Entrevista: Augusto Cury. Psiquiatra

Entrevista: Augusto Cury. Psiquiatra
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Médico psiquiatra, de los libros que ha publicado en los últimos ocho años, cuatro son líderes indiscutibles de ventas en Brasil y Portugal. Las ediciones en portugués de Nunca renuncies a tus sueños, Padres brillantes, maestros fascinantes y Cambia tu vida han permanecido en las listas de los más vendidos durante un año, gracias a los más de dos millones de ejemplares distribuidos en Brasil. Sus ideas, pioneras en psicología educativa, se han adaptado como cursos de posgrado. Dirige la Academia  de Inteligencia, un centro académico sobre «psicología preventiva» para maestros y profesionales de la salud mental.

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“Un buen padre prepara a sus hijos para los aplausos; mientras que los padres brillantes les preparan para la resiliencia, es decir, para ser capaces de soportar la adversidad, las frustraciones, las decepciones y transformar los días más tristes de su vida en los capítulos más importantes de su historia”

TodoPapás: Tanto en Brasil como en Portugal sus libros son muy vendidos y conocidos. ¿Cómo empezó a escribir?

Augusto Cury: Yo soy psiquiatra y psicoterapeuta, y a lo largo de mi carrera he desarrollado una nueva teoría sobre el funcionamiento de la mente, la construcción del pensamiento y la formación de pensadores. Escribí 3.000 páginas sobre esta teoría y después comencé a publicarlas. Esta tesis trata algunos fenómenos originales, por ejemplo, aquellos que son la base de la construcción de las ideas, cómo nosotros entramos en nuestra memoria y en milésimas de segundo abrimos las ventanas del córtex cerebral y encontramos los elementos que constituyen las cadenas de ideas (como las conjugaciones de los verbos, etc). Por lo tanto, publicar fue una consecuencia directa de mi producción de conocimiento a lo largo de todos estos años.

TPP: ¿Cuál es la premisa indispensable para ser un “Padre Brillante”?

AC: Un buen padre da regalos a sus hijos; mientras que un padre brillante les da su historia, les habla sobre sus fracasos para que ellos aprendan a vivir con pérdidas y frustraciones, les habla sobre sus lágrimas para que sus hijos entiendan que ninguna persona puede alcanzar la sabiduría si antes no es capaz de secar sus lágrimas. Un buen padre prepara a sus hijos para los aplausos; mientras que los padres brillantes les preparan para la resiliencia, es decir, para ser capaces de soportar la adversidad, las frustraciones, las decepciones y transformar los días más tristes de su vida en los capítulos más importantes de su historia. Los padres brillantes revelan desde pequeños a sus hijos que la vida tiene sus éxitos y sus fracasos, abrazos y golpes, abucheos y aplausos. La vida tiene fluctuaciones y hay que preparar a nuestros hijos para estas fluctuaciones, para que aprendan a proteger sus emociones y se conviertan en líderes del teatro de la mente; que sepan manejar sus pensamientos para sobrevivir a esta sociedad que se ha convertido en una fábrica de personas ansiosas y estresadas.

TPP: ¿Y para ser un “Maestro Fascinante”?

AC: Es necesario más que conocer los contenidos técnicos (matemáticas, física, química), que sepan manejar las emociones estimulando a los alumnos a interiorizar, a desarrollar el arte de la observación, la capacidad de crítica, de pensar. Los maestros deberían hacer un break de 5 o 10 minutos a la semana para contar a sus alumnos un poco de su historia: de sus aventuras, de sus sueños, de sus dificultades… para que éstos entiendan que detrás de una persona que transmite informaciones hay una persona que superó obstáculos, se enfrentó a sus angustias y escribió una historia rica que debe ser conocida. Los maestros que son solo transmisores de información, que no abren su mundo al de sus alumnos, no consiguen estimular la conciencia crítica, ni la capacidad de pensamiento ni la tolerancia. 

TPP: La Memoria Anual de 2008 de la Fiscalía General del Estado de España refleja un incremento preocupante de delitos cometidos por menores, así como de hijos que pegan a sus padres, ¿han perdido los chicos el respeto? ¿Está nuestra sociedad “enferma”?

AC: La situación que vivimos actualmente es muy grave. La violencia está en todas partes: entre jóvenes, entre padres, entre hijos y padres, entre alumnos y maestros. Este problema va más allá de la falta de límites, de la falta de disciplina; es algo más profundo y serio que los psicólogos llevamos tiempo estudiando.

El problema es que hemos alterado los ritmos de construcción del pensamiento desarrollando un nuevo síndrome en esta sociedad de consumo llamado “Síndrome del pensamiento acelerado”, que consiste en un aumento de la velocidad de los pensamientos que tiene como efecto una disminución de la capacidad de concentración y un aumento de la ansiedad. Este síndrome está generado por la enorme cantidad de estímulos a los que están expuestos los niños y jóvenes.

