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Miedo infantil a los perros

Miedo infantil a los perros

La infancia es una etapa donde los niños experimentan nuevas sensaciones y sentimientos, además de conocer todo lo que les rodea, desde objetos hasta animales. Los perros dicen “son el mejor amigo del hombre” y desde que los niños son muy pequeños mantienen una muy buena conexión con ellos, pero si en un primer acercamiento se genera una mala interacción entre ambos esto podría derivar en un miedo prolongado en el tiempo, especialmente para los más pequeños.

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Está comprobado que la calidad de vida de las personas mejora cuando disfrutan de la compañía de una mascota. Ayudan a reducir el estrés, facilitan la diversión, preservan el equilibrio físico y mental de sus dueños, aumentan la longevidad y disminuyen los índices de depresión. En el caso de los niños pequeños, por ejemplo, el papel que juegan es más importante ya que contribuyen a su desarrollo social y a su educación. De una forma u otra les obligan a asumir ciertas responsabilidades con el cuidado del animal y les proporciona una autoestima algo más elevada, además, ayudan a una mejor integración de las familias. Los niños desarrollan también sentimientos de seguridad y competencia, la capacidad de cuidar de alguien y fomentan el respeto por los demás seres vivos. Pero, es fundamental la primera impresión.

 

Una adecuada presentación perro-niño es necesaria para que poco a poco se acerquen con mayor confianza y seguridad. Por desgracia no siempre se da este caso y los niños y niñas sienten rechazo y, en ocasiones, un intenso miedo. De todos modos, es una situación a la que se le puede poner remedio. Muchas veces el miedo que sienten los niños es infundado por su propia consciencia hacia cosas que creen que les pueden hacer daño. Al ser tan pequeños no saben realmente que cosas son buenas o cuales son malas y, por lo tanto, interpretan que, muchas cosas, ya sean personas o animales que no conocen o no que habían visto antes puedan ser una posible amenaza.

 

Por lo general, la primera toma de contacto de un niño con los perros no es traumática, aunque estos tienden a mostrarse algo más inseguros y cautelosos, sobre todo, en función del tamaño del animal. Es necesario darles su tiempo y nunca obligarlos a acercarse al perro porque esto podría derivar en que la situación se volviera violenta. Además, hay que tener en cuenta que los propios perros tienen que oler y acercarse a su ritmo al niño, así que dejar que todo siga su curso es la mejor opción.

 

Si el niño o la niña presenta un miedo irrefrenable y repentino al acercarse a un animal puede que ya haya vivido una situación que lo haya dejado marcado para toda la vida. Puede, incluso, que sus progenitores no estuvieran presentes, pero hay que tener en cuenta que los menores no saben prácticamente dimensionar las situaciones de peligro y quizás algo muy leve para ellos sea algo muy impactante. No obstante, el verdadero problema surge cuando el miedo pasa a convertirse en una fobia. Ambas sensaciones activan respuestas físicas, cognitivas y emocionales cuando la persona se enfrenta a situaciones que le producen temor. La diferencia radica en la intensidad con la que se manifiestan estas respuestas. El miedo es normal y puede ser controlado, mientras que las fobias son un trastorno psicológico que debe ser tratado por un especialista.

 

Desarrollar una fobia a los perros hoy en día es una enorme complicación si tenemos en cuenta que estos animales están por todas partes cuando salimos a la calle. Esta fobia se denomina cinofobia la cual produce un miedo y rechazo desmedido a estos animales en todo tipo de situaciones, sea viéndolos en persona o a través de la televisión, por ejemplo. En los casos más extremos este tipo de padecimientos pueden llevar a una persona a evitar salir a la calle con tal de no cruzarse con perros. Para evitar esta clase de trastornos y miedos en los niños se debe realizar el primer acercamiento siguiendo una serie de pautas que harán de esta experiencia un momento agradable para los pequeños y no una experiencia negativa.

 

1- Acercarse lentamente y con la mano extendida de modo que el animal pueda oler e identificar a la persona que se le está acercando. Los perros reaccionan ante estímulos, así que si ven un niño corriendo como loco hacia él probablemente se asuste y desconfíe.

 

2- Evitar que los niños se acerquen a perros callejeros ya que estos serán más desconfiados al contacto con las personas y pueden reaccionar de manera agresiva causando una mala experiencia para ellos.

 

3- Pedir permiso siempre al dueño para acercarse a su perro, creando de esta manera un mediador entre el animal y el niño. Nadie conoce más a su mascota que el dueño, así que podrá dar algunas pautas sobre cómo acercarse y sobre las cosas que no le gustan a su perro.

 

En el caso de que el miedo a estos animales ya exista y queramos ayudarle a superarlo lo primero que hay que conseguir es que su imagen sobre el perro cambie. Es importante apoyarlo para que enfrente su miedo, aunque siempre teniendo claro que deberá hacerlo a su ritmo y sin forzar las situaciones. Si se cruza, por ejemplo, con un perro por la calle no deberá evitarlo para que poco a poco pueda ir acostumbrándose a su presencia.

 

No hay que exponer a los niños a situaciones desagradables, si no le gustan los perros es comprensible, pero hay que evitar que viva con ese miedo. Tampoco se recomienda dejar a los niños a solas con estos animales ya que no disciernen los límites y pueden terminar agobiando al animal y este teniendo una reacción negativa.


Fecha de actualización: 07-06-2019

Redacción: Andrea Rivero

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