Síndrome del abuelo esclavo

Síndrome del abuelo esclavo
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El cuidado de los hijos ha cambiado en los últimos 30 años, fundamentalmente por la incorporación de la mujer al mundo laboral. A pesar de la existencia de guarderías (públicas y privadas), para muchos padres la mejor solución es dejar a sus niños al cuidado de los abuelos. Pero cuando este cuidado exige dedicación plena y constante, muchos abuelos llegan a convertirse en verdaderos “esclavos”, lo que repercute en su salud. Y es que, aunque se nos olvide frecuentemente, estamos hablando de personas ya mayores, sin la misma energía ni fuerza que tenían cuando fueron padres 

¿Abuelos esclavos?

La sociedad del siglo XXI es bien distinta de la de hace 60 años. En primer lugar, la esperanza de vida media en un país como España es de 80,2 años, mientras que en 1940 era de 50,10 años. Además, en este tiempo se ha producido un cambio revolucionario en la vida de las mujeres, tanto en derechos, como en la plena incorporación al mundo laboral. Asimismo, los actuales horarios de trabajo han provocado que los padres no puedan ocuparse de sus hijos mientras éstos son pequeños.

A pesar de la existencia de guarderías y de que los niños empiezan el colegio de forma obligatoria a los tres años, son muchos los padres que no pueden ni llevar ni recoger a sus hijos, por lo que se ven obligados a buscar a alguien que lo haga en su lugar. ¿Y qué mejor que sus abuelos?

El problema es que esta ayuda desinteresada -y la mayoría de las veces muy beneficiosa tanto para los abuelos como para sus nietos- se ha convertido en muchos casos en una obligación a tiempo completo que resta salud y calidad de vida a las personas mayores, que ya no tienen la energía que tenían cuando fueron padres.
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Por eso, gerontólogos y psicólogos han definido este nuevo problema como el “Síndrome del abuelo esclavo”, definiéndolo como un trastorno que afecta a personas mayores obligadas a cuidar de sus nietos, asumiendo además en muchos casos el rol de padres y teniendo que dejar de lado su vida y sus actividades. Como consecuencia, estas personas sufren cansancio permanente, hipertensión emocional y malestar anímico, entre otros síntomas.

Además, la obligación y la exigencia desdibujan el verdadero vínculo que debe darse entre abuelos y nietos, una relación menos presionada por los límites que impone la crianza de un niño, que es patrimonio de los padres. Si los abuelos asumen el rol de padres, se pierde ese vínculo original que los une a sus nietos y que está más ligado a los permisos y el consentimiento de los caprichos.

Se ven obligados a educarles y regañarles, imponiendo unos castigos y unas normas que pueden chocar con las de los padres de los niños, añadiendo tensión y presión a estas relaciones, y provocando muchos enfrentamientos entre los abuelos y sus hijos. Si se pasan el día educando al niño, luego no se les puede pedir que no opinen o que no se inmiscuyan.

Los adultos jóvenes no suelen preguntarles a sus padres si pueden ocuparse de los niños, consideran que es su obligación ya que ellos tienen obligaciones laborales mucho más importantes. Desprecian el tiempo libre de sus padres (que en la mayoría de los casos son jubilados) y el descanso que necesitan, merecido después de muchos años trabajando. De hecho, muchos consideran que hacen un favor a sus padres otorgándoles una tarea con la que sentirse necesarios, sin darse cuenta de que pueden tener ganas de dedicar su tiempo a actividades culturales y de ocio que hasta ahora no habían podido realizar.

El hecho de que un abuelo no se queje y parezca contento cuando está con los nietos no significa que tenga que asumir un papel que ya desempeñó en su día y que hoy por hoy no le corresponde. Una cosa es ayudar cuando se necesite y otra muy distinta es participar en todo.


Perjudicial para la salud

En su libro El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del Siglo XXI, el médico español Alejandro Guijarro Morales advierte de que estas situaciones generan mucho estrés y pueden causar cuadros de hipertensión emocional, taquicardia, cansancio extremo, desánimo y problemas metabólicos como la diabetes, entre otros.

Guijarro Morales afirma que la patología "es más habitual de lo que se piensa" y que en general, afecta a mujeres adultas, amas de casa en su mayoría, que durante años han cuidado a sus hijos y nietos si rechistar, hasta que se sienten desbordadas y empiezan a padecer síntomas clínicos.

"Su fortaleza física y psíquica se va deteriorando y se produce un desequilibrio entre lo que tienen que hacer y lo que pueden", observa el médico español en su libro y señala que, en general, son personas que continúan con las tareas "pese a pagar un costo muy alto para su salud". Son incapaces de decir que no, creen que tienen la obligación de ayudar a sus hijos y éstos se aprovechan de ellas, y muchas veces sin ni siquiera dar las gracias por el esfuerzo.


