Cómo cuidar a un niño hiperactivo

Cómo cuidar a un niño hiperactivo
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En la recuperación y el cuidado de niños y niñas hiperactivos los progenitores tienen un papel imprescindible. Los padres y las madres son la base fundamental sobre la que los pequeños construyen sus valores, su identidad, su modelo de autoridad y disciplina y, también, son su fuente de seguridad y confianza. Por ello, en muchos casos la labor de los progenitores será fundamental para una evolución positiva de sus hijos. 

La hiperactividad es un trastorno de conducta de los niños y las niñas. Se trata de menores que desarrollan una intensa actividad motora y física, no dejan de moverse continuamente sin ningún propósito concreto, simplemente no pueden dejar de hacerlo. Si comienzan a realizar alguna actividad la dejan inacabada para ponerse a hacer otra que también abandonarán. 

 

 

Estos síntomas aumentan cuando se encuentran rodeados de personas, sobre todo con personas con las que no mantienen relaciones normalmente y, por el contrario, cuando están solos es cuando más calmados están. Además, presentan otro tipo de comportamientos problemáticos, tienden a ser destructivos, inquietos y nerviosos y los castigos no suelen afectarles. Asimismo, son impulsivos y desobedientes y se frustran con facilidad por lo que no pararán hasta conseguir lo que se proponen. Sus estados de ánimo fluctúan durante el día y tienden a tener cambios bruscos por lo que suelen crear un ambiente tenso en el hogar y en la escuela. 

 

 

La hiperactividad está causada por una disfunción cerebral mínima en la que se ve afectada el área del comportamiento del cerebro. A consecuencia de esto aparecen los síntomas de hipercinesia compensatoria, impulsividad orgánica, la incapacidad de estarse quietos y la explosividad en la actividad voluntaria. Este trastorno afecta a más niños que niñas y es muy frecuente durante la infancia. Aproximadamente un 3% de los niños menores de 7 años la padecen. 

 

 

Existen ciertos indicadores de hiperactividad que se diferencian según la edad: 

 

 

1. Entre los 0 y los 2 años los pequeños padecen problemas durante el sueño y el ritmo de este. Tienen periodos cortos de sueños y suelen despertarse bruscamente. La hora de la comida también se vuelve complicada y se resisten a los cuidados habituales que se le dan. Se irritan con facilidad y reaccionan de sobremanera a los estímulos auditivos. 

2. Desde los 2 hasta los 3 años su actividad motora es excesiva y tienen muy poca conciencia del peligro por lo que son propensos a sufrir accidentes. Además, tienen una mayor inmadurez en el lenguaje expresivo que el resto de niños. 

3. A partir de los 4 años y hasta los 5 tienen diversos problemas de adaptación social, de desobediencia y también poseen dificultades en el seguimiento de reglas y normas.

4. Desde los 6 años las señales que muestran son déficit de atención, fracaso escolar, impulsividad, problemas de adaptación y comportamientos antisociales. 

 

 

Estos niños tienen tendencia a sufrir dificultades en el entorno escolar aunque tengan un cociente intelectual normal debido a todos los obstáculos que le suponen los síntomas de la hiperactividad. Tener complicaciones para mantener la atención en una tarea larga y para seleccionar que debe atender, no poder resistir las distracciones, no conseguir acabar las actividades ya empezadas o tener problemas para mantenerse quietos o sentados son algunos de los inconvenientes que le dificultan poder tener una carrera académica normal. 

 

 

Por otro lado, el TDAH, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, es una de las enfermedades que afectan a muchos niños y niñas y que en ocasiones se confunde con la hiperactividad, pero no es lo mismo. Se trata de un trastorno neurobiológico que se origina en la infancia y que comprende un patrón de déficit de atención, hiperactividad e impulsividad. Esta enfermedad no suele presentarse sola, en el 70% de los casos aparece junto a otros trastornos psiquiátricos. 

 

 

El tratamiento de la hiperactividad va a depender de cada caso en particular pero por lo general sigue tres vertientes, el tratamiento farmacológico, el tratamiento psicoterapéutico y el tratamiento cognitivo. En el aspecto farmacológico lo más utilizado son estimulantes que sirven para ayudar a los pequeños a concentrarse mejor y, en el caso más complicado, sedantes para aquellos que tengan conductas psicóticas. Por otro lado, desde el ámbito psicoterapéutipo se trata de mejorar el clima familiar y escolar para que el niño o la niña tengan una mejor integración a través de técnicas de modificación de conducta. Por último, desde el enfoque cognitivo se plantea la realización de tareas que enseñen al menor a proyectar sus actos y mejorar su lenguaje interno. 

 

 

Asimismo, los progenitores deben aportar su granito de arena y establecer unas pautas que ayuden a mejorar el ambiente familiar y a facilitar el día a día de sus hijos. Crear rutinas y horarios, evitar actividades estimulantes antes de dormir, salir a jugar al aire libre, hablarle siempre de manera calmada y pausada o evitar alimentos con mucho azúcar ayudarán a las familias a sobrellevar esta etapa. 


Fuentes: 

    TDAH y tú, http://www.tdahytu.es/recomendaciones-para-padres-de-ninos-con-tdah/ 

    Fundación CADAH, https://www.fundacioncadah.org/web/articulo/como-manejar-la-impulsividad-de-los-ninos-hiperactivos-en-el-aula.html 

Redacción: Andrea Rivero

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