Baby led weaning

Baby led weaning
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Es la forma en inglés de designar el método de alimentación complementaria a demanda o, traducido literalmente, alimentación complementaria dirigida por el bebé. La baby led weaning es una manera de introducir los alimentos sólidos en el menú del lactante dejando que sea él solo el que se inicie y experimente con la comida.

Así comienza a comer de forma autónoma decidiendo él mismo cuándo y cuánto comer, sin necesidad de hacerlo mediante purés, papillas o comida triturada ni cantidades exactas. El niño aprende a masticar la comida sólida antes que a tragarla (al revés que si lo hace con papillas), comiendo la misma comida que los adultos (salvo algunas excepciones), sentándose con el resto de la familia y usando sus manos al principio y los cubiertos después.

 

Este método se basa en el principio que sostiene que la introducción de la alimentación complementaria no es una necesidad nutricional sino educativa. El niño debe comer diferentes alimentos porque en unos meses tendrá que comer como un adulto, pero hasta que cumpla el primer año de edad la leche materna será su principal fuente de alimentación.

 

Generalmente a partir de los 6 meses, el aparato digestivo e inmunitario ya es lo suficientemente maduro como para aceptar otro tipo de alimento distinto de la leche materna (o de fórmula). Es el momento de presentarle comida sólida y nuevos sabores, con el objetivo de incorporarlos poco a poco a su alimentación y que, con 12 meses, sea capaz de comer de todos los grupos de alimentos, como hacen los adultos.

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Lo habitual, cuando se introduce esta nueva comida en la dieta de un lactante, es hacerlo en forma de puré o triturada, por miedo a que el niño, todavía con el reflejo de succión, se atragante o no sea capaz de tragar y no se alimente correctamente. Sin embargo la alimentación a demanda apuesta por que el pequeño evite la comida en papilla, ya que no es así como comemos los adultos (por regla general), y esta es la principal razón de la alimentación complementaria: aprender a comer como los adultos.

 

Por lo tanto los niños deberían probar estos nuevos alimentos chupándolos, mordiéndolos, masticándolos y tragándolos por sí mismos. Por eso lo ideal es ofrecerle (ponerle a su alcance, nunca obligarle a comer) trozos de fruta, de verdura, de carne, de pasta, etc. que pueda agarrar con sus manitas y llevárselos a la boca.
 

Evidentemente al principio la hora de la comida será un juego. No se puede pretender que de esta manera el niño coma en 20 minutos una determinada cantidad de fruta, de verdura o de cereales. Pero tampoco ese es el objetivo. El fin, como decíamos, no es que se acabe los 150 gramos de papilla de frutas de la merienda, sino que experimente con la comida, sin cantidades fijas, que pruebe y asimile nuevos sabores y nuevas texturas, y que se familiarice con esta forma de comer. Mientras, la leche materna le aportará todos los nutrientes que necesita para crecer. No tendrá ningún déficit por comer de este modo.

 

En la baby led weaning, no hay sitio para las papillas. Esta costumbre, la de los purés, tenía su razón de ser cuando hace unos años se empezaba a complementar la lactancia a los 4 meses (en especial la lactancia artificial, pues antes, estas leches adaptadas, no contenían los nutrientes de las fórmulas actuales y era necesario adquirirlos de otras fuentes: fruta, cereales, verdura…) y el niño a esta edad aún no podía masticar ni agarrar. Si esperamos a ofrecerle comida sólida con 6 o más meses de edad, no tiene sentido hacerlo con purés y mucho menos con biberón, porque el niño ya está capacitado para agarrar y masticar (aunque no tenga dientes). De esta forma se irá habituando a morder, masticar y tragar texturas sólidas por sí mismo, de forma activa, lo que le servirá para aprender a comer en poco tiempo de manera autónoma y con cubiertos. Por el contrario los bebés que son alimentados por otra persona adoptan una postura pasiva al comer, esperan a que les metan la cuchara y solo tienen que tragar. El problema está en que en unos meses deberán aprender a comer con cubiertos la comida del resto de la familia y seguramente les resultará más difícil y tendrán menos predisposición a probar comidas con trozos o nuevos sabores.