En el pasado, la cantidad de información disponible se duplicaba cada 200 años, mientras que hoy lo hace cada 5. El exceso de información es registrado por una función del pensamiento llamada fenómeno RAM (Registro Automático de la Memoria). En los ordenadores los usuarios registran la cantidad de información que deseen en el momento que deseen. Pero la memoria humana no funciona así. Todas aquellas informaciones que no están elaboradas no generan un conocimiento; esta falta de conocimiento no genera experiencias, que a su vez no se transforman en sabiduría. Son como piezas no trabajadas que se almacenan en la memoria como una caja de basura, creando una velocidad de pensamiento nunca antes vista.

Como consecuencia de esto, los jóvenes están estresados, sin concentración, con bajo nivel de memoria, alienados, agresivos, sin paciencia, no se colocan en el lugar de los otros. Ellos solo se dedican a jugar, criticar, condenar, herir a sus amigos y familiares… Algunos estudios muestran que el 45% de los jóvenes sufre algún tipo de agresión física o emocional.

El síndrome del pensamiento acelerado provoca una ansiedad y una agitación mental sin precedente, pero también provoca síntomas psicosomáticos como dolor de cabeza, fatiga excesiva, cansancio, dolores de garganta, taquicardia…

Esta sociedad ansiosa y consumista ha generado jóvenes que no saben interiorizar, no saben desarrollar el arte de la observación, no saben manejar sus pensamientos ni proteger sus emociones…

Probablemente un joven de 7 años tiene más información en su memoria y más pensamientos hiperacelerados que un emperador romano que dominaba el mundo hace 2.000 años. La televisión muestra más de 60 personajes con diferentes características de personalidad; el emperador no tenía a su alrededor a 60 personas tan diferentes conversando. En una hora, la televisión cambia de escenario más de mil veces, mientras que un emperador romano cambiaba algunas veces al día de escena y ambiente. Todos esos cambios quedan registrados en la mente formando una hiperconstrucción de pensamientos y consecuentemente una ansiedad colectiva que dificulta la capacidad de trabajar pérdidas y frustraciones, de ser pacientes, altruistas.

TPP: También para los profesores es cada vez más difícil enseñar, llegando incluso a ser agredidos por alumnos y padres. ¿Cree que hace falta más autoridad en las aulas o quizá adaptar los métodos educativos tradicionales?

AC: Para mí los profesores son las personas más importantes de la sociedad, deberían trabajar diez veces menos y ganar dos veces más porque con una mano un profesor escribe en la pizarra y con la otra mueven el mundo al educar a un niño. Por lo tanto, deberían darles las condiciones necesarias para que puedan enseñar.

Asimismo, en las clases de 30-40 alumnos es imposible tener un trato individualizado, lo cual  dificulta la formación de la persona, el desarrollo del intelecto. Además, debería haber en el aula música ambiente durante la exposición de las diferentes materias para desacelerar el pensamiento y aliviar el estrés y la ansiedad. Los alumnos deberían sentarse en círculo o en U, nunca en filas ya que esta disposición hace que los fenómenos RAM activen una jerarquía y contraen la libertad creativa, la capacidad de debatir las ideas. Los jóvenes desarrollan traumas y bloquean su inteligencia. Los maestros no deben ser solo transmisores de información, sino también enseñar el arte de la duda, cuestionando los conocimientos constantemente porque la duda estimula la curiosidad, la asimilación, los registros, la reproducción de las informaciones… Hay que estimularles para que se conviertan en pensadores.

TPP: La educación debe empezar desde pequeños, pero muchos padres pasan casi todo el día fuera de casa trabajando y delegan esta función en los colegios…

AC: Es un problema mundial. Desgraciadamente el tiempo que los padres pueden dedicar a sus hijos es muy pequeño, en especial el de las mujeres que aún están discriminadas con respecto a los hombres y tienen que trabajar más para lograr acceder a los puestos de dirección, sin contar con que tienen que cumplir con su papel de mujer, de madre, de administradora de la casa… ¿Qué hacer? Se habla mucho sobre el tiempo de calidad pero no basta con calidad, no basta con estar juntos, es necesario intercambiar experiencias. Por ejemplo, los padres deberían de vez en cuando preguntar a sus hijos por los días más tristes de su vida y hablar sobre los días más difíciles de su historia, saber cuáles son las mayores dificultades que deben atravesar, sus fracasos, sus angustias, los conflictos con los compañeros… Cuando se conversa se desarrolla un razonamiento más profundo y filosófico, más existencial. Se humanizan las relaciones y se invita a los jóvenes a vivir la vida como un espectáculo único en el que hay lágrimas y risas, éxitos y fracasos, elogios y desprecios.

