Alimentos prohibidos durante la lactancia

Alimentos prohibidos durante la lactancia
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Ya has dado a luz y tienes a tu hijo en brazos. Has optado por la lactancia materna porque quieres darle lo mejor a tu niño, y te preguntas si debes tomar algún tipo de precaución con tu dieta.

Bien, al contrario que otras especias, los bebés no nacen con todos sus órganos desarrollados. Necesitarán aún de algún tiempo para que los pulmones, el cerebro, el páncreas, etc. terminen de formarse. Que tengan un desarrollo óptimo dependerá de varios factores externos, y uno de ellos es su nutrición. Una mala alimentación pondrá en riesgo el funcionamiento de su organismo. Y durante sus primeros meses ésta depende exclusivamente de ti y de tu leche.



La buena noticia es que a diferencia de la etapa del embarazo, la lactancia es más permisiva en lo concerniente a la alimentación. La recomendación básica es que comas bien, y esto no es otra cosa que mantener una dieta variada y equilibrada.
 

En contra de lo que se cree, mientras estás amamantado, puedes comer casi todo. Es más, debes comer casi todo, de esta forma asegurarás que el bebé obtiene todos los nutrientes que necesita para crecer. Si bien, también es cierto que es muy difícil que una mala alimentación afecte a la calidad o a la producción láctea. Recientes estudios han demostrado que la mujer fabrica suficiente leche para su bebé aunque su alimentación sea deficitaria en algunos nutrientes. Incluso en situaciones de desnutrición, la leche materna recibe los nutrientes de las reservas de la madre para satisfacer las demandas del niño.
 

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Métodos de anticoncepción durante la lactancia

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Aunque por lo general es cierto que durante los primeros meses de dar el pecho es muy difícil quedarse embarazada, se puede producir un embarazo imprevisto aunque aún no seas consciente de que te ha vuelto el periodo. Por eso, si aún no quieres tener otro niño, lo más seguro es que busques un método anticonceptivo compatible con la lactancia

Tampoco existe un alimento indispensable para aumentar la cantidad de leche. El volumen de producción láctea solo depende de la succión del bebé y la libre demanda garantiza que el pequeño reciba lo que necesita.
 

La leche materna por lo tanto es el mejor sustento para el niño, y esta se irá adaptando a sus diferentes necesidades cambiando su composición y producción.

 

Leche de sabores

No obstante, se observa que con frecuencia muchas mujeres cambian su dieta o restringen alimentos cuando dan el pecho, basándose en temores, en la mayoría de los casos, infundados. Algunas de estas ideas están sustentadas pero otras muchas no.

 

Por ejemplo, es significativo que en la mayor parte de los países y culturas se prohíban ciertos alimentos durante el periodo de lactancia. Lo curioso es que estos son diferentes según el país en el que nos situemos. Así, las madres de algunas culturas limitan el consumo de fresas mientras están amamantando, otras el del ajo, el del pimiento o el de la col. La lista es larga y heterogénea, y los argumentos para suprimirlos dispares. Sin embargo, hasta la fecha, no se ha contrastado científicamente la incompatibilidad de ninguno de estos alimentos con la lactancia.

 

Es verdad que hay muchas comidas que alteran el sabor de la leche porque contienen sustancias aromáticas. Algunas verduras especialmente los espárragos, las alcachofas, los puerros, los ajos o frutas como los cítricos confieren un gusto fuerte a la leche. Pero esto no implica que debas apartarlos sistemáticamente de tu dieta o que el bebé vaya a rechazar el pecho por ello. No a todos los niños les molesta este sabor. Al contrario. Otra de las ventajas de la leche materna frente a la artificial es que aquella varía su sabor en función de lo que ingiera la madre, y esto le servirá al pequeño de aprendizaje para, más adelante, probar nuevos alimentos y desarrollar su sentido del gusto. Cuando tomes este tipo de alimentos observa la aceptación de tu bebé en la toma siguiente. Si crees que rechaza el pecho, evita tomar dicho alimento.

