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"La educación debe conseguir que los niños se enamoren de las actividades", Chema Lázaro

Chema Lázaro es CEO de Niuco y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y UNIR. La II Edición del gran Symposium sobre innovación educativa organizado por la Fundación CINNED y los colegios Brains International School han tenido el placer de contar con él como ponente. Actualmente, Chema se encuentra centrado de lleno en la pequeña startup en la que trabaja (Niuco) por la transformación social y cultural a través de la educación apoyándose en los principios de la neurodidáctica. Formado también en psicopedagogía, aunque ahora completamente centrado en el estudio de la neurodidáctica, y como queremos saber mucho más sobre él… le preguntamos.

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¿Por qué los niños muerden todo?

¿Por qué los niños muerden todo?

Desde los 6 meses que comienzan a llevarse todo a la boca, hasta los 3 años más o menos, todos los niños pasan por una etapa en la que muerden todos los objetos que se llevan a la boca, ya sean blandos, duros, juguetes, comida, la mano de un amigo… Les da igual…

Y tambien:

TodoPapás: Neurociencia y transformación digital. ¿Qué significan para ti ambos términos, Chema?

Chema Lázaro:
 La neurociencia es la disciplina que estudia cómo es y cómo funciona el cerebro. A través de la neuroeducación buscamos cómo aplicar ese conocimiento en función del contexto educativo. En cuanto a la transformación digital, vivimos en un entorno de alta incertidumbre, de cambio constante, donde la información es volátil y en su mayoría digital. En mi caso, aplicar esto en la escuela significa, por ejemplo, cambiar de alumnos que son consumidores a alumnos creadores dentro de ese mundo digital.

TPP: Trabajas por la transformación social y cultural de la educación, pero basándote en los principios de la neurodidáctica. ¿Qué es exactamente la neurodidáctica para ti?

C.L:
Lo primero que hacemos es identificar dentro de la ciencia qué es lo que está funcionando, qué nuevas investigaciones y estudios surgen que podamos aplicar. Por ejemplo, aparece un estudio relacionado a generar sorpresa en el aula y después de asegurarnos de que proviene de un estudio fiable, tratamos de trasladarlo a nuestro contexto, que es el aula. Vemos qué efectos positivos puede tener en nuestro centro y generamos un marco de trabajo sobre el que aplicar nuestros principios. Por último, dependiendo del centro, tratamos de medir el efecto que tiene la incorporación de estas prácticas para ver si ha habido una mejora en los procesos o no.

TPP: ¿Por qué NIUCO? ¿Cómo surgió la idea de crear esta pequeña startup?

C.L:
NIUCO surgió mientras daba clases en un colegio, cuando me pregunté por qué las cosas que estaba utilizando en el aula estaban funcionando. A partir de ahí accedo a diferentes fuentes que me ayudan a comprender el cerebro y cómo funciona. La idea es montar algo que ayude a los profesores a rehacer el mismo camino que yo he hecho, pero de una forma sistematizada, rigurosa y estructurada, con el acceso a fuentes fiables.

Así nace NIUCO, una plataforma para impulsar a los profesores y centros educativos con tal de conseguir un cambio en la cultura educativa, basado en aquellas cosas que realmente funcionan en la educación. El objetivo es adaptarlo a cada contexto y aplicar un modelo nuevo en el que convivan diferentes metodologías.

TPP: ¿Cuál es el objetivo principal de NIUCO? ¿Qué futuro le das?

C.L:
Ahora mismo estamos trabajando en crear un marco de trabajo universal teniendo en cuenta todo lo que hemos hablado de las neurociencias para que los profesores mismos puedan diseñar sus unidades didácticas basándose en los principios que funcionan para que el cerebro aprenda. Queremos que cada profe pueda elegir diferentes metodologías y diferentes estrategias que entren dentro de este marco. En resumen, se trata de un conjunto de herramientas que acompañan a la implementación y evaluación.

Todo esto en un espacio online de calidad que traslade la experiencia de una formación presencial a la plataforma online, donde se pueda trabajar en equipo, generar dinámicas y tener toda la interacción de una formación presencial.

