Abuelos tóxicos, cómo son y cómo sobrellevarlos

Abuelos tóxicos, cómo son y cómo sobrellevarlos
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Los abuelos son esas personas que, sin querer, acaban dando a sus nietos prácticamente todo lo que piden. Si se hace en exceso puede llegar a ser perjudicial para los niños ya que en algunos casos acaban siempre haciendo lo que les da la gana, consiguiendo lo que quieren y sin importar lo que los padres digan al respecto. 

Es cierto que son los padres y las madres de los niños quienes deben imponer una serie de normas y obligaciones en sus hogares para que haya una cordialidad y una relación intrafamiliar lo suficientemente buena y sana, y está claro que los abuelos les darán algún que otro caprichito o serán más benevolentes con ellos que los propios padres. Muchos de ellos no pasan todo el tiempo que les gustaría con sus nietos por unas u otras razones. Sin embargo, eso no significa que deban malcriarlos o, lo que es peor, quedar por encima de ellos cuando estos imponen sus normas y sus castigos.


Cuando los niños son pequeños es cuando ambos progenitores deben empezar a dejar claras las normas que todos los miembros de la familia deben respetar en el hogar, pero mucho más las que los más pequeños deben seguir. Estas normas, además, no deberían ser cambiadas por ningún abuelo o abuela, ya sea por parte de padre o de madre, pues son los padres con los que conviven, y los que, aunque con algunas excepciones, deben imponer deberes y obligaciones.


Las excepciones de las que hablamos, por supuesto, tienen que ver más bien cuando son ellos quienes se encargan de la crianza de sus nietos, es decir, aquellos que, por algún motivo, han logrado la potestad sobre estos debido a la incapacidad de los progenitores para cuidarlos y educarlos como es debido. También es posible que la potestad la tenga la comunidad autónoma correspondiente, pero vivan con sus abuelos porque son ellos quienes realmente se van a encargar de su crianza. Ellos serán también quienes decidan cómo criar y educar a sus nietos.

Tolerancia, cómo enseñarla a los niños

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Todas las personas somos diferentes y, a lo largo de su vida, los niños se encuentran con gran diversidad: de raza, religión, apariencia… Aunque todos somos en teoría iguales y se deberían respetar todas estas pequeñas diferencias, la realidad es que solemos unirnos a aquellas personas que piensan como nosotros y rechazamos lo que no conocemos o entendemos. En la sociedad global en la que vivimos, ser tolerante y abierto de mente es esencial para respetarnos unos a otros y poder convivir sin problemas


Sin embargo, el problema viene cuando esos abuelos son unas personas tóxicas para ellos, abuelos que quieren hacer constantemente de padres a pesar de que estos últimos sean quienes verdaderamente cuidan, educan y conviven con sus hijos. De hecho, son muchísimos los casos en los que los abuelos (a pesar de querer mucho a sus nietos) acaban convirtiéndose en una verdadera tortura que genera conflictos y confusiones a los niños. Y sí, hay muchos tipos de abuelos, desde los más cariñosos a los más insoportables, complicados y tóxicos, pero verdaderamente a los abuelos realmente tóxicos los podemos dividir en cuatro tipos:


- Los abuelos que se meten en todo. Así es, no dudan en decirte que todo lo hacéis mal, y que así no se cría a un buen hijo, “que ellos antiguamente…”, “que los niños de antes eran más buenos…”, etc. Y, aunque en alguna ocasión los abuelos pueden dar su opinión al respecto, la crianza de tus hijos la decides tú y nadie puede intentar cambiarlo, y mucho menos decirlo delante de los niños. Algunos temas solamente deberían hablarse en privado. Además, hay que intentar evitar, en la medida de lo posible, quebrantar las órdenes que un padre o una madre ha impuesto a su hijo en un determinado momento, y jamás perdonar un castigo que ha interpuesto uno de los dos progenitores.


- Los abuelos que se aprovechan de su condición de “abuelo que ve poco a los nietos”. Consentir a sus nietos simplemente por el hecho de que los ve con muy poca frecuencia no es excusa para hacer lo que le da la gana con ellos. Si pasan tiempo durante el fin de semana es necesario que ellos mismos impongan en su casa o en la calle una serie de normas si no están los padres, está claro, pero nunca apartando las que conocemos de sus padres, pues al fin y al cabo son ellos sus progenitores y con quienes conviven.


