Tras el parto, que no os separen

Tras el parto, que no os separen
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Una mayor aclimatación al mundo al que acaba de salir, un mejor apego con su madre, una promoción de la lactancia materna y una mejora de diversos aspectos de la salud del pequeño son algunas de las ventajas por las que el contacto de la madre con su bebé tras el parto es necesario

Es una práctica cada vez más presente, aunque no tanto como se debería: nada más salir al mundo -por el procedimiento que sea- se deja al bebé sobre su madre, se permite que madre y bebé sigan este contacto piel con piel a través del Método canguro, y no se corta el cordón umbilical hasta que éste ha transferido toda la sangre a la placenta.

 

Múltiples estudios han demostrado los beneficios que esto tiene para madre y bebé desde el punto de vista psicológico y de salud. Organizaciones como la OMS (Organización Mundial de la Salud) lo consideran una buena práctica que, siempre que se pueda, debe ser respetada. Y la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que los bebés sanos “sean situados y permanezcan en contacto directo con la piel de sus padres de forma inmediata después del parto hasta que consigan alimentarlo por primera vez”.

 

¿Por qué no os deben separar?

 

Como explican desde la iniciativa ¡Que no os separen!, no separar es:

 

- Asegurar el contacto piel con piel inmediato y constante entre la madre y el recién nacido a través de métodos como el Madre Canguro.

Sangrado tras el parto

Sangrado tras el parto

El puerperio está caracterizado por una serie de síntomas en el organismo que trata de volver a su estado anterior al embarazo. Quizá uno de los signos más característicos son los loquios, es decir, las hemorragias vaginales que contienen parte del tejido placentario que aún permanece en el útero y que se va expulsando poco a poco a través de estos sangrados para limpiar totalmente el útero.

 

- No cortar el cordón umbilical hasta que éste haya transferido toda la sangre de la placenta.

 

- Facilitar el inicio de la lactancia materna en la primera media hora tras el parto.

 

Las razones que se esconden detrás de estas recomendaciones son diversas. Por un lado, ayuda a regular la temperatura del bebé. Tras el proceso de parto, los bebés se ven expuestos a un cambio brusco: pasan del cálido útero materno al mundo exterior. Se sabe que el pecho de la madre, de por sí cálido, aumenta aún más de temperatura después de dar a luz, y que esto supone un mejor efecto en la temperatura del bebé frente a la alternativa de abrigarlo y meterlo en una cunita.

 

Un estudio del Instituto Karolinska de Suecia, dirigido por Kyllike Christensson, entre otros, también demostró que los bebés que eran mantenidos en cunas lloraban “significativamente más” que los que permanecían en contacto piel con piel con la madre. En este sentido, otros estudios han demostrado que los bebés nacen con el sentido del olfato totalmente desarrollado y son capaces de distinguir, como la mayoría de mamíferos, la combinación de olores de la madre. Así, su presencia cercana les resulta una fuente de tranquilidad y un incentivo de la lactancia.

 

En este sentido, en un reciente artículo os hablamos del Breast crawl, por el que muchos bebés, cuando se les deja solos sobre su madre, son capaces de reptar instintivamente hacia el pecho en busca de su primer y decisivo alimento. Un estudio de la Universidad de Lund, dirigido por L. Righard y MO Alade, concluyó que los bebés a los que se había permitido el contacto con la madre mostraban una mejor succión en la lactancia temprana.

 

Respecto al cortado del cordón umbilical, se ha detectado que el volumen sanguíneo neo-natal fue un 50% superior en los recién nacidos con pinzamiento tardío, es decir, aquellos en los que se permitió que la sangre de la placenta fuera transferida por completo.


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