 

Claves de la alimentación complementaria a demanda

 

1.       El niño está preparado para comenzar cuando:

-          Es capaz de sentarse erguido solo.

-          Hace pinza con la mano y coge cosas.

-          Muestra interés por la comida del resto de la familia.

-          Ha superado el reflejo de extrusión (expulsa todo lo que se mete en la boca para evitar atragantamiento).

-          Se lleva cosas a la boca.

 

2.       Es preferible sentar al niño en una trona en la mesa, cuando sea posible junto al resto de la familia.

 

3.       Se comienza ofreciéndole trozos grandes de comida, mejor si es blanda y con forma alargada (plátano, pasta, verdura cocida, pollo…) para que pueda agarrarla fácilmente con una manita. Se deja a su alcance, en la mesa o la bandeja de la trona, para que sea él el que la coja. Se le puede acercar la comida a la mano pero no metérsela en la boca ni forzarle a comer.

 

4.       Se debe seguir dando el pecho o biberones de fórmula a demanda pues, hasta el primer año, es de donde obtiene todo el alimento.

 

5.       Si toma el pecho no hace falta que beba agua, pero si los alimentos sólidos son secos y suficientemente abundantes y se quiere ofrecer agua conviene que beba en vaso o en taza.

 

6.       Se debe incrementar la variedad de alimentos, así como la presentación de los mismos.

 

7.       Hay que olvidarse de las cantidades y no esperar que coma mucho al principio (empezará royendo o simplemente manoseando y chupando la comida).

 

8.       El niño es el que dirige el destete, marcando su propio ritmo y de forma natural. Tomando cada vez menos leche y más comida sólida.

 

Alimentos a evitar

 

Los frutos secos o alimentos en trocitos muy duros que no pueda masticar, ya que corre el riesgo de ahogarse.

 

La sal, el azúcar y los alimentos industriales (con alto contenido en sal y azúcares refinados).

 

Alimentos potencialmente alergénicos que no se introducen hasta pasado el año de edad (miel, pescado azul, leche de vaca, marisco, huevo, etc.).

 

Ventajas de la alimentación dirigida por el bebé

 

- Ayuda a que los niños aprendan progresivamente a comer solos. No aprenden a comer de una determinada forma (triturados) para tener que desaprenderla al poco tiempo.

 

- Permite al bebé descubrir distintos sabores, olores, texturas, etc. acostumbrándose a comer de todo.

 

- Fomenta el desarrollo de la psicomotricidad fina y la coordinación mano-ojo.

 

- Favorece su independencia y autonomía.

 

- No hay que cocinar una comida especial para el niño, ni triturarla, ni tenerla preparada. Puede comer en cualquier sitio la misma comida de los padres.

 

- Al no forzarse el destete ni la introducción de nuevos alimentos, se evitan los conflictos derivados de la comida (no quiere comer, no quiere probar, no quiere masticar…).

 

- El niño aprende a disfrutar del momento de la comida.

 

- El pequeño aprende, casi sin darnos cuenta, a utilizar los cubiertos y el vaso antes que los niños que comen papillas.

 

- Posibilita prolongar la lactancia materna.

 

Inconvenientes

 

- Es un método sucio. Hay que estar preparado para limpiar. Se puede colocar un hule a modo de alfombra y poner al niño un babero que le cubra todo el cuerpo. Un consejo: Elige tronas de fácil limpieza.

 

- No es rápido. Si se tiene poco tiempo no es una manera adecuada de que el niño se alimente.

 

La seguridad del pequeño, fundamental

 

Nunca hay que dejar de vigilar al niño mientras está comiendo.

 

Hay riesgo de atragantamiento, sí, pero el mismo que si comiera triturados. De hecho de esta forma aprende a comer de manera segura, ya que él controla la cantidad que se lleva a la boca y mastica instintivamente antes de tragar. En caso de que se ahogue estarás ahí para ayudarle. (Igual que cuando está aprendiendo a andar le ayudas a levantarse cuando se cae).

 

Asegúrate de quitar el hueso o semillas a las frutas que lo contengan (aceitunas, cerezas, etc.).

 

Redacción: Lola García-Amado
 


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