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Cómo ser buenos padres

Cómo ser buenos padres

Mientras educamos a nuestros hijos y les vemos crecer, nuestra gran preocupación es saber si lo estamos haciendo bien, si estamos formándoles adecuadamente, creando personas íntegras y buenas que podrán labrarse un futuro y ser felices. ¿Cómo saberlo?

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Educar a un niño no es nada fácil; conseguir que sea obediente, respetuoso, tolerante, y además independiente, imaginativo, creativo, activo… no es nada sencillo. Todos intentamos seguir unas pautas, unas reglas, hacer aquello que nos parece más correcto, pero ninguna manera de educar es mejor que otra, depende de cada niño, de cada familia, de nuestros valores morales, de nuestra situación económica y social, etc. ¿Existe una fórmula mágica?

Por desgracia no, pero sí unas pautas que nos pueden ayudar:

- Según Augusto Cury, médico psiquiatra experto en psicología educativa, “un buen padre da regalos a sus hijos; mientras que un padre brillante les da su historia, les habla sobre sus fracasos para que ellos aprendan a vivir con pérdidas y frustraciones, les habla sobre sus lágrimas para que entiendan que ninguna persona puede alcanzar la sabiduría si antes no es capaz de secar sus lágrimas. Es decir, un buen padre prepara a sus hijos para los aplausos; mientras que los padres brillantes les preparan para la resiliencia, para ser capaces de soportar la adversidad, las frustraciones, las decepciones y transformar los días más tristes de su vida en los capítulos más importantes de su historia”.

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El deseo de ser madre

El deseo de ser madre

El deseo de ser madre es un deseo que sale del interior de cada mujer. Hay formas coloquiales de llamar a este deseo como “que ha sonado el despertador de ser madre” como si las ganas de ser madre estuviera dormidas y llega un momento en la vida de toda mujer que empiezan a existir un deseo casi incontrolable de ser madre

Y tambien:

- Lo importante no es la cantidad de tiempo que pasamos con nuestros hijos, sino cómo empleamos ese tiempo. No basta con estar cerca de nuestros hijos vigilando que no se hagan daño o que se porten bien; hay que hablar con ellos, intercambiar experiencias, hablar de nuestro día a día… Una familia que se comunica se conoce.

- Debemos estimular a nuestros hijos desde que nacen, motivándoles a aprender, a superarse, a buscar, a pensar antes de actuar.

- La empatía, tan poco valorada actualmente, es fundamental para poder ser respetuosos y tolerantes con los demás, así como para eliminar el egoísmo de nuestras vidas. Ser capaces de ponernos en el lugar de los otros nos ayuda a ser menos agresivos y más comprensivos.

- En la vida hay que buscar la excelencia, no entendida como la cualidad de ser mejor que los demás o estar por encima de ellos, sino como una meta que nos impulsa a superar las pérdidas, las frustraciones, los reveses de la vida. Que nos ayuda a levantarnos cuando hemos caído, a no desanimarnos.

- Sé un buen ejemplo. Si quieres que sea responsable, que trabaje, que haga sus deberes y se preocupe por sus estudios, debes serlo tú también. Eso vale para cualquier otra faceta: si no quieres que fume, que diga palabrotas o si quieres que coma sano… para conseguirlo, debes ser tú su ejemplo.

- Enséñale autoestima. Valorarse positivamente uno mismo es esencial para poder apreciar a los demás, hacer amigos, tener relaciones sociales sanas, evitar la depresión, etc.
- Lo más importante es estar siempre al lado de tu hijo, haga lo que haga y pase lo que pase. Demostrarle tu amor cada día, no solo de palabra sino también con gestos cariñosos: abrazos, besos…

 

 


Fuente:

Álava, Silvia (2016), Queremos que crezcan felices, Madrid, Actitud de Comunicación.

Fecha de actualización: 18-03-2020

Redacción: Irene García

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