Algunos de los síntomas comunes en personas que padecen este síndrome son:

•    Hipertensión arterial de difícil control, con oscilaciones muy bruscas, aparentemente caprichosas.
•    Molestias paroxísticas: sofocos, taquicardias, palpitaciones en el cuello o el tórax, dolores punzantes por el pecho, que cambian de un lado a otro, dificultad para respirar, mareos, hormigueos, desvanecimientos.
•    Debilidad o decaimiento persistentes, un cansancio extremo desproporcionado respecto a sus actividades actuales.
•    Caídas fortuitas: las piernas no pueden sostener el cuerpo y se caen al suelo, generalmente sin perder el conocimiento. Y con esta edad, cualquier caída puede ser muy grave, sobre todo si se rompen la cadera.
•    Malestar general indefinido: casi nunca se sienten cómodos, a gusto ni relajados, sin saber definir exactamente por qué.
•    Tristeza, desánimo, falta de motivación.
•    Descontrol de padecimientos metabólicos, como la diabetes. Alternan unas elevaciones alarmantes de las glucemias con descensos bruscos peligrosos, provocando mareos e incluso coma.
•    Autoinculpación. Se sienten culpables de su incapacidad actual.


Algunos estudios sobre el síndrome

Según los datos extraídos de un estudio llevado a cabo en el consultorio de Linyola (Lleida), y presentado en el último congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC) celebrado en Madrid, un 42% de los mayores que cuidan a diario de sus nietos mientras sus hijos trabajan sufre ansiedad, estrés y tiene un sentimiento de frustración.

Pero no todo es negativo, señala el doctor Iñaki Martín Lesende, miembro del Grupo de Atención al Mayor de la Sem-FYC. "Para la otra mitad, hacerse cargo de los nietos supone una tarea gratificante que les mantiene activos y con vitalidad. A muchos, esta actividad les permite tener un envejecimiento activo, con todo lo positivo que conlleva este término". Pero es cierto, a decir de Martín Lesende, que muchos abuelos a los que se les ha impuesto el deber diario de cuidar a los hijos de sus retoños se sienten desbordados por la situación. "Esta rutina requiere mucha actividad: levantarse temprano para llevar a los niños al colegio, recogerlos, llevarlos a las actividades extraescolares, darles de comer... Además, ellos sienten -y es así- que esa obligación diaria les limita para hacer otras cosas, como viajar, hacer cursos o cualquiera de las miles de ofertas que hay actualmente para los mayores... Todo eso les lleva a tener sentimientos de frustración muy fuertes, así como ansiedad o estrés".


¿Cuál es la solución?

Obviamente, la solución pasa por denunciar esta situación ante los hijos. Las personas mayores que padecen este síndrome deben darse cuenta de lo que están sufriendo y hacérselo ver a sus vástagos.

Según Guijarro, este síndrome "se puede curar con tan sólo concienciar a las familias a través de los medios de comunicación. Pacientes que antes habrían venido a la consulta, ahora saben de dónde les vienen tantas molestias y están en disposición de combatirlas".

Los médicos de familia recomiendan algo que para muchos no es nada fácil: decir a sus hijos que no pueden hacerse cargo de esa tarea. Los expertos piden a los padres que recuerden que si es agotador cuidar a uno o varios niños, más aún lo es para los mayores de 75 años, máximo cuando este trabajo se les impone como un deber.

Y una vez se tome conciencia de la situación, hay que buscar un arreglo que satisfaga a todos. Contratar a una niñera algunas horas, pedir jornada reducida en el trabajo, buscar actividades extraescolares para los niños que les mantengan más horas en el cole… La solución dependerá de la situación económica de la familia y de las posibilidades de su entorno, pero los padres deben ser conscientes de que sus progenitores ya no son unos niños y de que tienen derecho a vivir su vida y a tener tiempo libre. No se trata de que dejen totalmente de cuidar a sus nietos, sino de que no lo hagan de 8 de la mañana a 8 de la tarde.

Además, tendrán que acordar entre todos las normas y reglas que van a regir el cuidado de los niños, para que luego no haya malentendidos ni problemas. Y, por supuesto, agradecer la ayuda recibida.


Opiniones encontradas

Pero no todos los profesionales de la salud están de acuerdo con la existencia de este síndrome. Para muchos médicos, expertos en Geriatría, es mejor que los niños estén con sus abuelos. Ambos se benefician de ese contacto: a los abuelos les rejuvenece y les alegra, mientras que a los pequeños les enriquece escuchar las historias de sus abuelos y aprender de su experiencia.

Además, opinan que el cansancio, los sofocos y demás síntomas son propios de personas de la tercera edad, pero que no están directamente relacionados con el cuidado de los nietos.

En un punto intermedio entre las dos posturas se encuentra la organización ABUMAR (Abuelos en Marcha) que trata de potenciar la imagen de los abuelos, así como de dignificar su persona hacia los nietos. Marisa Viñes, presidenta de la asociación, reconoce que en su asociación son muchas las abuelas que ayudan a sus hijos y ofrecen una asistencia en las tareas de la casa, pero reconoce que en ningún momento ha conocido casos extremos. Esta asociación persigue precisamente el encuentro intergeneracional y defiende la figura del abuelo y los derechos que tiene hacia sus descendientes.


FUENTE: Marisa Viñes, presidenta de la asociación ABUMAR. El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del Siglo XXI, Alejandro Guijarro Morales. Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC).
Redacción: Irene García.

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