¿Las redes sociales realmente son malas para los niños?

¿Las redes sociales realmente son malas para los niños?
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Las redes sociales se han convertido en un fenómeno odiado y amado a partes iguales. Todo el mundo está en las redes sociales, incluso niños pequeños, pero a la vez todo el mundo se queja de los efectos perjudiciales de las redes sociales: acoso, humillaciones, insultos… ¿Son malas o no? ¿Debemos dejar que nuestros hijos tengan acceso a ellas?

El 30 de enero, el grupo de defensa de la infancia Campaña por una Niñez Libre de Comerciantes (CCFC, por sus siglas en inglés) escribió una carta a Facebook solicitando que abandonaran los planes para crear un servicio de mensajería solo para niños. CCFC afirmaba que las redes sociales causan depresión juvenil y que es "muy probable que esta nueva aplicación socave el desarrollo saludable de los niños".


El 4 de febrero, el grupo de defensa Common Sense Media (CSM) se asoció con algunos ex ejecutivos de tecnología para lanzar un "lobby y una campaña publicitaria para luchar contra la adicción a la tecnología", aunque la "adicción a la tecnología" aún no tiene un diagnóstico claro.


Estas campañas de concienciación demonizan las redes sociales, lo que puede causar alarma en algunos padres que dejan que sus hijos usen smartphones y tengan abiertos perfiles en diversas redes sociales. Pero, ¿realmente son tan perjudiciales?


Es importante entender que el pánico moral -la tendencia a echarle la culpa de las preocupaciones sociales reales o imaginarias a un chivo expiatorio- no es un invento moderno. Veinte años atrás, nos preocupaba si los videojuegos violentos estaban causando los tiroteos masivos. Pero la investigación no pudo corroborar vínculos claros entre ellos, y los criminólogos ahora consideran que esta relación es un "mito".

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Este patrón cíclico resultaba evidente en una encuesta reciente que realizó Slate. Descubrió que los padres estaban menos preocupados por los juegos violentos y la agresión. En cambio, las preocupaciones sobre la adicción a la tecnología eran muy comunes. (Que los padres de la encuesta pasaran más tiempo en las pantallas que sus hijos no pareció calmar sus preocupaciones).


Este miedo es alimentado por titulares sobre supuestos vínculos entre las redes sociales, los smartphones y resultados terribles como el suicidio o la adicción. Pero encontrar pruebas para respaldar estas relaciones es muy complicado.


Por ejemplo, las afirmaciones de CCFC sobre que el uso de las redes sociales está vinculado con la depresión se apoyan en un estudio del Dr. Jean Twenge que relaciona el uso de teléfonos inteligentes con la depresión en la juventud. Pero esto parece ser una tergiversación de los datos, esta correlación es de tamaño trivial y es poco probable que sea notable en el público en general. El Dr. Andrew Przybylski, por ejemplo, explicaba que, si lees el estudio con detenimiento, puedes sacar la siguiente conclusión: “Basado en el mismo conjunto de datos, comer patatas tiene exactamente el mismo efecto negativo sobre la depresión. El impacto negativo de escuchar música es 13 veces mayor que el efecto de las redes sociales”.


El tiempo pasado en las redes sociales es en realidad un mal predictor de la salud mental. En un estudio reciente de más de 400 adultos jóvenes, Chloe Berryman, Charles Negy y Chris Ferguson descubrieron que ni el tiempo pasado en las redes sociales ni la importancia que se les daba a las mismas predecían la salud mental o el suicidio.


Sin embargo, algunos comportamientos, como "vaguebooking" (buscar atención en las redes a través de mensajes vagamente alarmantes), sí sirvieron como bandera roja para los pensamientos suicidas. Así, diversos estudios confirman que el uso que se le da a las redes sociales es más importante que si uno las usa o no.


Aunque la prevalencia del suicidio ha aumentado en los últimos años, parece que esto no tiene nada que ver con el uso de las redes sociales. Los recientes aumentos en el suicidio no se limitan a los jóvenes que usan las redes sociales, casi todos los grupos de edad han visto incrementadas sus tasas de suicidio, lo que sugiere que son cambios más profundos de  la sociedad los responsables.


Por otra parte, CSM se centra más en la adicción a la tecnología, pero este es un tema todavía controvertido. Faltan evidencias y pruebas para afirmar que los jóvenes experimentan algo así como una adicción generalizada (en lugar de que los adultos simplemente se molestan con los jóvenes que hacen las cosas de manera diferente). Muchos académicos han criticado los esfuerzos por utilizar la terminología de la "adicción". Recientemente, UNICEF advirtió sobre el uso de un lenguaje de "adicción" al discutir el uso de la tecnología por parte de los jóvenes. Por lo tanto, es un tema que no está nada claro.


Además, antes de entrar en pánico y tirar el móvil de nuestros hijos por la ventana, hay que tener en cuenta quiénes están detrás de estas afirmaciones. Tanto CCFC como CSM son grupos de defensa que tienden a generar inquietudes sobre los medios para solicitar donaciones, lo que no significa que actúen de mala fe, pero hay que poner sus afirmaciones en cuarentena.


A pesar de todo, es cierto que las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden ser peligrosas si no se usan con sentido común. Quizá adicción no creen, pero sí obsesión (no hay más que ver a los chicos pegados todo el día al móvil y, si se quedan sin batería o se lo olvidan, es un auténtico drama). Y, por supuesto, las redes tienen muchos peligros como el ciberacoso, pero de ahí a decir que aumentan la probabilidad de suicidarse, va un mundo.


No obstante, aunque no haya que causar alarma, sí que debemos, como padres, limitar el uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales e impulsar la socialización real de nuestros hijos. Enseñarles a usar las redes con cabeza y a evitar los peligros de las mismas.


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Fecha de actualización: 09-03-2018

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