- Los abuelos competidores. Estos abuelos, aunque al principio no parezcan abuelos tóxicos, en realidad sí lo son. Constantemente se pasan el día recordando que ellos fueron los primeros en ver gatear a su pequeño nieto, aquellos con quien tuvo su primera carcajada, etc. Y a veces está bien recordar momentos emocionales que hicieron a algún familiar especial ilusión, sin embargo, repetirlo constantemente día tras día y, encima, decirlo delante de los otros abuelos no es lo más adecuado… Cada miembro tendrá sus propios recuerdos, pero no hace falta que los rememoren siempre.


- Los abuelos despegados. Estos abuelos no influyen de manera directa y de forma tóxica en los nietos pues no los ven nunca, pero de manera indirecta esto podría perjudicar a los niños ya que no tienen un abuelo al que visitar o una abuela que convive con ellos y que les aporta todo lo bueno que un padre o madre puede demostrar, aunque de distinta manera. Se preocupan lo menos posible por sus nietos y por lo que les pasa en su día a día mientras crecen, y eso también es tóxico.


- Los abuelos abusivos. Los padres y madres que en su día fueron autoritarios y violentos, por norma general, acaban convirtiéndose en abuelos y abuelas abusivos. Personas tóxicas, emocionalmente manipuladores y con las que, además, resulta bastante complicado establecer relaciones sanas.


Recordad, por tanto, que si os veis envueltos en alguna de estas situaciones debéis abrir bien los ojos y tomar la sartén por el mango. Es habitual que las familias tengan familiares tóxicos, personas que piensan en sí mismas y que manipulan constantemente, pero no se debe consentir todo, principalmente porque tener familiares tóxicos puede afectar a la calidad de vida de uno y, aunque resulta bastante duro romper el lazo con un familiar que ahoga, pues se hallan muchas emociones y sentimientos, a veces es necesario. Los abuelos, en muchas ocasiones, sean bien nuestros padres o nuestros suegros, pueden resultar ser personas tóxicas que acaban atentado contra el propio equilibrio emocional y eso no se debe permitir.


Existen tres normas básicas que todo padre o madre debería conocer y, por supuesto, seguir para sobrellevar de la mejor forma posible a una abuela o abuelo tóxico con el que no hemos podido, por una u otra razón, romper el vínculo. Eso sí, si la relación resulta imposible y hacen mal a tus hijos, no pasará nada, y no deberás sentirte mal por cortar la relación definitivamente.


1- Pon límites. Ten en cuenta lo que quieres y no quieres permitir. Es decir, levanta tu voz para informar sin sancionar a nadie y para defenderte sin atacar. Habla siempre con respeto y con el máximo cariño.


2- Aprende a ser asertivo y a no ser condescendiente. Es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, no queremos hacer daño a nuestros familiares y nos guardamos muchas palabras que en realidad no deberíamos. Por eso, resulta fundamental comunicarse siempre con educación, pero sobre todo ser asertivo, y con respeto y cariño, siempre ser sincero.


3- Ofrece siempre apoyo a la familia, pero cuida tu integridad. Está claro que la familia es lo primero, pero si hace daño también puede llegar a ser lo más destructivo. Es importante que uno mismo cuide su autoestima, pero sobre todo la de sus hijos. Hay que intentar convivir en armonía. Por eso, si el abuelo o la abuela de tus hijos les causa daño lo mejor que uno puede hacer es establecer distancia y alejar ese vínculo para recuperar la propia integridad tanto de uno mismo como de sus hijos.


Así que, recuerda que, si los abuelos de tu pequeño son tóxicos y le hacen mal, intenta alejarte poco a poco de ellos, pero si crees que podría tener solución y que muchas veces es, simplemente, por proteger a sus nietos como en su día lo hicieron contigo o con tu pareja, habla con ellos, expón todo lo que piensas con total naturalidad y actúa con sinceridad, pero también con el respeto por delante. 


Y ¡dales una oportunidad!


Redacción: Ana Ruiz

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