¿A qué edad los niños pueden elegir con quién vivir?

¿A qué edad los niños pueden elegir con quién vivir?
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A menudo muchos matrimonios se divorcian y muchas parejas se separan por diferentes motivos y esto puede acarrear algún que otro problema, sobre todo si se tienen hijos en común. Aunque cuando hay un divorcio o separación  realmente son los niños los que más sufren, no les corresponde a ellos tomar la decisión de con quién vivirán desde ese momento. 

Normalmente, el “egoísmo” de los niños, por llamarlo de alguna manera, pretende mantener a sus padres juntos de cualquier manera. Sin embargo, a medida que pasan los años, las personas van evolucionando y van tomando una serie de decisiones que no tienen el porqué de coincidir con las de sus parejas.


A pesar de que muchos padres crean no tener ya nada en común con su pareja, seguro de que hay algo en lo que sí coinciden: todos ellos desean ver a su hijo feliz. Pero, ¿y si su deseo de que sus padres sigan juntos no es lo que vosotros realmente queréis? No cabe duda de que lo que realmente necesita un hijo es ser feliz, pero no debéis olvidar que para que eso suceda, antes debe tener unos padres felices, ¿no? Aunque esto implique la separación o el divorcio.


Recordad que no hay nada de malo en tomar esa decisión que, aunque al principio no guste a vuestro hijo, con el tiempo se dará cuenta que es más importante vuestra felicidad por separado, ya que esto también le beneficiará a él.


Es importante reflexionar sobre el tema, pues unos padres que no son felices juntos, que no se quieren y que incluso se pasan el día discutiendo o contradiciéndose el uno al otro, no beneficia en absoluto al niño ya que esto puede marcar su desarrollo emocional.

Inculcar modales a los niños

Inculcar modales a los niños

Todo niño está capacitado para adquirir modales y reglas de conducta siempre y cuando sean apropiadas a su edad.  Por supuesto que no puedes esperar que un bebé de 18 meses se comporte perfectamente las 24 horas del día, pero sí puedes inculcarles buena educación desde muy temprano, de modo que puedas ir asentando los cimientos para unas positivas relaciones interpersonales. Te mostramos cómo puedes hacerlo a cada edad


Lo primero que debéis hacer es hablar con tranquilidad y exponerle a vuestro hijo la situación de una manera serena y relajada. En ocasiones, muchos niños tienden a creer que la marcha de uno u otro progenitor es por su culpa. No dejéis que vuestro hijo piense eso. Si podéis llegar a algún acuerdo, probablemente la guarda y la custodia de vuestro hijo será compartida.


Sin embargo, en muchas ocasiones, los divorcios traen consigo una situación muy tensa, y no existen opciones de guarda y custodia compartida para ambos progenitores. En estos casos, la única figura que puede decidir con quién vivirá el niño será un juez. En casos como este, será él quien aplique el artículo 92.6 del Código Civil, en el que se redacta que, "antes de acordar la guarda y custodia del niño, este deberá poseer un informe del Ministerio Fiscal, y escuchar, cuando se estime necesario, a los menores con suficiente capacidad de juicio para explicar las razones que le llevan a querer vivir con uno u otro progenitor". Para mayor concreción, se aplicará el artículo 770.4 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, que dice que "se escuchará a los niños mayores de doce años, pero que nunca será de obligado cumplimiento su opinión al respecto". Por tanto, el menor será escuchado pero será el juez quien decida con quién debe vivir el niño, intentando tener en cuenta la alteración que se pueda producir en la vida del menor o la estabilidad que cada uno de los progenitores pueda ofrecerle para su correcto desarrollo.  


Hoy en día, el marco jurídico de la familia se enmarca dentro de lo que se denomina una capacidad progresiva, contemplada por el nuevo Código Civil, y aunque la edad es un factor notable, no es realmente conditio sine qua non, pues lo que el juez evalúa es la capacidad de madurez que tenga el menor de acuerdo a la de cada uno en particular, es decir, que sea una decisión propia y no influenciada por los padres, ya que en algunas ocasiones, los niños deciden condicionados y no libremente pues se sienten presionados por uno de los dos progenitores o, incluso, por los dos. Muchas veces acaba convirtiéndose en una “batalla” de los padres que afecta negativamente al niño. En definitiva, lo que el juez realmente evalúa es “el interés superior del menor”, teniendo en cuenta su opinión y los argumentos que exponga.


Y recordad que quien decide finalmente es el juez, pues el principal elemento es la aptitud del progenitor para conseguir el mejor interés del niño en cada caso, y de la manera más adecuada. No será hasta la mayoría de edad cuando el niño tenga la capacidad de elegir con quién quiere seguir viviendo. 

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