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¿A partir de qué edad los niños juegan solos?

¿A partir de qué edad los niños juegan solos?

A partir de los 2 años los niños comienzan a adquirir más autonomía, y esto, entre otras cosas, conlleva a que comiencen a jugar solos. Al contrario de lo que podamos pensar, que jueguen solos de vez en cuando es muy importante para su desarrollo cognitivo y emocional.

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A partir de los 3 años se inicia también la socialización, donde el niño pasa de compartir el tiempo de juego con sus padres, a compartirlo con otros niños. 

Hay que tener en cuenta que existen diferencias entre un niño y otro y que, por tanto, algunos comenzarán a jugar solos antes o después, así como iniciarán su etapa de socialización más temprano o más tarde.

Los niños que juegan solos se permiten explorar el mundo que les rodea y, de este modo, aprender maneras diferentes de jugar y relacionarse con sus cosas y su entorno. Es también una de las formas en las que aprenden a tomar decisiones por ellos mismos, y nosotros como padres tenemos que fomentar estos comportamientos. 

Es normal que a los niños pequeños les guste jugar con sus padres, somos su mayor estímulo y los lazos afectivos que se establecen son fundamentales para su aprendizaje, pero según crecen debemos aumentar su autonomía en el juego y no dejar que nos reclamen a todas horas.

Debemos estimularles progresivamente para que jueguen junto a nosotros, pero sin nosotros. No se trata de dejarles solos en una habitación, sin ningún tipo de supervisión, ni alejarnos de ellos, esto solo hará que se sientan abandonados y solos. Se trata de estar juntos, realizando cada uno sus propias tareas y estar disponible cuando necesiten de nuestra ayuda.

Muchas veces los adultos confundimos “jugar solos” con “estar solos” y acabamos por transmitir a los niños una idea errónea sobre lo que es el juego individual, consiguiendo justo lo contrario a lo que pretendíamos: que nuestros hijos detesten la idea de jugar solos porque sienten que no les hacemos caso.

Para fomentar que juegue solo existen varias formas en las que podemos ayudarle:

Lo más importante es que empiece poco a poco. Primero podemos intentar jugar juntos y en algún momento dejar que juegue solo. Para esto podemos construir con ellos algún puzle y, en algún momento, decirle que continúe él solo porque tenemos que atender alguna llamada, o alguna actividad que dure pocos minutos. No es buena idea que pasen directamente mucho tiempo jugando solos.

Si insiste en que hagamos las cosas por él, podemos decirle que no sabemos cómo se hace y pedirle que nos enseñe él.

En lugar de intervenir en el mismo juego, intentar realizar un juego en paralelo. Por ejemplo, si está construyendo una torre, construir nosotros la nuestra sin intervenir en la suya.

Crear una zona de juego donde el niño pueda sentirse seguro y pueda explorar sin riesgo. Una alfombra pequeña y una caja llena de juguetes son lo único que necesitamos, de manera que podamos transportarla a la habitación donde estemos y que ellos jueguen ahí mientras nosotros continuamos con nuestras tareas.

Al principio necesitará que le orientemos para jugar. Tendremos que enseñarle cómo funcionan las cosas, o qué hacer con ellas, y luego permitir que explore a su manera. Puede que observe lo que hacemos o, si es el caso, lo que hagan otros niños. Seguirá necesitando que le guiemos, le demos ideas o le facilitemos el material necesario para sus juegos. En esta etapa no parará de imitar, pero comenzará a dirigir sus propios juegos y nosotros debemos limitarnos a apoyarle y animarle.

Muchas veces los niños ya no juegan con sus juguetes porque no llaman su atención, o ya han explorado todas sus posibilidades, lo que hace que se aburran y llamen constantemente nuestra atención. En este caso lo que necesitan son nuevos juegos en los que implicarse y disfrutar; puedes ofrecerles nuevas formas de jugar con sus antiguos juguetes, aunque esto pueda suponer que se manche, experimente o cause algún otro inconveniente.

Otra opción es involucrarlo en nuestras actividades como si fueran un juego. Aunque aquí también estemos participando con ellos, le aportamos autonomía e independencia a la vez que vigilamos lo que está haciendo. Estas actividades pueden ser meter la ropa sucia en la lavadora u ordenar los recipientes de plástico de la cocina.

Pero los niños deben disfrutar de todos los tipos de juego. No es bueno que nunca jueguen en solitario, pero tampoco que lo hagan siempre de forma individual. Dejar que siempre estén solos también les priva de nuestra atención y participación en su mundo emocional, es por esto que hay que buscar el equilibrio entre el juego individual y el que pueden disfrutar con otras personas, ya sean padres, abuelos, hermanos o amigos de su edad.

 


Fecha de actualización: 10-03-2021

Redacción: Cristina Rodríguez

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