Cómo actuar ante niños desobedientes

Cómo actuar ante niños desobedientes
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Son muchos los padres y madres cansados de regañar y castigar a sus hijos. Se han dado cuenta de que nada funciona porque los más pequeños siguen portándose mal y ellos ya están desesperados. 

Cada niño es diferente y, por supuesto, cada técnica tiene que adaptarse a sus características, edad y al tipo de familia que tenga. No todos los niños desobedecen de la misma manera. De hecho, algunos son más contestones que otros, e incluso los mayorcitos incluyen algunas palabras feas en su vocabulario.


¿Qué es ser un niño desobediente?


Con frecuencia, los niños intentan saltarse unos ciertos límites que se les imponen, y es lógico tener que ir enfrentándose a muchas discusiones con ellos hasta que realmente aprenden a comportarse como todo padre y madre desea.


Los niños desobedientes ven la figura del adulto como su principal obstáculo, al cual hay que derribar “para lograr el mando”. Por eso, los niños que desobedecen se muestran incómodos ante la figura de una persona mayor. Tienen un temperamento fuerte, buscan el enfrentamiento, son desafiantes y quieren ser el centro de atención. Desesperan a los padres y son una de las principales fuentes de disgusto familiar.


¿Qué características tiene el niño desobediente?

Cómo actuar ante las emociones infantiles

Cómo actuar ante las emociones infantiles

Entre el primer y tercer año de edad los niños han adquirido sentido de su individualidad y de sus propios deseos. Como consecuencia suelen ser presa de cambios de humor repentinos que influyen en su comportamiento. Comprender qué les pasa nos permitirá saber cómo actuar en cada caso de la mejor forma posible. Descubre, a través de varios ejemplos concretos cómo puedes ayudarles sin coartar sus emociones


Los niños quieren saber hasta dónde pueden llegar y, sobre todo, cuál va a ser la reacción de sus padres. Es ahí, justo en ese momento, cuando hay que ser firmes y no ceder, pues es el punto de inflexión entre ambos. Si se deja, se tardará mucho más tiempo en retomar el respeto de las normas.


Estas son algunas de las características comunes entre niños desobedientes:


- Parece que no escucha cuando se le habla, y hay que repetirle las cosas.

- Suele olvidarse de todo y no presta atención en lo que hace o tiene que hacer.

- Desafía constantemente y no sigue ninguna norma.

 

¿Qué podemos hacer?


Los niños necesitan recibir recompensas y castigos por todos sus comportamientos. Esto se traduce en menos discursos y más consecuencias, porque de nada sirve razonar con ellos sobre el por qué les mandamos una tarea determinada o les negamos hacer algo que quieren.


Toda conducta se mantiene o desaparece según las consecuencias que se obtengan de ella. Es decir, si se ignora al pequeño cuando hace algo se favorece que no se vuelva a comportar de esa manera. Sin embargo, si se refuerza la atención en él o se le premia cuando hace algo bien, el niño lo hará con más frecuencia. Al igual que sucede en el caso contrario. Si uno cumple con los castigos impuestos porque su hijo ha tenido un mal comportamiento, el niño sabrá las consecuencias y no repetirá la acción o, al menos, no tan a menudo. 


Además, es muy importante tener en cuenta que los niños hacen más de lo que ven y oyen que de lo que se les obliga a hacer. Por este motivo, cuando se le impone al niño respetar ciertas normas, los padres deben dar ejemplo siempre, como modelo a seguir que son. Los niños se identifican con ellos y, por eso, es fundamental que se comporten de una manera adecuada para que así lo hagan sus hijos.


No obstante, es muy importante también hacer de bloque frente a los niños. Esto quiere decir que tanto el padre como la madre son quienes tienen la autoridad de crear los hábitos y, por eso, no se debe devaluar a ninguna de estas figuras frente al niño. Cuando una de ellas, la materna o la paterna, por una u otra razón, y ante el niño, devalúa a la otra, se producirá, en la mayoría de los casos, el mismo efecto en el pequeño. El también dejará de respetarle o respetarla.


Y, sobre todo, no es nada aconsejable perder los nervios ante el desafío del niño, aunque sea algo difícil. Si lo logran, solamente se conseguirá entrar en una lucha con ellos. Se debe intentar controlar al máximo el enfado. Una buena técnica a la que se puede recurrir es colocarse a la altura del niño con el fin de mantener un contacto visual directo con él. Será entonces, desde esa posición, cuando se le tenga que decir que su comportamiento no es el adecuado.


Por tanto, y aunque sabemos que estos son algunos de los miles de consejos que escucharemos a lo largo de la vida, y no todos funcionan tan rápido como gustaría, lo más importante es la comunicación, que debe tener dos cauces diferenciados: paciencia y oportunidad.


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