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¿Cómo lograr que no mienta?

¿Cómo lograr que no mienta?

Todos los padres desean que sus hijos no les mientan nunca, que confíen en ellos y les digan siempre la verdad. Para lograr esto, hay que inculcar ciertos hábitos de conducta y dar ejemplo a los niños desde pequeños.

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Índice

 

¿A qué edad empiezan a mentir?

Mentir es una parte natural del desarrollo mental del niño y ciertas mentiras son positivas, pero si tu hijo es muy pequeño, es peligroso que se dé cuenta de que alterando la realidad obtiene un beneficio, porque así aprende a decir mentiras para evitar sus responsabilidades, y de adolescente engañará para probar sus propios límites y salirse con la suya.  

Hasta los 3 años, los niños no mienten aunque digan cosas que no son verdad, pues para ellos sí lo son y con eso les basta. Entre los 3 y los 5 años la mentira no se produce de forma consciente, sino como elemento constituyente de sus juegos e historias fantasiosas; no hay que darle demasiada importancia, salvo que se extienda a su comportamiento habitual o se convierta en la forma por excelencia de obtener lo que quieren. A partir de los 5 años comienzan a mentir de forma consciente, cuando ya suelen distinguir la diferencia entre lo que es cierto y lo que no lo es, aunque aún no tienen claro que mentir sea algo incorrecto. Las mentiras pueden producirse tanto por inseguridad y falta de autoestima -que intentan ocultar mediante la mentira- o bien para probar y ver las reacciones de los adultos y comprobar hasta dónde pueden llegar. En algunos casos, se trata de una forma de obtener afecto.

Consejos para que no mienta



Si miente a menudo, lo primero que se debe hacer es averiguar el porqué de ese comportamiento, además de seguir una serie de pautas:

- Dar ejemplo: es difícil pedirle que no mienta si nosotros lo hacemos de forma habitual. Frases tan comunes como “Si me llaman por teléfono, di que no estoy”, pueden confundir al niño si luego le recriminamos por decir él algo parecido.

- Crear un clima de confianza que le sirva para tener la seguridad de que puede contarnos todo con tranquilidad y sin miedo.

- Explicarle claramente la diferencia entre la verdad y la mentira. Esto es especialmente importante en edades tempranas, donde, además, ajustaremos la explicación a su edad.

- Felicitarle cuando nos diga la verdad, especialmente si la misma conlleva riesgo de ser castigado. Por supuesto, si ha actuado mal y nos lo confiesa sin mentir no significa que no le debamos castigar, sino que separemos claramente lo que es un comportamiento inadecuado por su parte de lo que el niño significa para nosotros: le queremos por sí mismo, no por sus actos.

- No reaccionar de forma desproporcionada cuando mienta, siendo preferible reprenderle o comentar lo ocurrido en privado que hacerlo en público.

- La mentira no siempre hay que castigarla, a veces es más positivo saber sus razones para mentir, de tal forma que podamos actuar para que comprenda lo valioso de la sinceridad. Aumentará nuestra confianza y al mismo tiempo su libertad y autonomía.

- Liberarse de actitudes neuróticas. Muchas veces reaccionamos con ansiedad ante la simple posibilidad de la mentira: “¿Habrá dicho o no la verdad?”. Y cuando la mentira es descubierta, entonces se acosa al niño, se multiplican las preguntas y los interrogatorios... y, haciendo gala de una gran desconfianza, ya no se le cree, aunque diga la verdad.

¿Por qué mienten los niños?

Las mentiras pueden venir por diversos motivos. De hecho, en muchas ocasiones los niños pueden mentir para eludir sus responsabilidades o por el simple hecho de querer llamar la atención. ¿Qué clases de mentiras existen?

la mentira por cobardía. Esta se da cuando el niño evita asumir su responsabilidad. El niño no se enfrenta a la situación, sino que intenta evitarla a través de diversas mentiras.

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Y tambien:

la mentira por vanidad. Este tipo de mentiras es mucho más propio de los niños que intentan aparentar ser algo diferente bien por inseguridad o por falta de confianza.

