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La paternidad conduce a cambios considerables en las actitudes de riesgo individuales

La paternidad conduce a cambios considerables en las actitudes de riesgo individuales

El estudio realizado en Alemania analizó cómo cambian las actitudes cuando las personas experimentan el evento vital más importante de convertirse en padres utilizando datos para una muestra más grande.

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El análisis utilizó una medida de aversión al riesgo (concepto fundamental a la hora de analizar la toma de decisiones) basada en una encuesta. De promedio, se adivinó que los hombres y las mujeres experimentan un aumento considerable en la aversión al riesgo alrededor del momento del primer parto. Un aumento que, además, comienza incluso dos años antes de que estos se conviertan en padres, un poco más grande después del parto y prácticamente nulo una vez el niño ya ha crecido. Además, al analizar las opciones de riesgo, los resultados indican que el comportamiento del mercado laboral de riesgo no se ve afectado por la paternidad.

 

Se observa en el estudio, por tanto, que la actitud de riesgo tanto de las mujeres como de los hombres es significativamente menor después del nacimiento del primer hijo, lo que indica un aumento de la aversión al riesgo. En el caso de las mujeres, la disminución de las actitudes de riesgo es de 0,6 puntos en el año siguiente al nacimiento del primer hijo, lo que equivale a una caída de más de un cuarto de una desviación considerada “estándar”.  Hasta diez o doce años después del nacimiento del primer niño los efectos siguen siendo de forma significativa algo negativos, aunque tienen un tamaño más pequeño que oscila entre -0,35 y -0,53 puntos.

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Después de esto, los coeficientes de las actitudes de riesgo de las mujeres van aumentando continuamente y ya no pueden ser rechazados para que difieran significativamente del nivel de aversión al riesgo cuatro o más años antes de la paternidad.

 

¿Qué pasa con los hombres?

 

Ellos también se vuelven más reacios al riesgo alrededor del nacimiento de su primer hijo, aunque la estimación de puntos es algo menor para ellos (-0,36 puntos en el año posterior a ser padres). Sin embargo, el nivel de actitud de riesgo es más bajo en el año en que el niño tiene un año (-0,42 puntos). Esto equivale a una disminución de una quinta parte de una desviación estándar. Y, para ambos sexos por igual, los resultados también documentan que las actitudes de riesgo comienzan a disminuir tan pronto como dos años antes del nacimiento del primer hijo.

 

Alrededor de los doce años, es decir, cuando los niños entran en la adolescencia y la pubertad es cuando el impacto del parto en las actitudes de riesgo se vuelve insignificante. Un tiempo que se caracteriza, además, por el aumento de los niveles de autonomía de los niños y la aparición de la independencia de sus padres.

 

Entonces ¿qué es lo que analizó exactamente este estudio?

 

El estudio se basó fundamentalmente, por tanto, en analizar cómo cambian las actitudes de riesgo cuando los individuos se convierten en padres recogiendo, por supuesto, una muestra grande y representativa de individuos. Además, se llevaron a cabo otros análisis en dicho estudio que muestran cambios también en dichas actitudes de riesgo que explican a su vez los cambios que existen en la clasificación ocupacional con respecto al riesgo de lesiones mortales en el trabajo. Particularmente son los hombres y no las mujeres quienes se vuelven mucho más reacios al riesgo cuando se convierten en padres cambian a ocupaciones que tienen un menor riesgo de lesiones.

 

Los resultados…

 

Para la interpretación de los resultados lo que habría que tener en cuenta también es que tener un segundo hijo es completamente insignificante (en lo que al estudio se refiere) lo que indica, por tanto, que convertirse en padre por primera vez cambia las actitudes de riesgo y no como tal el nacimiento del segundo hijo. Pero ¿pasa esto en todos los aspectos?

 

Lo cierto es que estos resultados también fueron encontrados por otros estudios, como es el caso de Lundborg, Petter, Erik Plug and Astrid Würtz Rasmussen quienes muestran en su estudio “¿Can Women have children and a career?” que la participación femenina en el mercado laboral sí se ve afectada significativamente por el nacimiento del primer hijo, pero considerablemente menos por los hijos posteriores. Por su parte, Myrskylä y Margolis encontraron en su estudio que el aumento de la felicidad de los padres también se concentra en el nacimiento de su primer hijo. Lo descubrieron gracias, en parte, al estudio que realizaron en el que vieron cómo cambiaba la felicidad antes y después de que una persona se convirtiese en padre.

 

Todos ellos sugieren, por tanto, que los efectos de las nuevas experiencias como ser padre por primera vez son siempre mucho más fuertes que los efectos de los nacimientos posteriores.

 


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