Cómo tratar a niños con TDAH

Cómo tratar a niños con TDAH
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El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno neurobiológico crónico. Este se inicia en la infancia y se caracteriza por las dificultades para mantener la atención, la hiperactividad o el exceso de movimiento e impulsividad.

Existen, no obstante, diferentes tipos de trastorno de hiperactividad que varían según la sintomatología predominante:


- Tipo con predominio del déficit de atención.

- Tipo con predominio de la impulsividad-hiperactividad.

- Tipo combinado en el que predominan tanto síntomas con desatención como de impulsividad/hiperactividad.


Reconocer los síntomas de un trastorno como el de déficit de atención e hiperactividad no siempre es fácil ya que en muchas ocasiones los niños sin TDAH actúan de la misma manera que los niños que sí lo tienen, aunque siempre manifestarán las conductas típicas con mucha mayor frecuencia que el resto. En la mayoría de los casos de TDAH en niños en edad escolar se pueden identificar dificultades académicas y en la relación con los demás niños. Estos son algunos de los problemas que se pueden observar generalmente en los niños con TDAH:


- poca y mala organización de los deberes (deberes incompletos)

- fácil distracción

Dieta para niños con TDAH

Dieta para niños con TDAH

El TDAH (o Trastorno por Deficiencia de Atención e Hiperactividad) es una alteración del sistema nervioso central que provoca que los niños que lo padezcan manifiesten dificultades para mantener la atención y conductas hiperactivas y/o impulsivas, pudiendo ocasionar serios problemas en su desarrollo, así como disminución del rendimiento académico, falta de adaptación social y desajustes emocionales.

- impulsividad al hablar

- interrupción e intromisión constante

- muestras de agresividad

- dificultad para aceptar las normas y las tareas

- incapacidad de esperar el turno de palabra

- dificultad para establecer prioridades

- pérdida u olvido de cosas necesarias

- movilidad frecuente de manos y pies

- incapacidad para quedarse quietos cuando deben permanecer sentados

- conductas inapropiadas (parecen no escuchar cuando se les habla, muestran dificultad para pensar antes de actuar, etc.)


Como bien decíamos, algunos de los niños sin TDAH pueden en ocasiones presentar también alguno de estos síntomas. Por eso es importante observar al niño y fijarse bien para saber si esto es algo que sucede durante un corto periodo de tiempo o, por el contrario, se alarga más de la cuenta y cada vez es más frecuente una vez entran a la escuela. ¿Por qué? Pues bien, lo que explican la gran mayoría de expertos es que, a pesar de que la tendencia a desarrollar el TDAH está presente desde el nacimiento, los comportamientos a menudo no se notan hasta que los niños entran ya en educación primaria. La educación primaria es la que asegura una correcta alfabetización, es decir, donde se enseña a leer, escribir, el cálculo básico y algunos conceptos culturales considerados esenciales a esas edades (entre seis y doce años).


En el caso de los niños que todavía están en edad preescolar, lo que sucede es que estos presentan muchos de los síntomas que señalábamos anteriormente relacionados con el TDAH. Es decir, que forman parte de su desarrollo normal a esa edad. Sin embargo, la diferencia radica en que a medida que van pasando los años, los niños sin TDAH abandonan este tipo de comportamientos, mientras que los niños con TDAH no y por eso la diferencia es cada vez más clara con los años.


Además, un entorno como el escolar (ya más independiente) va a resaltar mucho más los problemas de un niño con hiperactividad, falta de atención e impulsividad dado que todas las actividades que se realizan demandan una cantidad mayor de enfoque, paciencia y autocontrol. Cuando se está en casa normalmente no se realizan este tipo de actividades por lo que el niño no va a tener esos problemas y será más difícil que los padres se den cuenta. Pero una vez el niño llega a los siete u ocho años aproximadamente, los padres ya pueden ser conscientes, sin duda, de que la falta de atención o la impulsividad de su hijo no es la habitual a su edad. Por ejemplo, es posible que el niño sea incapaz de enfocarse en un libro de trabajo (ni tan siquiera por un periodo corto de tiempo) o que los padres, por ejemplo, estén tan agotados como cuando su hijo tenía dos o tres años.


En estos casos, los padres y demás familiares son las personas que sirven de ejemplo en relación con el comportamiento del niño. Si el adulto se comporta correctamente, controla su temperamento, escucha con tranquilidad, pide las cosas y habla con amabilidad y educación, estará enseñando un modelo muy positivo de relación con los demás a su hijo que lo adoptará, aunque con mayor dificultad que el resto de los niños. Por ello la paciencia aquí es algo fundamental.


Además, es importante mantener una buena comunicación con el niño, ganarse su confianza para que les cuente a sus padres cómo se siente y los problemas que tiene y que estos puedan ayudarle. Y por supuesto hay que tener en cuenta siempre todos los aspectos positivos. En numerosas ocasiones los padres y las madres se olvidan del buen comportamiento de sus hijos y de lo que estos hacen bien, y es algo que a un niño con TDAH le beneficiará mucho.


Existen, además, algunas acciones importantes que los padres y madres deben tener en cuenta para tratar de la manera más adecuada a sus hijos con un trastorno de déficit de atención e hiperactividad:


1. Planificar una rutina diaria en el ambiente familiar. Una buena manera de organización puede ser estableciendo una serie de metas a lo largo del día. Algunas acciones tan rutinarias como la de vestirse, comer, lavarse los dientes o hacer los deberes pueden formar parte de unos objetivos que, tras alcanzarlos el niño, deberá ser recompensado. Se puede hacer un horario con el niño para que él también pueda ir viendo las tareas que debe realizar durante el día.


2. Fortalecer su autoestima y autoconcepto. Está claro que lo que les decimos a los niños les influye directamente en la construcción de sí mismos y en su autoestima, pero también en la forma que estos tienen de comportarse. Por eso es fundamental hablarles con cariño y resaltar las cualidades positivas que tenga. Generalmente a los niños con TDAH les resulta bastante difícil identificar cuáles son sus cualidades positivas.


3. Permitir posibles relaciones con sus compañeros. En numerosas ocasiones los padres tienden a sobreproteger a los hijos para evitar que estos puedan ser rechazados por otros. Esto es un grave error ya que estos niños deben de tener la oportunidad de relacionarse con otros. De esta manera podrán aprender habilidades sociales, controlar su impulsividad y regular sus emociones.


4. Resolver conflictos con él. Es importante ayudarle a resolver algunos conflictos a los que va a tener que enfrentarse. Se le debe enseñar primeramente a buscar los antecedentes del conflicto y las consecuencias de este. Una vez tenga esto claro los padres pueden optar por hacerle preguntas para que él poco a poco vaya respondiendo a cada una de ellas y pueda ir ampliando también la perspectiva de la situación y no centrarse exclusivamente en el conflicto.


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