TPP: ¿Cómo es el proceso que seguís en NIUCO para transformar escuelas?

C.L:
Normalmente funciona así: la escuela detecta una necesidad en su centro o entorno y se pone en contacto con nosotros. NIUCO inicia una fase para empatizar, conocer el centro, ver cómo lo hacen y validar aquellas cosas que funcionan, así como reflexionar sobre aquellas que no lo hacen del todo. Con esto se trata de redefinir todo el proyecto educativo e implantar una nueva metodología. Se trabaja en cooperación con el centro, teniendo en cuenta la misión y los valores de cada colegio y tratamos de redefinir un nuevo perfil de profe y un nuevo perfil de alumno. La estrategia está diseñada con el objetivo de alcanzar esos perfiles. Durante este tiempo creamos herramientas para medir la implementación del trabajo y lo ideal es que NIUCO no esté mucho tiempo en el colegio. Este tiene que generar sus estrategias propias de autogestión de su centro.

TPP: Chema, diseñas lugares de aprendizaje donde dotar al cerebro de mayor neurofuncionalidad. Pero ¿en qué consiste esto exactamente? ¿Cuál es el reto principal?

C.L:
Una vez conocemos cómo funciona el cerebro y qué cosas hacen que se active, toca diseñar una experiencia formativa completa de inicio a fin vertebrada por esos conocimientos. Por ejemplo, sabemos que la memoria trabaja codificando la información para luego integrarla y, en algún momento, recuperarla. Sabiendo esto, preparo una unidad didáctica donde todos estos fenómenos puedan ocurrir y poco a poco voy incluyendo más variables, como por ejemplo la atención o la motivación.

De todas estas funciones hay algunas que funcionan a través de áreas subcorticales del cerebro y que se encargan, digamos, de acciones más involuntarias, donde el contexto y la tipología de la actividad tienen un papel fundamental a la hora de conseguir que el cerebro se enganche. Es la parte de funciones ejecutivas, que se puede mejorar, en cuanto que haya entrenamiento. No existe una zona más importante que otra ya que el cerebro es un órgano holístico e interconectado. Para que realice un buen trabajo de función ejecutiva es esencial que haya una activación emocional intensa.

TPP: Entonces para ti, ¿transformar la educación es posible?

C.L:
No es que sea posible, es que se está haciendo y así lo demuestran los hechos. Actualmente se está intentando poner atención sobre la sociedad y los contextos de los centros educativos para mejorarlos. Incluso estamos identificando dificultades que hay a nivel mundial en la sociedad y desde la educación les estamos intentando dar respuesta. Esta transformación está en pleno proceso. 

TPP: ¿Cuáles son las habilidades y competencias que les faltan a los profesores y educadores en la actualidad?

C.L:
Sin duda, creo que un educador del siglo XXI debe adoptar el papel de un agente de cultura y saber que a través de la cultura va a transformar lo que se proponga. En la era de la posverdad, el educador debe tener un pensamiento crítico muy desarrollado para que nadie le venda la idea de que algo es lo mejor, aunque no se ajuste al contexto educativo en el que se encuentre.

TPP: ¿Podríamos tener algún culpable de que la educación del siglo XXI tenga tantas carencias?

C.L:
No hay culpables, creo que se debe a un factor sistémico. Simplemente hemos puesto demasiado el foco en cómo hacer las cosas y eso nos ha llevado al punto en el que nos encontramos. Ahora nos estamos fijando en el para qué hacemos ciertas cosas y se trata de un salto cualitativo en la reflexión educativa. Cada vez los centros son más críticos y tienen mayores posibilidades en la toma de decisiones.

TPP: ¿Cómo podrían, según tu propia experiencia, los niños enamorarse de las actividades que hacen en las escuelas?

C.L:
Depende del diseño que realice cada profesor. Creo que cuando el aprendizaje tiene un propósito para el alumno se genera en gran parte eso que decimos de “enamorarse de las actividades”. Se consigue cuanto más se fomenta la autonomía del niño dentro de ese diseño.

