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¿Cómo saber si las amistades de nuestros hijos son de calidad o no?

¿Cómo saber si las amistades de nuestros hijos son de calidad o no?

Las amistades juegan un papel importante en el ajuste psicológico y conductual de los niños, especialmente durante la transición a la adolescencia. Algunas amistades incluso pueden proporcionar apoyo positivo y actuar como amortiguadores contra el estrés en el hogar. Otras, sin embargo, pueden tener características negativas y causar conflicto o rivalidad.

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Es habitual que los padres se preocupen por las amistades de sus hijos, especialmente cuando llegan a la adolescencia ya que las amistades influyen mucho en el desarrollo y las elecciones del chico, pudiendo motivarle para estudiar y ser mejor, o para faltar a clase y probar las drogas o el alcohol.


Por eso, investigadores del desarrollo infantil en la Universidad de Illinois han querido analizar lo que predice la calidad de las amistades de los niños, para que se pueda saber si estás serán buenas o no para el niño en el futuro. Para ello, los investigadores midieron las cogniciones de un niño acerca de los eventos de pares negativos pero ambiguos (sesgos de atribución) y la tendencia del niño a experimentar y expresar emociones fuertes (intensidad emocional).


"Estábamos más interesados ​​en comprender cómo las cogniciones y las emociones de los niños trabajaban juntas para predecir si las interacciones entre niños y niñas eran más cooperativas y positivas o más negativas y conflictivas", dice Nancy McElwain, profesora del Departamento de Desarrollo Humano y Estudios Familiares en la Universidad de Illinois.

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Xi Chen, estudiante de doctorado en el departamento y autora principal del estudio, explica que fue un interés en las emociones lo que la llevó a hacer el estudio. "Pero la emoción no se sostiene sola. Se combina con la cognición en un contexto social cuando un niño interactúa con los demás".


Para el estudio, Chen y McElwain examinaron los datos de 913 niños (el 50% eran niños, el 78% eran blancos no hispanos) y sus amigos que participaron en el estudio NICHD sobre cuidado infantil temprano y desarrollo juvenil. Los niños y sus amigos fueron observados durante una serie de tareas interactivas en 4º y 6º grado.


Los sesgos de atribución de los niños se evaluaron durante las entrevistas en 4º, durante el cual se presentaron escenarios que mostraban eventos negativos pero ambiguos (por ejemplo, un compañero rompe tu radio) y se les preguntó cómo interpretarían la intención del compañero en cada escenario (en este caso, ¿fue un accidente o no?).


Las respuestas que indicaban que el compañero pretendía causar daño indican un sesgo hostil. Las respuestas que decían que no, indican un sesgo benigno. Los maestros también informaron sobre la intensidad emocional de los niños de este curso.


Los prejuicios de los niños predijeron la calidad de la interacción niño-amigo en 6º, pero solo cuando los niños tenían niveles altos de intensidad emocional. Por ejemplo, un sesgo de atribución más hostil, combinado con una gran intensidad emocional, predijo una interacción más negativa entre niños y compañeros. Pero, en contraste, un sesgo de atribución más benigno, combinado con una gran intensidad emocional, predijo una interacción más positiva entre niños y amigos.


"La intensidad emocional puede actuar como 'combustible' que motiva o estimula el comportamiento", explica Chen. "Al mismo tiempo, los sesgos pueden actuar como la 'brújula' que señala el comportamiento de los niños en una determinada dirección. Los niños que tienen un sesgo más hostil, por ejemplo, pueden ser más propensos a actuar y participar en interacciones negativas con amigos cuando el sesgo hostil se alimenta de emociones intensas".


"Del mismo modo, los niños que tienen un sesgo más benigno pueden participar en un comportamiento más positivo con los amigos, especialmente cuando este sesgo es alimentado nuevamente por emociones intensas", agrega McElwain.


Aunque no abordaron comportamientos específicos en el estudio, Chen afirma que los niños que tienden a percibir las intenciones de los compañeros como benignas, y también tienden a experimentar emociones intensas, pueden estar más comprometidos emocionalmente cuando juegan con un amigo, pueden iniciar más comportamientos pro-sociales, y compartir más risas e interacciones positivas.


Mientras que los niños que tienden a percibir las intenciones de sus compañeros como hostiles y que también tienden a experimentar emociones intensas, es más probable que actúen, peleen o ataquen a sus amigos o se retiren de las interacciones con amigos.


¿Cómo podemos los padres ayudar a los niños a desarrollar emociones de calidad?


El mensaje positivo que los investigadores del estudio quieren transmitir a padres y profesores es que las emociones intensas pueden ser beneficiosas siempre que se combinen con cogniciones positivas, lo que puede promover la interacción positiva con amigos.


"Un desafío para todos –explica Chen- es ayudar a los niños que muestran cogniciones negativas. Los adultos pueden ayudar a modelar puntos de vista positivos sobre un acontecimiento negativo. Un ejemplo sería decirle al niño: “No creo que Juan tuviera la intención de manchar tu dibujo, seguro que fue un accidente”. También se le puede preguntar, sin prejuicios, sobre los pensamientos del niño sobre eventos negativos involuntarios para ver cómo se los toma y actuar en consecuencia.


A menudo, un primer buen paso para minimizar los sesgos es reconocer que existen. "Durante la adolescencia, los niños son cada vez más capaces de discutir y reflexionar sobre sus propias cogniciones. Por lo tanto, este período de desarrollo, en particular, puede ser uno en el que las cogniciones negativas y los sesgos están abiertos al cambio", explica McElwain.

 


Fuente:

Xi Chen, Nancy L. McElwain, Jennifer E. Lansford. Interactive Contributions of Attribution Biases and Emotional Intensity to Child-Friend Interaction Quality During Preadolescence. Child Development, 2017; DOI: 10.1111/cdev.13012.

Fecha de actualización: 27-11-2019

Redacción: Irene García

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