Imaginación y creatividad II

Imaginación y creatividad II
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La imaginación y la creatividad son aptitudes que existen desde que nacemos pero, para formar una personalidad creativa es necesario poner al alcance de los niños los medios e instrumentos necesarios para su desarrollo.
 

Una imaginación rica, tendrá más oportunidades de crear algo nuevo. Pelancha Gómez-Olazábal, pedagoga y psicóloga con más de 27 años de experiencia en temas infantiles y directora del Centro de educación infantil Jauja en Madrid, nos señala los pasos a tener en cuenta para fomentar la creatividad.


Presentar una realidad rica

 

Los niños deben realizar actividades diferentes y atrayentes; con gran variedad de materiales e instrumentos a su alcance; así poco a poco irán aprendiendo sus cualidades, su uso y las posibilidades que éstos nos brindan para crear algo nuevo.

 

Hay que dar libertad a los niños para ir descubriendo, animándoles para que sean capaces de crear algo genuinamente suyo. Hay niños que se inclinan por las formas o el color, otros por el dibujo que poco a poco van haciendo cada vez más realista. Lo importante es que se sientan libres para expresar sus sentimientos.


Fomentar la motivación interior hacia las cosas

 

Para desarrollar una actitud activa frente al mundo que les rodea hay que sensibilizar a los niños ante las cosas y estimularles a reaccionar frente a ellas de una manera singular.

 

La creatividad necesita un clima de seguridad psicológica, de libertad para expresarse. Cuando los niños ven que la originalidad y singularidad se respetan, no tienen miedo de expresarse de forma espontánea, saben que su forma de actuación será aprobada por el adulto, independientemente de los resultados que obtengan. Si algo hay que enseñar es la capacidad de descubrir, de atreverse a buscar soluciones y no esperar en todo momento las indicaciones del maestro. No puede haber creatividad sino hay capacidad de pensamiento independiente.

 

Cuando hay que estar constantemente pendiente de gustar a los demás, los niños se inhiben por temor a no satisfacer al adulto; se está configurando una personalidad dependiente, conformista y cerrada, totalmente contraria a la creadora. Hay que crear el hábito y la disponibilidad hacia la creatividad.


El juego simbólico, los cuentos y las historias

 

Hay que enseñarles a desarrollar el juego simbólico; dar las bases para que aprendan a identificarse con diferentes roles o funciones del mundo de los adultos; como jugar a ser papá, mamá, bombero o cirujano. Siempre que se pueda hay que contarles cuentos, cuanto más imaginativos y alejados de la realidad, más les gustan y fomentan su creatividad y ganas de conocer cosas nuevas, espacios diferentes, otras realidades... También darles la posibilidad de identificarse con todo tipo de personajes de las historias que se les cuentan; cuando no consigas que haga algo, introduce una historia con un personaje que tenga que realizar esa acción, verás que resultados...


Favorecer los recursos del niño para resolver sus pequeños problemas y dificultades

 

Es fundamental que los padres no caigan en una sobre protección que se anteponga a cualquier necesidad del niño. Éste debe aprender a resolver sus problemas, a tomar sus decisiones, siempre adecuadas a su edad y madurez. Así se favorece el desarrollo de una personalidad firma y segura, confiando en sus posibilidades y recursos.


Respetar sus iniciativas y ser positivo ante sus errores

 

No le avasalles con información, más bien indúcele a expresar lo que siente y piensa. Respeta sus ideas, aunque no coincidan con las tuyas. Por ejemplo, ¡qué importa que se ponga unos zapatos rojos con una falda naranja! Lo importante es la iniciativa de vestirse solo.

 

Sé paciente ante sus errores, házselos ver sin infravalorarle y destacando los aspectos positivos por encima de los negativos. Anímale a que vuelva a intentarlo. De los errores se aprende mucho más de lo que nos pensamos.


Evitar la monotonía en la vida del niño

 

La monotonía termina con la imaginación. Esto no significa que haya que avasallarle con cientos de actividades, sino presentarle variedad e imaginación en lo que hace, ofrecerle la posibilidad de hacer cosas nuevas y distintas. Como padres, hay que mostrar entusiasmo ante sus iniciativas por realizar actividades, por muy nimias que parezcan.


¿Cuándo debemos preocuparnos?

 

Para los niños, la imaginación y la realidad están muy mezcladas; no hay fronteras entre lo uno y lo otro. Los padres y educadores son los responsables de ir encauzando la imaginación del pequeño sin atrofiarla. En la vida del niño es necesario ese mundo imaginativo para poder acoplarse a la realidad, así va elaborando los sentimientos que le produce el contacto con el mundo. Cuando le resulte difícil entender el mundo de una manera realista, acudirá a la imaginación; descubriendo poco a poco lo que es fantasía de lo que no lo es.

 

Pero, no debemos olvidar que si bien necesita la imaginación para crecer, también vive en la realidad y no puede evadirse de ella. Los niños que se refugian en un mundo imaginativo, subyacen en una actitud de huida hacia algún problema que no pueden afrontar como timidez, inseguridad, falta de afecto, etc. Los padres deben ayudarle a separar realidad y fantasía sin ridiculizarlo ni reírse de su imaginación, sino advirtiendo afectivamente que eso ocurre en los cuentos y en las historias inventadas, pero no en la vida real. Trata de reflexionar porqué el niño adopta esa actitud evasiva frente a la vida y habla con él sobre ello, con un diálogo abierto y comprensivo.
 

 


Pelancha Gómez-Olazábal, pedagoga y psicóloga directora del Centro de educación infantil Jauja en Madrid.

Redacción: Lola García-Amado

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