¿Cuándo empezar con las rutinas para el bebé?

¿Cuándo empezar con las rutinas para el bebé?
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Las rutinas son esenciales para los bebés y los niños pequeños. Saber qué toca a continuación o cuándo hay que comer o bañarse les ayuda a sentirse seguros y a salvo, lo que favorece el sueño y la alimentación. Por eso, hay que establecer rutinas para el bebé desde su nacimiento, aunque deberás ir adaptándolas a medida que el pequeño crezca.

De 0 a 3 meses


Los primeros meses de vida del bebé son más caóticos, tanto porque los padres tienen que hacerse al cuidado del bebé, como porque el bebé tiene que acostumbrase al mundo. Además, en estos primeros meses su alimentación debe ser a demanda, es decir, cada vez que el bebé quiera, y aunque suele pasar cada 3 horas, no es algo fijo y puede que un día requiera más alimento y pida comer cada 2 horas, y al día siguiente duerma más y coma menos. Eso hace que establecer horarios sea difícil, pero sí puedes establecer unas rutinas más o menos a la misma hora para que el bebé se vaya acostumbrando. Por ejemplo, haz todo en el mismo orden: levantarle, darle de comer, jugar un poco, dormirle, darle de comer de nuevo, salir a pasear, bañarle por la noche antes de la última toma, etc.


Estas rutinas deberán ir adaptarse a los horarios de alimentación del peque, pero más o menos pueden ser cada día a la misma hora.


De 3 a 12 meses


A partir de los 3 meses es más sencillo establecer horarios fijos ya que el bebé se vuelve más regular y es más sencillo saber cuándo le toca comer o dormir. Sus siestas diurnas se reducen a medida que cumple meses y, hacia los 12 meses, suele hacer solo una siesta por la mañana y otra por la tarde de una hora y media más o menos. Por la noche también duerme cada vez más horas seguidas. Todo esto hace que puedas ir estableciendo unos horarios fijos de desayuno, comida, merienda, cena, paseo, baño, juegos, etc. Estos horarios deben adaptarse a las necesidades específicas de tu bebé (no es lo mismo si es muy dormilón que si apenas duerme por el día), y a las tuyas (tu horario laboral, el de la guardería, etc.). De esta manera, debes encontrar un equilibrio para que los horarios y las rutinas se adapten a vuestras necesidades y os ayuden, haciendo el día a día más sencillo. Si no es así, debes cambiar aquello que no funcione.


De 1 a 3 años


A esta edad el niño suele ir a la guardería, por lo que sus horarios y rutinas estarán marcados por los que establezca la guardería (que suelen ser muy similares: entrar entre las 8 y las 9, comer a las 12, siesta de 13 a 15 horas, etc.). El niño hace solo una siesta después de comer y es normal que duerma casi toda la noche del tirón. Debe dormir unas 11 horas por la noche, así que deberás acostarlo 11 horas antes de la hora a la que le tengas que levantar para ir a la guarde. Recuerda respetar sus horarios por la tarde y llevarlo al parque, bañarlo o darle de cenar siempre sobre la misma hora. Por supuesto, los horarios pueden variar un poco el fin de semana o en días especiales, así como en verano, pero respetando siempre unas rutinas que lo ayuden.


De 3 a 6 años


A los 3 años la mayoría de los niños comienza la etapa de Educación Infantil en el colegio. Esto marcará de nuevo sus rutinas diarias durante el curso escolar ya que se levantará, desayunará, saldrá al patio, comerá y saldrá del colegio todos los días a la misma hora. Incluso dentro de clase los horarios y las rutinas se repiten de semana en semana, haciendo cada día lo mismo (asamblea, ficha, almuerzo, patio…). En los colegios, además, se potencian mucho las rutinas en estos primeros años para ayudar a que los niños se acostumbren al horario escolar y a estar en el centro. Lo habitual en el primer año es que duerman todavía una siesta de una hora después de comer, pero luego esta siesta se elimina. Por eso, es normal que tu hijo de 4 años llegue más cansado a casa y quizá tengas que adelantar su hora de irse a la cama. Adapta los horarios a sus necesidades.


Como decíamos, las rutinas pueden modificarse en verano y ser más flexibles en días especiales, pero es importante mantenerlas siempre ya que ayudan a que los niños estén más tranquilos. Si notas que tu hijo está de repente intranquilo, nervioso, duerme mal o está más demandante, quizá se deba a un cambio que has hecho en sus rutinas que le han desestabilizado o a que no tiene unas rutinas fijas establecidas. Comprueba que su día a día se adapta a lo que tu hijo necesita.


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