TPP: Lo cierto es que los niños entre los 2 y los 5 años son como esponjas que absorben todo lo que pillan a su paso. Sin embargo, con el paso de los años parece más complicado captar su atención. ¿Algún consejo para captar su atención?

C.L:
Depende del tipo de atención del que estemos hablando. Sabemos que la atención es un recurso limitado y que funciona a través de un conjunto de redes atencionales. En un primer momento hay una atención de alerta que es involuntaria y que es la que el profesor debe saber captar, sobre todo en un mundo sobre estimulado.  Para esto hay un montón de recursos relacionados con las emociones: la sorpresa, la curiosidad, la admiración e incluso el miedo. Luego está toda la parte más de trabajo cooperativo, ejercicio social y ejercicio físico, que hace que toda la red voluntaria se ponga en activo.

Sin embargo, una vez captada esta red de alerta, toca entrenar la concentración, que es una función ejecutiva. Aquí lo que tienen que hacer los profesores es generar espacios de silencio, donde se les brinde tiempo para contestar a las preguntas, donde el material les llegue de forma multisensorial… Todo esto hará que esa concentración funcione muchísimo mejor.

TPP: ¿Cómo pueden hacer profesores y educadores para que los alumnos tengan un papel activo en su educación?

C.L:
Debemos tener cuidado con esto porque entender que el alumno es activo no quiere decir que pueda hacer lo que quiera. Hay muchas cosas que no les gusta hacer simplemente porque no las conocen. Los alumnos son más activos cuando están más implicados en la toma de decisiones de la vida del aula. La autonomía a través de metodologías que pongan en el centro el hacer del niño va a permitir que sean mucho más activos en el aprendizaje. Hay que cambiar el estilo comunicativo y entender que el alumno es también un emisor dentro de este paradigma pedagógico.

TPP: Los alumnos pasan la vida estudiando el contenido examen tras examen, y todo ello para después “vomitarlo” en el examen que tendrán después. De ahí el concepto “educación bulímica” que para la neurociencia no sirve en absoluto. Entonces ¿por qué se sigue implantando en las escuelas, colegios, institutos y universidades?

C.L:
Porque hacemos una evaluación solo sobre lo que vemos, centrada específicamente en unos tipos de memoria concretos, que son las que somos capaces de evaluar y ver, memorias semánticas y memorias episódicas. Es más importante el proceso de construcción hasta llegar a ese contenido.

TPP: Algunos profesores de Universidad han dicho en algunas entrevistas que el control político es, en parte, causante de dicha situación (educación bulímica) con el fin único de tener a gente sumisa, que no aprende y sin pensamiento crítico. ¿Qué piensas tú de todo esto? ¿Consideras tú que un gran culpable de la educación bulímica podría ser el control político?

C.L:
Quizás, desde luego si educamos para que reproduzcan cosas, tendremos sujetos libre pensadores. Si educamos para que cada uno con la información genere una nueva opinión estaremos generando una sociedad más justa, donde la gente pueda pensar libremente. No es tan importante poner el foco en que a los alumnos les enseñamos cosas, sino que les estamos enseñando a cómo relacionarse con las cosas. Yo soy un amante de la cultura y el conocimiento porque creo que es lo que más libre hace a las personas.

TPP: Por último, ¿más proyectos en mente por el momento?

C.L:
Estamos diseñando una formación para niños llamada “Reconoce tu cerebro” para contarles cómo funciona su cerebro. Se trata de que no solo los profes conozcan las mejores estrategias, sino que el propio alumnado conozca el funcionamiento de su órgano de aprendizaje y sepa qué cosas le vienen bien y cuáles le vienen mal. Que tomen conciencia de su alimentación, del sueño, del ejercicio físico, de que tienen un cerebro práctico y sobre todo de que lo que se les da mal hoy, mañana puede ser que lo mejoren a base de trabajo y perseverancia.


Fecha de actualización: 02-12-2019

Redacción: Ana Ruiz

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