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¿Limpiar el chupete del bebé? ¿Con saliva?

¿Limpiar el chupete del bebé? ¿Con saliva?

Así es, lo que para muchos padres y madres podría ser como algo “bastante antihigiénico” es en realidad una práctica muy útil que, además, ayuda a prevenir el asma, el eccema y otras posibles reacciones alérgicas, según un estudio sueco.

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Todos sabemos que el chupete es, sin lugar a duda, el método por excelencia para calmar al bebé y, sobre todo, su llanto. Por eso, los papás y las mamás ofrecen este objeto de consuelo a sus hijos con la finalidad de que, o bien dejen de llorar o estén algo entretenidos. Pero el chupete se cae mucho más a menudo de lo que a los padres les gustaría y hay que limpiarlo. Con agua claro, ¿o con la saliva de sus padres? Sí, a pesar de que para muchos sea algo completamente loco, algunos padres limpian el chupete con su propia saliva con tal de calmar el llanto de su bebé cuanto antes si no tienen nada al lado para limpiarlo o lavarlo, y no se equivocan demasiado…

 

El estudio fue realizado por los investigadores de la Universidad de Göteborg en Suecia, quien analizó la salud de 184 niños desde el nacimiento hasta sus tres años. Dicha investigación demostró que los padres que limpian los chupetes con su propia saliva transmiten a sus bebés muchas de las bacterias que tienen en la boca, que, según este estudio, no son perjudiciales, pero sí beneficiosas para el sistema inmunitario de los bebés y niños.

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El problema es que cuando el bebé crece en una burbuja de higiene, su sistema inmunitario no está recibiendo los estímulos necesarios para poder enfrentarse a antígenos inofensivos. Por eso, cuando más tarde se encuentra con ese tipo de antígenos, es cuando el sistema inmunitario reacciona con virulencia llegando a causar daños en el propio organismo en forma de alergias, asma y otros trastornos.

 

En el estudio se pudo comprobar, por tanto, que la estimulación inmunológica a través de la exposición a microbios comensales puede proteger contra el desarrollo de alergias cuando los microbios orales pueden ser transferidos de padres a hijos a través de los chupetes. La succión del chupete por parte del adulto, por tanto, puede reducir el riesgo de desarrollo de alergias a través de dicha estimulación.

 

De hecho, en los resultados se pudo observar cómo los niños cuyos padres limpiaron su chupete chupándolo tenían menos probabilidades de tener asma y sensibilización a los dieciocho meses de edad en niños cuyos padres no usaron esta técnica de limpieza. Por su parte, además, se analizó la protección contra el eccema, que se mantuvo hasta los 36 meses.

 

Asimismo, se demostró también en otro estudio presentado en la reunión científica anual del Colegio Americano de Alergias, Asma e Inmunología en Seattle (Washington) que los padres y las madres que chupan el chupete de su bebé podrían estar mejorando de manera muy significativa la salud de sus bebés al menos durante el primer año de vida, debido principalmente a que los padres transfieren microbios sanos de su boca a la de sus hijos.

 

Y aunque los autores creen necesaria más investigación en referencia a este tema “sí creen realmente que el efecto puede deberse a la transparencia de microbios que promueven la salud de la boca de los padres. Aseguran, además, que la exposición a ciertos microorganismos en las primeras etapas de la vida estimula el desarrollo inmunológico y puede protegerles contra enfermedades alérgicas más adelante.

Agnes Wold, asegura que esa medida que para muchos papás y para muchas mamás es antihigiénica, no tiene en realidad ningún efecto perjudicial, y que, a pesar de que los bebés y niños a los que se le limpia el chupete con saliva no sufren más infecciones respiratorias en los primeros seis meses de vida que aquellos a los que se les limpia con agua fría, sí se reduce el riesgo de tener asma antes de cumplir un año y medio en un 88%, y el riesgo de tener un eccema o una reacción alérgica un 63%. Y aunque el efecto protector mengua a medida que los niños crecen, el riesgo, por ejemplo, de eccema sigue siendo un 49% más bajo.

 

Lo que la investigadora recuerda finalmente en su estudio es que, “a lo largo de la evolución humana los niños pequeños han estado expuestos a enormes cantidades de virus y bacterias, pero que, si estos los reducimos de forma drástica, ponemos su sistema inmunitario en una situación para la que en realidad no está bien adaptado”.

 

Como contraposición a todo ello, otros expertos señalan que limpiar el chupete del bebé con la propia saliva y después ofrecérselo puede hacer que se transmitan microorganismos e incluso que se pueda aumentar la incidencia de caries, y también la transmisión de otras bacterias.

 


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