Enseña a jugar a tu bebé solito

Enseña a jugar a tu bebé solito
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Reconozcámoslo, hay ocasiones en las que desearías que tu hijo desapareciera por unos instantes, justo durante el tiempo que necesitas para enviar un e-mail, recoger la casa, leer el periódico tranquila, hacer esa llamada pendiente o simplemente dormir 20 minutitos más.

Violeta Denou

Violeta Denou

Hace ya 30 años que un simpático niño pelirrojo, con jersey a rayas y pantalón de peto se subía a un tren para descubrir el mundo. Iniciaba así la maravillosa aventura de enseñar a leer a los más pequeños. Una aventura que dura ya tres décadas y que ha permitido que varias generaciones hayan crecido junto al archiconocido Teo.

 

Aunque a menudo te resulte difícil desprenderte  de tu hijo cada vez que le dejas en la guardería -y no solo porque se haya adherido literalmente a tu pierna-, hay momentos en los que, tanto para su desarrollo como para tu descanso, se hace necesario que vuele por su cuenta. Dentro de los límites que marcan su edad  acostumbrarle y enseñarle a jugar solo resulta muy beneficioso, para él y para ti. 

Según los expertos, la capacidad de estar solo se establece en los primeros meses de vida. Todos comienzan jugando solos. Este juego solitario pronto se irá transformando en un juego paralelo (jugar al lado de alguien) y después en un juego imitativo (juego en grupo).  

Los recién nacidos están tan unidos a sus madres que no tienen noción de separación ni de identidad propia. A medida que crece se desarrolla su autonomía y la simbiosis con su madre va difuminándose, lo que no significa que desaparezcan los episodios en forma de llanto o rabietas por la frustración de la separación. Alrededor de su primer año probablemente serás su compañera de juegos preferida y hará lo posible por llamar tu atención, incluso de forma negativa, aunque verás que a medida que pasa el tiempo estas llamadas de atención se irán atenuando.


¿Cómo le acostumbro a “estar solo”?

El primer paso será enseñarle lo divertido que puede ser jugar solo. El proceso de aprendizaje debería comenzar antes incluso de que empiece a gatear. Dicen los psicólogos que la capacidad de estar solo se aprende, por lo que si nunca te separas de él no sabrá actuar en solitario. ¿Cuál es la mejor forma para que un niño pequeño aprenda a jugar solo? Muy sencillo, dejándole solo.

Puedes empezar permitiéndole que juegue solo en su parquecito, en la cuna o en el suelo, con varios juguetes a su alrededor, mientras tú, cerca de él, haces todo aquello que tengas que hacer. Poco a poco podrás abandonar la habitación y espaciar el tiempo de vigilancia, dejándole breves instantes en la estancia contigua con la puerta abierta.

Cuando tu pequeño o tu pequeña pueda gatear o arrastrarse y ya tenga más libertad de movimiento, sentirá fascinación por el mundo que le rodea y podrá jugar durante aproximadamente 15 minutos seguidos sin requerir tu presencia, lo que no te exime de supervisar sus acciones.

Recuerda que no todos los niños son iguales; algunos jugarán solos de manera natural y otros por el contrario demandarán tu compañía u orientación en sus juegos.

Algunas ideas y trucos que pueden ayudarte:

-    Crea un espacio de juegos: Una excelente forma de incentivarle a jugar solo es creando un espacio adaptado a él donde pueda jugar, se sienta seguro, le permita explorar sin riesgo y haya cabida para sus juguetes, sus pinturas, bloques de construcción, cuentos, etc. No hace falta que montes un centro lúdico con piscina de bolas, payasos y toboganes, simplemente facilítale, dependiendo de su edad, objetos, juegos, material para hacer manualidades, … en un entorno seguro. Basta una manta, un kit de tuppers y varias cucharas de madera para distraerse en un rincón de la cocina mientras tú preparas la cena.

-    Mantenle entretenido: A los niños, especialmente si son muy pequeños, les cuesta concentrarse en una actividad durante mucho tiempo. Lo ideal es que les mantengas ocupados sin que se den cuenta. Empieza sugiriéndole un argumento. Él esperará que plantees  el escenario y le guíes para desarrollar el juego. Hasta los 30 meses no tiene capacidad para pensar por sí mismo ni organizar una actividad muy elaborada. Dale ideas. Proponle un proyecto que tenga principio y fin. Se trata de que lo concluya o al menos lo intente. El saber que tiene un objetivo le hará concentrarse. En lugar de decirle que se entretenga recortando revistas y ofrecerle el material, le mantendrás ocupado durante más tiempo si le pides algo concreto: “Recorta los animales de la revista y pégalos en una cartulina para hacer una granja o un zoo”. Así tendrá un proyecto concreto en el que “trabajar”.

-    Evita la tentación de encender la tele: Aunque no hay nada malo en que se siente frente al televisor de vez en cuando durante media hora, lo ideal es no recurrir a esta alternativa como hábito. Es preferible ayudarle a descubrir cómo pasar el tiempo de forma activa y participativa. Los niños que dependen de alguien o de algo como la televisión o los videojuegos verán reducidas, en un futuro, su capacidad y su creatividad para entretenerse sin compañía.

Un juego para cada edad

Evidentemente una vez que haya adquirido la capacidad de divertirse solo, cada niño tendrá unas necesidades distintas según su edad.

Así antes de los 15 meses tu pequeño necesitará que le orientes para jugar. Tendrás que enseñarle cómo funcionan las cosas, o qué hacer con ellas y luego permitir que explore a su manera. Puede que observe lo que haces o, si es el caso, lo que hagan otros niños, pero a esta edad todavía jugará solo de forma natural, sin intentar interactuar con el resto de personas que haya a su alrededor.