TPP: ¿Qué directrices básicas debe seguir un padre para lograr formar niños y adolescentes sociables, felices, libres y emprendedores?

AC: En mi libro Hijos brillantes, alumnos fascinantes explico cuáles son los puntos fundamentales:

1- Estimular a los hijos y alumnos a aprender a pensar antes de reaccionar.

2- Hacer la oración de los sabios. Una persona que se comporta de acuerdo al binomio agresión por agresión, acción-reacción, es apto para convivir con máquinas pero no con seres humanos. Es necesario tener flexibilidad, llevar a cabo el silencio proactivo: cuando alguien te ofende o comete una injusticia, en vez de actuar, parar y reflexionar sobre quién nos ha herido, por qué, en qué circunstancias, etc.  

3- Colocarse en el lugar de los otros. La empatía es una de las funciones más importantes del intelecto que menos desarrollada está. Si una persona mira a los ojos de los otros se hará más tolerante, más generoso, menos frío y agresivo.

4- Buscar la excelencia, desarrollar la capacidad de una persona para soportar la diversidad y mantener su integridad. En la física, un material es más excelente cuanto más mantiene su integridad. El cristal parece fuerte, pero si le das un golpe se quiebra; al igual, muchas personas intelectuales, psicólogos, físicos… tienen un bajo nivel de resistencia y se derriten como el hielo bajo el sol de mediodía ante cualquier crítica.

Los padres y los maestros deben estimular a desarrollar la excelencia para poder superar sus pérdidas y frustraciones, para poder afrontar sus dolores, sus crisis, sus dificultades con dignidad y consecuentemente desarrollar la inteligencia para hacerse más maduro, más altruista, más profundo, más solidario.

TPP: ¿Cómo surgió la Academia de la Inteligencia? ¿Cuál es su propósito? ¿A quién está destinada?

AC: La Academia de la Inteligencia es un proyecto que he desarrollado en los últimos años y que contiene los pensamientos de varios autores como Freud, Vigotsky, Gardener, etc.; de filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín o tantos otros y también mi teoría: la psicología multifocal, que estudia la construcción de pensamientos y el conocimiento del pensamiento.

El objetivo del proyecto es introducir en la matriz curricular de una persona una sesión por semana sobre las construcciones de la inteligencia. Los profesores que acuden a estas clases reciben las enseñanzas de mi equipo y con material didáctico van escuchando historias sobre cómo tener una educación responsable, cómo proteger las emociones… La Academia de la Inteligencia proporciona las herramientas y después los alumnos comienzan a discutir cómo trabajar con ellas para poder proteger sus emociones y consecuentemente construir sus conocimientos y así adquirir la habilidad para sobrevivir a esta sociedad que nos transforma en una tarjeta de crédito, un número de pasaporte, y convertirnos en una persona completa y no meros consumidores de servicios. Los alumnos acaban aprendiendo a hacer el viaje más importante que un ser humano debe emprender en esta bellísima y durísima tragedia que es la existencia: un viaje a su interior.

Tanto mis libros como la Academia de Inteligencia tienen como objetivo formar pensadores; desarrollar las funciones más importantes de la inteligencia (pensar antes de actuar, colocarse en el lugar de los demás, liberar la creatividad, proteger las emociones, consolidar la autoestima, desarrollar la conciencia crítica); estimular el carácter honesto, emprendedor, la disciplina, la tolerancia; proporcionar las herramientas para prevenir trastornos psíquicos; y enriquecer las relaciones a través del diálogo, el debate de ideas, la educación para la paz y el trabajo en equipo.


Hijos brillantes, alumnos fascinantes

Necesitamos jóvenes que tengan una emocionalidad rica, protegida e integrada. Ellos son el futuro.

El doctor Augusto Cury reflejó en Padres brillantes, maestros fascinantes las opiniones de padres, psicólogos, médicos y pedagogos acerca de la educación. Ahora, con Hijos brillantes, alumnos fascinantes ha llegado el momento de hablar con los propios jóvenes sobre sus pensamientos, conflictos y deseos.

Cada uno de los capítulos que forman esta obra nos narra la historia de un adolescente que se ha sentido herido por la vida y rechazado por la sociedad. Sin embargo, todos ellos han aprendido a superarse y a recuperar la confianza en sí mismos y la esperanza en un futuro mejor.

Este libro nos ayudará a comprender por qué la juventud se ha encerrado en sí misma, ha perdido la ilusión y la capacidad de discusión, y nos proporcionará herramientas de apoyo para los jóvenes y los no tan jóvenes.

Redacción: Irene García

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