre o legal. Por tanto, la familia es el grupo de personas formado por una pareja que convive y tiene un proyecto de vida en común, que después lo conformarán también sus hijos, cuando los tengan. Sin embargo, este concepto puede contemplarse igualmente con tan solo un miembro de la pareja y sus hijos, ya sea porque se han divorciado o porque, desgraciadamente, alguno de los dos haya fallecido.

En España, según los datos recogidos en diciembre de 2017, el número de divorcios se ha triplicado en los últimos quince años, y es que hasta hace unas décadas se debían dar razones a los cónyuges para ello, y sin embargo hoy, la cosa es completamente distinta, pues bastan solamente tres meses tras la celebración del matrimonio para que se pueda iniciar un proceso de divorcio.


Los divorcios pueden ser de mutuo acuerdo o contenciosos. El divorcio de mutuo acuerdo se realiza por expreso deseo de ambos cónyuges y el segundo con la oposición de uno de los dos. La única cosa que está clara es que, independientemente del tipo de divorcio, si dicha pareja ha tenido niños serán siempre ellos los más afectados por esta decisión, por tanto, los que más sufren.


Tras dicho proceso, tanto un miembro como otro de la pareja han de ser conscientes de que, si no se llega con el excónyuge a algún punto en común, será el juez quien evaluará la capacidad de madurez que tenga el menor para que sea una decisión propia y no influenciada por los padres, ya que en algunas ocasiones los niños no deciden libremente porque se sienten presionados por uno de los dos progenitores, lo que acaba convirtiéndose en una “especie de lucha” que siempre pierden los niños.

La nueva figura del padre

La nueva figura del padre

Hasta hace poco el padre representaba la figura de la autoridad en la familia; su presencia afectiva no era considerada indispensable ni necesaria en la educación de los niños. Hoy en día, sabemos que el padre ejerce una influencia muy positiva en la formación de la personalidad del hijo, desde su más tierna infancia.


Por eso, y si de verdad se quiere velar por la tranquilidad y la seguridad de los hijos, hay que dejar que sea el juez quien decida el mejor interés de los niños en cada caso concreto y de la manera más adecuada.


No obstante, es cierto que en la mayoría de las ocasiones los jueces siempre tienen en cuenta al progenitor que con anterioridad a la demanda de separación o divorcio venía soportando con mayor intensidad el cuidado de la familia, y que generalmente es la mujer. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), son las mujeres quienes más reducciones de jornada y excedencias solicitan y las que terminan (normalmente) abandonando su empleo. Por tanto, por estas razones, la gran mayoría de veces los niños se quedan con sus madres.


Cuando un proceso de divorcio llega a su fin y cada miembro de la pareja comienza a vivir una vida de manera completamente independiente, la persona que no vive con ellos cada día (normalmente el padre) se pierde muchas cosas importantes, sobre todo cuando los niños son muy pequeños. Pero ¿quién pierde más? La estabilidad familiar tal y como la conoce la familia al completo ha cambiado y eso siempre genera muchas consecuencias para los más pequeños.


Es fundamental, por tanto, que los padres, a pesar de todas las diferencias que puedan tener, luchen simplemente por una causa en común: seguir viendo crecer felices a sus hijos. Y es que, cuando esto no se consigue, las consecuencias pueden afectar al desarrollo y crecimiento de los niños porque si los padres no se esfuerzan y no dejan a un lado todas las diferencias y reproches es muy probable que tampoco puedan evitar traumas que los acompañarán de por vida.


No ven a su padre, ¿esto les puede afectar?


En ocasiones, por desgracia, muchos padres han decidido por una u otra razón distanciarse de sus hijos tras un divorcio por lo que pierden casi por completo el contacto con ellos y cuando estos niños crecen vinculan el afecto, la protección y la seguridad con sus madres, pues es la madre quien ha estado presente cada día. Entonces, ¿cómo les afecta realmente vivir sin el padre?


Pues bien, según algunos especialistas, vivir sin la figura paterna no afecta en nada de por sí ya que para que los niños crezcan y se desarrollen requieren de afecto familiar y de otras personas, a la vez que necesitan un equilibrio óptimo entre protección e independencia, vida familiar y social enriquecedora y sobre todo ejemplos a seguir para incorporar valores y educación. Y esto, según algunos psicólogos, lo pueden conseguir solamente con una figura (en este caso la materna) ya que como ellos mismos aclaran “un padre puede jugar un rol destacado en el cuidado y el acompañamiento de los niños o no, y su ausencia no resulta decisiva para que estos puedan tener lo que verdaderamente necesitan”.


Sin embargo, a esta postura también se le oponen muchas otras que consideran que la ausencia de la figura paterna sí les afecta y de manera negativa en el caso de no brindar el apoyo necesario a los niños cuando el padre no está. Algunos problemas que pueden presentarse, por tanto, son los siguientes:


- Ira

- Depresión y/o ansiedad

- Aislamiento y/o relaciones sociales pobres

- Déficit de atención

- Sentimiento de culpa

- Sensación de abandono

- Desinterés escolar y/o bajo rendimiento académico

- Desobediencia u otros problemas de conducta


“Aquellos niños que no cuentan con un pariente activamente involucrado en su crianza se desenvolverán peor que los que tuvieron la posibilidad de poseer una figura presente y sólida”. Y esto es en lo que se apoyan muchos otros especialistas de los que hablamos, quienes afirman que los niños que crecen sin una figura pilar (en este caso el padre) generalmente desarrollan algún tipo de trastorno por mínimo que sea.


Esto se explica porque a partir de estos sentimientos mencionados anteriormente como son la tristeza, la ira, la desconfianza y la inmensa inseguridad, se propician casos de trastorno escolar, adicción, y en líneas más generales, problemas para convivir en sociedad. “Son niños a los que les cuesta controlar sus impulsos, que no saben autorregularse”.


Pero como vemos, las opiniones distan mucho unas de otras, y como cada caso y cada familia es completamente distinto al otro, las respuestas variarán por completo. Además, no hay que olvidar la cantidad infinita de casos en los que los niños, a pesar de haber contado con el apoyo tanto de su madre como de su padre durante su crecimiento, se han desarrollado con dificultades y/o problemas de cualquier tipo.


Por tanto, lo más importante es cuidar siempre a los hijos de la manera más adecuada posible, apoyarles siempre y aportarles todo lo que ellos necesitan. No importa ser su padre o su madre, no importa la separación o el divorcio, pues lo realmente importante es el apoyo, el respeto, el cuidado y la dedicación que se les brinde siempre, cada día, a los hijos.  


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