 

Otro mito bastante extendido es aquel que atribuye a diversos alimentos la capacidad de volver gaseosa la leche y causar, por lo tanto, flatulencia o cólicos en el bebé. En base a esto se prohíben alimentos como las legumbres, la lechuga, la coliflor, etc. por considerarse que los gases que estos pudieran provocan a la madre pasen a la leche y por lo tanto al bebé. Esto, evidentemente es falso. Y la explicación es sencilla. Los alimentos provocan flatulencia porque al fermentar en el intestino emiten gases, que evidentemente no llegan de la misma forma a la sangre y ni mucho menos a la leche. Las legumbres y las verduras son esenciales en una alimentación saludable, no las limites.

 

Energía extra

Eso sí, la lactancia es una época de cambios, de agotamiento por el cuidado de un nuevo bebé, de emociones y de dudas, que pueden requerir más energía de ti. Que sigas una dieta saludable que te proporcione fuerza suficiente será fundamental para afrontar tu día a día con el recién nacido. Ahora bien, también es normal sentir más hambre, precisamente por ese desgaste energético del que hablábamos, así que caer en la tentación de excederse con la comida es bastante fácil. Pero ten en cuenta que durante el embarazo tu cuerpo ha ido acumulando reservas de grasas, en previsión a posibles déficits posteriores. Estas reservas serán las que suministren los nutrientes a la leche. Por ello, si durante la gestación has mantenido el peso recomendado comprobarás cómo en poco tiempo, solo amamantando, irás recuperando tu línea. Si has cogido algún kilo de más, las primeras semanas no es el momento más adecuado para intentar deshacerte de ellos, pero dar el pecho te ayudará a perder la grasa acumulada en los meses anteriores. La grasa supone el 60% de las calorías de la leche materna, por lo que parte de tu peso lo perderás dando de mamar.

 

Precaución

Aunque se puede y se aconseja comer de todo en este periodo, también se sabe que algunos alimentos que toma la madre pueden provocar reacciones alérgicas en los lactantes. Observa si rechaza el pecho o sufre alguna reacción después de que hayas ingerido algo. Algunos niños por ejemplo muestran síntomas de alergia a la leche de vaca aún sin haberla probado directamente, simplemente porque su madre la bebe habitualmente. Si sospechas de algo elimínalo y mira si el niño mejora. Vuelve a tomarlo y comprueba si vuelve a reaccionar. Si es así coméntaselo a su pediatra para que le realicen las pruebas pertinentes.

 

Igualmente se cree que algunas plantas de herbolario empleadas en tratamientos de fitoterapia pueden resultar nocivas si estás dando el pecho. Ocurre con el hinojo, los tratamientos con albahaca, la salvia, etc. Si tienes dudas consulta su compatibilidad con la lactancia en esta página www.e-lactancia.org

 

Por último, evita o limita el consumo de sustancias perjudiciales como la cafeína, el tabaco o el alcohol. A pesar de que la cantidad que se excreta a la leche materna no es tan alta como para resultar tóxica para el bebé, su absorción de forma continuada puede acarrear en el niño consecuencias perjudiciales (síndrome de abstinencia, irritabilidad, falta de sueño, etc.). Con la cafeína no te excedas de 2 o 3 tazas diarias de café.

 

En el caso del alcohol, este pasa a la leche en muy pequeñas dosis, entre 30 y 90 minutos después de ingerirlo. Por lo tanto, si vas a beber, hazlo después de la última toma del día.

 

La nicotina sin embargo no se transmite fácilmente. Pero fumar más de 10 o 20 cigarros diarios puede impedir la correcta salida de la leche. Además, fumar cerca del niño y permitirle respirar el humo tiene efectos nefastos sobre su salud, favoreciendo la aparición de enfermedades respiratorias.


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Las cantidades de leche para bebés deben ser definidas por los propios bebés tal y como se hace con la lactancia materna, que es a demanda. De esta manera, el bebé se regula en función de las necesidades de cada momento.


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