Quiste ovárico y embarazo

Quiste ovárico y embarazo
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Durante la gestación es posible descubrir que la embarazada tiene un quiste en el ovario. En principio no hay que preocuparse ya que no tiene porqué suponer un riesgo ni para el bebé ni para la mamá, aunque habrá que controlarlo y, si fuera necesario, extirparlo.

En la primera revisión del embarazo se puede descubrir la presencia de un quiste en el ovario. Este quiste puede ser resultado de un folículo liberado durante la ovulación que no ha llegado a romperse y liberarse y que ha seguido creciendo. Estos quistes son funcionales, generalmente miden menos de 5 cm y se reabsorben solos con el tiempo.


No hay que confundir estos pequeños quistes con el cuerpo lúteo, una formación de líquido cercana al ovario que ovuló antes de la concepción de unos 2 o 3 cm y responsable de la secreción de hormonas indispensables para conservar el embarazo. Este cuerpo lúteo crece hasta terminar el primer trimestre de embarazo y posteriormente va desapareciendo lentamente.


Otra posibilidad es descubrir un quiste mayor, anterior al embarazo, que no se hubiera detectado antes por ser asintomático, como los quistes de chocolate, quistes de ovario endometriósicos.

¿Se deben extirpar los quistes durante el embarazo?


El 90% de los quistes que se descubren en los primeros meses de gestación son funcionales, es decir, desaparecen solos pasado el primer trimestre. Por eso, lo primero que se hace al descubrir un quiste es observar y controlar si se elimina solo.

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Los quistes de ovario persistentes son raros en un embarazo, tienden a presentarse en 1 de cada 1.000 a 2.000 embarazadas, y casi siempre son previos a la concepción, por eso se recomienda acudir al ginecólogo antes de buscar un embarazo, para detectar posibles problemas como este.


Estos quistes que no van unidos al crecimiento folicular pueden ser benignos o cancerosos. Pueden provocar dolor agudo y sangrado, incluso pueden torcerse o romperse, lo que podría llegar a ser muy peligroso.


En estos casos sí se recomienda la cirugía a pesar de la gestación ya que si es muy grande o se rompe puede hacer peligrar el embarazo. Lo más recomendable es programar una cirugía entre las semanas 16 y 20 de gestación. La cirugía será lo menos agresiva posible, tratando de conservar el ovario afectado siempre que sea posible. El material extraído deberá analizarse para ver si es canceroso o no.


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