Hasta los 3 años tu hijo o hija seguirá necesitando que le guíes, le des ideas o le facilites el material necesario para sus juegos. En esta etapa no parará de imitar, pero comenzará a dirigir sus propios juegos y tú puedes limitarte a apoyarle y animarle. Se concentrará pocos minutos en una misma actividad y demandará tu atención a menudo. Conviene pues ofrecerle distintos juguetes. Los más apropiados a esta edad son los relacionados con la exploración sensorial, como los que descubren los colores, diferentes texturas, los que emiten ruidos y sonidos, etc. También aquellos que desarrollan la lógica (juegos de bloques, rompecabezas, etc.) Eso sí, no los saques todos a la vez. Espera a que se canse de uno para ofrecerle otro distinto.

De los 3 a los 6 años empezará a pensar por sí mismo y experimentará la diferencia entre la fantasía y la realidad a través de los juegos imaginativos. Su mundo imaginario comienza a tener forma. No te extrañes si juega con un compañero que no ves… ha podido adoptar un amigo imaginario. Es la etapa perfecta para que juegue con muñecos, playmobil, o figuritas de sus personajes preferidos. Podrá pasarse horas solo inventando diálogos, historias y aventuras realmente originales con ellos. Los niños crean estas conversaciones para interactuar y generar un feedback, ya que aunque sus muñecos no respondan, para él es como si lo hicieran, de esta forma se sienten acompañados.
También en este momento su destreza manual evolucionará por lo que los juegos de construcción o puzles más complicados pueden ser una buena opción para distraerlos por un tiempo.


Cuando me despierto juego solo…

Los niños tienen un reloj biológico mejor programado que un reloj suizo, así especialmente los menores de 5 años, suelen despertarse a la misma hora independientemente de la hora a la que se hayan dormido la noche anterior. Por lo que cuando llega el fin de semana y pretendes dormir un poco más de lo habitual no es extraño que tus intenciones se vean rápidamente truncadas ante el primer salto de tu pequeño sobre tu cama a las 8 de la mañana.
¿Cómo lograr que se entretenga él solo hasta que te despiertes? Aquí tienes un sencillo truco:

Prepara una caja para guardar juguetes (a ser posible que sean nuevos o que aún no haya estrenado) y guárdala debajo de la cama. Elige juguetes para los que no haga falta la presencia de un adulto, ya que la gracia es que los pueda usar estando solo. Piensa también un premio final.

Elige un día del fin de semana para empezar. La noche anterior, explícale que vais a iniciar un juego fascinante: “Mañana tendrás una gran sorpresa en tu habitación. Ya eres mayor y hemos pensado que puedes estar solo en tu habitación jugando cuando te despiertes, en lugar de venir a llamarnos. Cuando te levantes, tendrás debajo de tu cama una caja llena de juguetes y ¡podrás jugar con ella hasta que nos levantemos!”.

Después, debes explicarle que no debe hacer ruido ni despertaros: “Tú estarás en tu habitación y nosotros dormiremos un poco más. Así, cuando nos despertemos, desayunaremos juntos y tendrás una pequeña recompensa por haber cuidado de papá y mamá”.

Es fundamental que no sepa qué juguetes habrá en la caja. Los primeros días deberás levantarte y estar un poco pendiente de lo que hace para luego dormir tranquila. Si quieres que permanezca una hora jugando solo, deberás empezar por media hora. Cuando haya pasado este tiempo, entra en la habitación y felicita a tu hijo. Recoge los juguetes y dile que al día siguiente podrá seguir jugando. Gradualmente, ve aumentando el tiempo de juego; pero no abuses, porque si pasa demasiado tiempo solo se cansará y perderá la emoción.

Al terminar, no te olvides de recoger con él los juguetes ni de felicitarle delante de otras personas: “¡No sabes lo mayor que es ya: sabe jugar solo en su habitación y cuida de que nosotros durmamos!”.

Jugar solo sí, pero no siempre

A partir de los 5 o 6 años comienza la etapa de socialización y necesitará jugar e interactuar con otros niños. Si bien a esta edad podemos encontrarnos con que un niño prefiera jugar por su cuenta dentro de un grupo de niños. El hecho de que le guste más jugar solo no significa nada especial. Cada niño tiene un carácter, algunos tiene mucha fantasía, a otros les cuesta compartir, otros son más introvertidos, otros más observadores o poco competidores… En estos casos lejos de preocuparnos debemos respetar la personalidad de cada uno. Ahora sí, estate alerta si percibes que:

•    Es incapaz de mantener el contacto visual
•    Los demás niños le rechazan
•    Solo habla de su mundo imaginario
•    No es capaz de establecer relaciones sociales en cualquier situación con otros niños y      personas en general.
•    Tiene apego o incluso obsesión a objetos extraños que normalmente no llaman la atención de los niños.
•    No sonríe
•    No juega con los juguetes de forma  apropiada, no sabe compartir o esperar turnos.
•    Siempre prefiere estar solo

 


Fuente:

Fodor, Elizabeth; Morán, Montserrat (2009), Todo un mundo de sonrisas, Madrid, Ed. Pirámide.

Redacción: Lola García-Amado

2 Comentarios

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  1. Anónimo

    "Excelente artículo para las mamás comprender a sus pequeñitos y no hacerse problemas sino por el contrario, que la crianza sea una experiencia gozosa tanto para los padres como para los hijos. Bendiciones!".

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    • peterjv

      " muy interesante!

      ".

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