Aprender a estudiar desde pequeños

Aprender a estudiar desde pequeños
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Para aprender a estudiar se necesita algo mucho más importante que la inteligencia: la voluntad. El valor que se le da al estudio y los hábitos adquiridos desde bien pequeños son cruciales para que a medida que el niño crece no sienta pereza en el estudio y le motive en su aprendizaje. Con voluntad y metas se puede llegar a dónde uno se proponga.

Todo ser humano es capaz de aprender, y aquel que sepa leer sabrá estudiar. Habrá niños que tengan más facilidad de estudio que otros, pero todos y cada uno de ellos necesitará voluntad para hacerlo, porque por mucha facilidad que se tenga para el estudio y el aprendizaje si no existe motivación y voluntad para hacerlo, no servirá de nada.

 

Para que desde pequeños empiecen a estudiar y lo adquieran como un hábito necesitarán una buena disciplina y constancia. Esto es como el deporte, si eres el mejor en un deporte pero no eres capaz de lograr muchas horas de entrenamiento y esfuerzo no se logrará llegar a la meta. Pero se debe empezar desde pequeños y desde casa.

 

Desde pequeños

 

Como comento en líneas anteriores se necesitará disciplina para que el niño adquiera un buen hábito de estudio. Un niño que en los primeros años de educación va bien, en casa los padres pueden optar por despreocuparse de que el menor siga unos buenos hábitos de estudio. Esto es un error, porque ¿qué pasa cuando llegan cursos superiores donde la exigencia es mayor? Que los niños no saben estudiar, no saben por dónde tienen que empezar, se frustran y empiezan a llegar las malas notas y la mala relación con los estudios y la escuela. Pero lo peor no es sólo que empiecen a sacar malas notas, es que los niños comienzan a sentirse mal y sufrir.  Todo esto se puede evitar si se trabaja desde pequeños.

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La responsabilidad de que los niños aprendan a estudiar no está en el colegio, en el colegio se aprenden los conocimientos, pero la educación y  aprender a aprender es otra cosa y se debe potenciar desde casa con la guía y el apoyo incondicional de los padres, guiando de forma positiva. Los profesores pueden guiar al alumno en sus estudios, pero si después no se pone en práctica no sirve absolutamente para nada.

 

Disciplina y constancia

 

La disciplina se adquiere con la constancia. Para que un niño aprenda a estudiar deberá hacer todos los días lo mismo siguiendo una rutina de trabajo. Por ejemplo, cuando se llega a casa de la escuela deberá tener un tiempo de relax para merendar, hablar sobre el día, descansar y cuando pase un tiempo prudencial ponerse a estudiar y a hacer las tareas escolares.  Sin discusiones, es lo que se tiene que hacer.

 

Si es necesario se puede crear un horario para todas las tardes de la semana con las actividades a realizar, para que le sirva como guía y lo interiorice, por supuesto se deberá cumplir.

 

Debe entender que tiene unas responsabilidades que debe cumplir igual que lo hacemos todos. Si al principio el niño se muestra reticente se puede crear un sistema de puntos para que adquiera el hábito (que más adelante habrá que quitar de forma gradual cuando ya sea capaz de hacer las cosas por sí mismo).

 

Si el niño es demasiado pequeño y no tiene deberes de la escuela, no es excusa, se deberá dedicar una hora en la tarde para que lea un cuento, haga un puzzle, dibuje, recorte o haga manualidades. De este modo y poco a poco sabrá que por la tarde debe dedicar un tiempo a aprender.

 

Al principio los padres son los encargados de estar con ellos cada día sin excepción para que adquieran el hábito. Después y poco a poco se les podrá ir dejando algo de margen para que cojan esa autonomía y se acostumbren a ponerse ellos solos a hacer sus cosas.

 

Tiempo de estudio y tiempo de descanso

 

Un niño de 7 años (por poner un ejemplo de edad) que se pasa toda la tarde delante de los libros sin hacer nada es tiempo perdido. Por ello necesitará que se le marquen un tiempo de estudio (productivo) y un tiempo de descanso (menor que el tiempo de estudio).

 

Igual que es importante estudiar lo es tener un tiempo de ocio y de descanso. Siempre después (y nunca antes) del tiempo de estudio los niños deben descansar y dedicar el tiempo a lo que ellos quieran como ocio, como premio al esfuerzo invertido. Este tiempo de ocio también debe estar controlado, igual que se hace con el tiempo de estudio.

 

Sin agobios

 

Para que se pueda adquirir el hábito el niño no debe sentirse agobiado ni presionado, él mismo debe ver y entender lo productivo e importante que resulta tener ese tiempo de estudio como su responsabilidad (entre otras tareas domésticas) para después poder disfrutar de tiempo de ocio.

 

Cuanto antes termine de hacer sus tareas antes podrá y más tiempo tendrá de poder hacer las actividades que le gustan.

 

Redacción: María José Roldán


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Fecha de actualización: 19-08-2014

Redacción: Irene García

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