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Hacer cosquillas al bebé, ¿es bueno o malo?

Hacer cosquillas al bebé, ¿es bueno o malo?

Una de las cosas más hermosas de este mundo es poder disfrutar de la sonrisa de nuestro hijo. Nos llena de alegría y es para él la única forma de poder transmitirnos que está bien.

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Un día cualquiera nuestro pequeño nos regala un momento inigualable: su primera sonrisa, y tras ella vendrán los gorjeos y las carcajadas. Sin duda, algo que nos encanta es hacer reír a nuestro bebé y por eso las cosquillas se reflejan como un acto natural y cotidiano que tanto nosotros como el resto de los familiares utilizamos para sacar más de una risotada. Sin embargo, lo que no sabemos es que las cosquillas influyen mucho en el desarrollo del bebé.


Las cosquillas pueden ser más suaves o más intensas y sus largas sesiones suelen gustar a la gran mayoría de bebés y niños. Pero ¿hasta qué punto son recomendables? A pesar de que tienen muchos beneficios, las cosquillas no deben ser nunca forzadas. De hecho, puede ser que nuestro hijo las rechace por lo que en ese caso es mejor no insistir.


Cuando los bebés recién nacidos, por ejemplo, reciben un estímulo intenso en zonas altamente sensibles como la planta de los pies puede resultarles algo molesto. Por este motivo es más recomendable optar por caricias y masajes al menos en los primeros días y meses del bebé. Tanto las caricias como los masajes estimulan los sentidos del bebé, pero les producen tranquilidad y relajación. Siempre es mejor actuar con delicadeza para que nuestro bebé no se asuste.

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A medida que nuestro hijo va creciendo, sus juegos se van ampliando ya que aumentan tanto su movilidad como el conocimiento del entorno. Las cosquillas, por tanto, estimularán sus terminaciones nerviosas y tonificarán su musculatura. Además, una gran ventaja es que prácticamente cualquier momento es bueno para hacerlas, aunque no es aconsejable cuando nuestro hijo tiene sueño, hambre o juega tranquilamente.


Beneficios de las cosquillas a bebés y niños


Es importante saber que las cosquillas son, sin duda, una manera estupenda para que nuestro hijo conozca su cuerpo y también son una manera de fomentar el contacto físico entre padres e hijos, pues el niño se siente en ese justo momento el centro de atención, lo que fomentará el vínculo entre todos. También nuestro hijo puede aprender con las cosquillas lo que significan la incertidumbre y la sorpresa pues en realidad son un juego que viene “inesperadamente”.


No obstante, hay que prestar especial atención, ya que el grado de aguante de cada niño es distinto y, además, el juego de las cosquillas no debe llegar al punto de ser desagradable. Por eso, si nuestro pequeño se enfada o incluso llora, lo más conveniente es parar. Si nuestro hijo no está dispuesto a recibirlas, lo debemos respetar.


Es cierto que los niños mayores pueden aceptar otro tipo de cosquillas, unas más intensas que producen una risa incontrolable y contagiosa. Sin embargo, si lo que queremos es que se relajen o se duerman, como veíamos arriba, no debemos hacerlas pues lo único que hacen es alterarles y acelerarles.


Pero también conllevan aspectos negativos…


La doctora Patty Wipfler, educadora infantil y escritora de algunos libros relacionados con la crianza de los hijos, afirmó en una ocasión que a lo largo de los años había oído hablar a un gran número de adultos sobre los retos emocionales en sus vidas cuando estos eran niños. La doctora Wipfler afirma haber escuchado que muchos de ellos “no logran relajarse cuando otras personas se aproximan a ellos, no pueden dormir junto a su pareja o están en alerta cuando se producen acercamientos corporales entre ellos y sus seres queridos”. Y, además, cuando les preguntaba la doctora a qué temían, los recuerdos se asociaban directamente a cuando de niños les hicieron cosquillas y no lograban que dejaran de hacerlo.


La doctora Wipfler no cree que en la mayoría de las familias el acto de hacer cosquillas sea llevado a un nivel de abuso, pero está segura de que esa acción puede ser reemplazada por opciones más saludables que, según la doctora, ayudarán a la diversión y evitarán cualquier situación incómoda, al contrario de lo que sucede con las cosquillas, que ella misma define como “algo problemático” porque los niños no pueden determinar cuándo parar el juego. Y es que lo que sucede aquí es que la risa es una respuesta automática a las cosquillas y no una repuesta sobre la que el niño tiene decisión, y por eso, quien las hace decide durante cuánto tiempo.


Finalmente, Wipfler concluye que “los adultos no leen la mente infantil, pero a menudo imaginan que sí pueden hacerlo, lo que implica que se pueden dar cuenta de cuándo las cosquillas son exageradas y, por tanto, parar, pero también es posible que esto no sea así”. 


Sin duda, lo que debemos tener claro es que las cosquillas sí pueden ser un buen estímulo, pero hay que saber cómo y cuándo podemos hacerlas. Somos conscientes de que nuestro hijo necesita que le demostremos cariño y que, por supuesto, juguemos con él, pues es una forma de comunicarse, pero también hay que darse cuenta de que lo que para nosotros puede resultar divertido para ellos puede ser lo contrario simplemente por incomodidad o temor.


Es cierto que el cosquilleo puede resultar maravilloso, pero existen miles de formas para acercarnos a nuestro hijo, ponerle atención y hacerle reír. ¡Aprovéchalas!

Foto: Creado por Freepik


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Fecha de actualización: 03-04-2018

Redacción: Irene García

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