La subida de la leche

La subida de la leche
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El pecho de la madre se prepara para amamantar desde el inicio del embarazo. En el momento del parto ya está listo para alimentar de manera exclusiva al bebé durante sus primeros meses, y segregar leche durante varios años.
 

El proceso de producción de leche

 

Aunque aún se desconocen muchos de los factores que intervienen en el mecanismo de producción de la leche materna se sabe que ya durante el embarazo las glándulas mamarias se preparan, multiplicándose, para cumplir su función. También lo hacen los conductos galactóforos, los diminutos canales a través de los cuales fluirá la leche hasta el pezón.

 

Mientras, la hipófisis, glándula secretora de múltiples hormonas, comienza a producir una nueva, la prolactina, encargada de la fabricación de leche. Esta, inhibida por la acción de otras dos hormonas segregadas por la placenta (progesterona y estrógenos), quedará a la espera hasta el momento del parto.

 

Cuando el bebé nace, las glándulas mamarias se ponen en funcionamiento y la expulsión de la placenta provoca una bajada del nivel de progesterona y de estrógenos que permite a la prolactina actuar. El alumbramiento por lo tanto es lo que pone en marcha el proceso. A continuación, la succión del niño contribuirá a producir más leche, pues cada vez que éste mama estimula el pecho y los niveles de prolactina aumentan.

Alergia a la proteína de leche de vaca en bebés

Alergia a la proteína de leche de vaca en bebés

La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) es la alergia más común en lactantes y niños. Se produce cuando el sistema inmunológico de un niño identifica las proteínas contenidas en la leche de vaca como peligrosas, lo que desencadena una reacción alérgica. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con otros tipos de alergia, los niños afectados por la PLV pueden adquirir la tolerancia en los primeros años de vida.

 

Durante los primeros días el pecho de la madre genera el llamado calostro, un sustancia precursora de la leche materna que contiene los nutrientes necesarios para el niño en ese instante de su vida.

 

El calostro es el mejor suministro inicial para el bebé. Por lo que, aunque esta escasa y primera sustancia pueda parecernos insuficiente, para el pequeño es tan importante o más que la leche madura que se segregará días después, y no necesitará de ningún suplemento artificial extra, ya que la leche materna se adapta al crecimiento y a las necesidades del bebé en cada momento.

 

En torno al tercer o cuarto día, que en algunas mujeres puede ser más tarde, el calostro empieza a transformarse en leche, variando su composición a una más acorde a las nuevas necesidades del bebé. Los pechos comienzan a hincharse y a endurecerse con lo que la piel se nota más tersa y tirante y las venas del pecho se vuelven más visibles y azuladas. Todo esto es debido a que el flujo sanguíneo aumenta repentinamente para favorecer la producción de leche. Esta fase del proceso es conocida como lactogénesis y la sensación característica que provoca (y que no todas las mujeres experimentan de igual forma) suele durar un par de días, llegando a resultar un tanto molesta. Popularmente se conoce con el nombre de “subida de leche” y aunque con frecuencia (¡y erróneamente!) se piensa que la inflamación se debe a que el pecho está rebosante de leche, la realidad no es exactamente así, sino que, como decíamos, el incremento del tamaño del pecho tiene que ver más con la vascularización y el aumento de sangre en la zona.

 

La leche en el pecho materno se produce por la acción de varios factores, uno de ellos es la succión del niño; si bien la leche que se fabrica no se va acumulando en el seno de una mujer como ocurre, por ejemplo, en las vacas lecheras, y por ello no hay que esperar a que se llene para dar de mamar. El pecho producirá leche siempre que el bebé mame.

 

Lo que no se puede negar es que la sensación de tener los pechos llenos, inflamados y sensibles es real y puede ser causa de molestias o dolor, suponiendo un obstáculo a la hora de adoptar ciertas posturas al dormir, o lo que es peor, al amamantar, impidiendo o dificultando que el bebé pueda prenderse del pezón correctamente.

 

Extraerse un poco la leche (manualmente o con un sacaleches) puede favorecer el agarre del pequeño al pezón. La mama se “vaciará” ligeramente y no estará tan tirante. Ten en cuenta que la extracción estimula la producción, por lo que solo debes sacarte una pequeña cantidad, la suficiente para estar más cómoda o para que el bebé pueda mamar fácilmente.

 

Los síntomas de la subida de la leche no suelen durar más de 3 días. La transición de calostro a leche madura es gradual, y aproximadamente al 10º o 12º día dará paso a la leche definitiva, una leche más blanquecina y abundante. Si el pequeño se agarra bien al pecho y el amamantamiento se está llevando a cabo de forma adecuada (a demanda, sin saltarse tomas, etc.), pronto todo volverá a la normalidad y las molestias desaparecerán.

 

Síntomas de la subida de la leche

 

- Aumento del tamaño de la mama

 

- Endurecimiento del pecho (y reblandecimiento tras la toma)

 

- Inflamación del seno

 

- Pecho caliente

 

- Ligero enrojecimiento

 

- Piel tirante y brillante

 

- Pezón tirante

 

- Sensibilidad en el pezón

 

- Febrícula (fiebre por debajo de los 38º)

 

*Recuerda que no todas las mujeres notan la subida de la leche de forma tan evidente. Algunas no sienten este cambio de forma brusca y al tacto sus pechos siempre están blandos y parecen vacíos. Ahora bien, esto no significa que no produzcan leche. Toda mujer que ha dado a luz es capaz de fabricar leche si su bebé succiona bien. El tamaño o el aspecto de los senos no influyen en el volumen de leche generada.

 

Trucos y consejos para aliviar las molestias de la subida de la leche

 

Mientras dure esta fase del proceso de lactación puedes poner en práctica estas medidas para calmar las dolencias derivadas de la subida de la leche:

 

Colócate toallas o paños tibios sobre los pechos, entre las tomas.

 

Aplica chorros de agua fría o caliente en los pechos. Prueba con ambas y descubre cuál te alivia más. El agua fría relaja y desinflama los tejidos y el agua caliente favorece el flujo y la salida de la leche, con lo que también se desinflamarán levemente. También puedes alternar agua fría y caliente.

 

Date suaves masajes circulares en dirección al pezón para ayudar a la circulación de la leche y aliviar la presión.

 

Exprime manualmente el pecho para dejar fluir algo de leche antes de cada toma. Utiliza la técnica Marmet.

 

Pon al bebé al pecho. Cuando empiece a mamar notarás un alivio considerable.

 

El descanso es fundamental para la lactancia. El cansancio interfiere negativamente en el reflejo de subida de la leche. Procura, si es posible, recuperar el sueño de la noche durmiendo cuando el bebé lo haga. Pero no te saltes las tomas nocturnas, estas tomas son muy importantes para el bebé. Dar el pecho a demanda evita posibles problemas como abscesos, mastitis, ingurgitaciones, etc.

 

Se ha demostrado científicamente que las hojas de col ayudan a calmar y deshinchar los senos. Coge dos de ellas, rompe los nervios para liberar las “sustancias desinflamantes” que tiene en su interior y coloca una en cada copa del sujetador.


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