¿Cómo cuidar a un niño ajeno?

¿Cómo cuidar a un niño ajeno?
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Cuando se trata de cuidar o disciplinar a niños ajenos a uno mismo surgen muchas dudas sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer. Influye bastante si el niño tiene algún parentesco o relación sanguínea, ya que no es lo mismo cuidar de una sobrina o primo, que del hijo de tu pareja o de una amiga. En estos casos es importante plantearse una estructura de educación para actuar con estos pequeños.

En muchas ocasiones, cuando la persona que se va a hacer cargo del niño no representa ninguna figura familiar este suele ser menos educado y tiende a no tomar tan en serio la disciplina que le ofrece. En estos casos, que los padres del pequeño definan el rol de esta persona frente al niño ayudará a que este comprenda su función y el respeto que debe tenerle. A su vez se están definiendo unos límites y dando a entender qué se espera de esta persona con el cuidado y la educación del niño.

Uno de los mayores problemas que surgen al cuidar de un niño ajeno es el rechazo que se experimenta cuando se le llama la atención o se le echa una bronca. Si los padres han dado a entender que esta persona tiene la autoridad y se le debe hacer caso no debería suponer un gran problema, pero si el niño no ha comprendido esto es probable que rechace a su cuidador o cuidadora. También es cierto que la manera de reprender al niño marcará la actitud que este tomará. Los gritos o las grandes exaltaciones nunca tienen resultados positivos, es mejor hacerle comprender al pequeño sus errores de una manera cariñosa y mostrando interés por su bienestar.

La imagen de autoridad que debe formar la persona que cuida al niño es fundamental para que este le respete y a la vez disfrute con su compañía. Nunca hay que crear una imagen que atemorice al pequeño porque así solo querrá evitar pasar tiempo con esta persona. El equilibrio es la clave, hay que demostrar firmeza y serenidad, ser constante y no dejarse ablandar, pero a la vez ser comprensivos, motivadores y cariñosos, además de darle la oportunidad al pequeño de hablar y argumentar. Lo importante es conseguir que comprenda el motivo por el que se le llama la atención.

Hay que tener siempre presente que es un niño ajeno, no propio, por lo que en muchos casos es mejor hacerle llegar a los padres los comportamientos que está teniendo y que estos sean los encargados de tomar medidas, sobre todo si el pequeño no atiende a las indicaciones que se le dan. Además, hablar con los progenitores para llegar a ciertos acuerdos y ver si seguís la misma línea es indispensable para saber cómo tratar y educar al niño. Compartir valores similares con los padres hará la tarea de cuidado mucho más sencilla.

En ningún caso es recomendable llevar la contraria a los padres sobre el cuidado y educación de sus hijos. Si eres un profesional en este ámbito siempre puedes ofrecerle consejos o recomendaciones, pero la última palabra la tienen ellos. Los padres, quizás, no tendrán conocimientos académicos sobre el cuidado y educación de los más pequeños, pero son quienes los crían y mejor los conocen por lo que seguir sus pautas es lo más recomendable.

Asimismo, es imprescindible tener una lista con datos de interés sobre el pequeño. Información sobre sus alergias o el número de teléfono de algún familiar o allegado cercano en caso de que los padres no estén disponibles.

Por otro lado, no se pueden cuidar a todos los niños de la misma forma, en función de su edad la situación cambia. Está claro que los recién nacidos no requieren los mismos cuidados que un pequeño de 3 años. Durante los primeros meses de vida el bebé necesitará atención constante y el cuidador deberá conocer muchas cosas sobre sus cuidados. Cuando ya tienen unos pocos años tampoco está de más estar muy pendientes de ellos, sobre todo en esas etapas en las que están muy activos y tienen mayor facilidad para perderse o hacerse daño. Vigilarlos constantemente y atenderles en todo momento es un pilar básico en su cuidado. En esta línea, no está de más tener ciertos conocimientos de primeros auxilios y prevención de accidentes para que, dado el caso por ejemplo de asfixia o caídas, se sepa cómo actuar rápidamente.

Además, se puede cuidar y educar a los niños dejándolos ser niños. Estos juegan, corren, saltan, hablan y se lo pasan bien disfrutando de los placeres de su edad y esto también se puede aprovechar.  No hay que privarles de la diversión a esas edades, pero se pueden enseñar jugando y es un buen método para que el niño se divierta y a la vez aprenda.

Si vas a cuidar a un niño este tiene que verte como una figura afable y ser alguien con quien le gusta pasar el rato. De esta manera el tiempo que compartáis será enriquecedor y entretenido para ambas partes.


Redacción: Andrea Rivero

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