¿Cómo sé yo si mi hijo miente?

No siempre se puede saber si un niño miente o no, pero por suerte para los padres existen algunos indicios que pueden demostrar si el niño está o no mintiendo. ¿Quieres saber cuáles son?

- La expresión facial de este. Muchas veces la cara del niño puede indicar que está mintiendo a sus padres. De hecho, normalmente aquellos niños que dicen la verdad se muestran tranquilos y relajados. Aquel que miente se comportará de forma ansiosa y la expresión será mucho más tensa.

- Su forma de expresarse al hablar. En muchas ocasiones las contradicciones en las explicaciones indican una mentira. Las frases carecen de sentido y coherencia. Suelen ser cosas no demasiado creíbles y las que suelen indicar claramente que se trata de mentiras.

- La falta de espontaneidad. Muchas veces, si el niño está mintiendo, comienza a explicar algo que parece ensayado y preparado. Y, además, cuando sus padres u otros familiares le hacen preguntas, contesta de manera forzada y no de forma natural.

Consejos para los padres



- No hacer preguntas interminables. Uno de los primeros consejos para interrogar al niño es no hacer nunca preguntas demasiado largas. Uno debe ser concreto y saber crear una situación de confianza.

- Mostrar empatía y calma. Cuando alguien interroga a su hijo como si de un policía se tratase… mal. Probablemente no contará la verdad así. Lo ideal es crear un ambiente de calma y empatía adecuado sobre todo para que ellos se sientan cómodos y puedan hablar con naturalidad.

- Concentrarse en lo positivo siempre. En el caso de que el niño finalmente decida contar la mentira, hay que intentar (aunque se le den previamente una serie de normas) centrarse en lo positivo. Ha reconocido su mentira y se ha dado cuenta de que no debe repetir esa actitud. Hay que valorar eso también y entender algunas emociones o sentimientos que pueden hacer que el niño en un momento determinado u otro… mienta.

¿Deben castigar o reforzar de forma positiva?

Algunos especialistas y expertos en el tema aseguran que aplicar una consecuencia en un momento oportuno es importante, pero cuando la conducta persiste en el tiempo lo mejor es utilizar el refuerzo positivo. Hay que darle la oportunidad a los niños a que digan la verdad, darles tiempo para ello. Y cuando reconozcan su mentira felicitarles por ello. De hecho, aseguran que no siempre conviene castigar, y menos en un tema como el de las mentiras. Es mucho más importante descubrir el por qué de esa mentira, buscar una posible solución y, sobre todo, que vuelvan a confiar en sus padres para no volver a hacerlo.

¿Habéis oído hablar de las mentiras piadosas?

Entre seis y ocho años los niños podrían confundirse también en un hogar donde exista una doble moral acerca de la mentira. Esto pasa, por ejemplo, cuando el niño tiene en algunas situaciones prohibido mentir, pero muchas veces los padres son quienes les dicen “unas cuantas mentiras piadosas” y tergiversan la realidad por y para su conveniencia. Esto puede en algún momento volverse totalmente en su contra pues confunde a los más pequeños. Por eso, un niño que no miente nunca si recibe ese tipo de contradicciones de sus padres puede provocar sin duda que en otras ocasiones no lo puedan saber diferenciar y ellos también acaben diciendo “esas mentiras piadosas” de las que hablábamos.

Entonces, ¿cuándo buscar ayuda?

Solamente un niño con antecedentes de mentiras crónicas debería asistir a una consulta con un consejero, una clínica de orientación infantil o bien a un profesional de salud mental. Además, se debe tener en cuenta también que los niños mentirosos crónicos por norma general tienen dificultades para establecer una verdadera conciencia que les permite diferencias lo que está bien de lo que está mal. En otros casos, además, son muchos los niños que simplemente lo están pidiendo a gritos, mienten porque necesitan atención y cuidado especial, y es la única manera de hacérselo ver en muchos casos a los mayores. El motivo muchas veces viene también de la vida familiar propia individual de cada uno y no solamente fuera del hogar.


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