¿Tiene demasiada imaginación?

¿Tiene demasiada imaginación?
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¿Tu hijo se pasa el día jugando solo en su habitación o en el parque inventándose historias de dragones, piratas o magos? ¿Te da miedo que su exceso de fantasía le aísle del resto de compañeros? ¿Puede ser malo tener mucha imaginación?

Todos los niños pequeños tienden a inventarse situaciones, juegos, historias… Hasta los 3 años, esto sucede porque no distinguen la realidad de su imaginación, por eso muchas veces pueden mentir al responder a una pregunta o inventarse una anécdota que realmente no han vivido. No lo hacen porque sean muy mentirosos, sino porque realmente no saben dónde está el límite entre fantasía y realidad.

Sin embargo, a partir de los 4 años empiezan a ser conscientes de la diferencia entre las ficciones que inventan o leen en un libro, y lo que pasa en la vida real. Pero, ¿y si tu hijo sigue el día entero en su mundo? ¿Es perjudicial para su desarrollo social que no sepa jugar como los otros niños de su edad?

¿Es malo tener mucha imaginación?

Ser muy creativo e imaginativo nunca es malo, siempre que se sepa distinguir entre realidad y ficción y que no se use ese mundo de fantasía inventado para escapar de la realidad y de sus problemas.

Los niños deben fomentar su imaginación a través de juegos, cuentos, manualidades, dibujos… Esta capacidad les ayuda a desarrollar su inteligencia, su capacidad de resolver problemas, liberar sus sentimientos, controlar sus emociones, mejorar su sociabilidad, aumentar su empatía… Pero aunque los niños necesitan la imaginación para crecer, no pueden evadirse de la realidad.

Si tu hijo se refugia constantemente en un mundo inventado, puede que sea su manera de huir de ciertos problemas que puede estar atravesando en el colegio, con sus amigos o en la familia (muerte de un familiar, peleas con compañeros, problemas en clase, timidez, llegada de un hermanito, etc.).

¿Qué hacer?

Averigua si le pasa algo, si hay motivos por los que prefiere vivir en un mundo inventado constantemente a vivir en el suyo real. Una buena manera es escuchar sus historias: ¿Él es el héroe o el villano? ¿Hay un final feliz? ¿Le pasan cosas buenas o malas? Estos datos te darán pistas sobre cómo se siente.

Otra manera es ver si le gusta compartir estas invenciones o no. En el primer caso, hablamos de un niño que desborda imaginación; en el segundo, puede ocultar un problema.

No le ridiculices nunca ni te rías de su imaginación, es un tesoro que debe conservar pero controlado.

Anímale a que escriba o dibuje sus historias. Si es capaz, significa que es un acto creativo consciente. Si no, está pidiendo ayuda.

Apoya su imaginación, pero sin exagerar.

Ayúdale a relacionarse con sus compañeros del cole, los niños del parque. Puedes invitarlos a casa y preparar una serie de juegos para que tu hijo vea que también puede divertirse jugando con otros niños.

Fomenta la comunicación con tu hijo: si confía en ti y te cuenta sus problemas, no necesitará evadirse; sabrá que tú puedes ayudarle.

No le sobreprotejas, tiene que aprender a resolver solo sus conflictos.

Potencia su autoestima alabándole en aquellas actividades en que destaque.

Demuéstrale tu cariño con besos, abrazos, gestos cariñosos, etc.


Fuente:

Juan Pedro Valencia, psicólogo infantil

Redacción: Irene García

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