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Cuidados del niño enfermo

Cuidados del niño enfermo

Cuando le duela algo o se encuentre mal, tu pequeño intentará transmitírtelo a través de sus llantos, sus gestos o sus balbuceos y primeras palabras. Y es que aunque en estos momentos te encantaría leerle la mente, serás tú quien deberá averiguar qué le pasa y qué le podría aliviar, así como su estado general. Sin embargo, nunca debes olvidar las dos medicinas más necesarias: tu tiempo y cariño   

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Estar pendiente del estado general del niño es la primera recomendación que se da en caso de enfermedad, ya que corresponde a los padres detectar los primeros síntomas, entre los cuales se incluyen, como los más comunes: cierto decaimiento, irritabilidad y otras señales como fiebre, náuseas, vómitos, inapetencia, dolor, diarrea, etc. Si crees que tu pequeño puede tener fiebre, ponle el termómetro para comprobarlo y medir la temperatura, ya que es importante conocerla con exactitud.

Asimismo, es necesario saber que siempre debe ser el médico quien recete las medicinas al niño, incluso en el caso de analgésicos o antitérmicos, explicando cuándo y en qué cantidades hay que administrarlas, y siendo aconsejable anotar dichas instrucciones para no olvidarlas ni confundirse. Se explicarán también los posibles efectos adversos y el tiempo que hay que medicarle, ya que su suspensión antes de lo indicado, porque el niño se encuentre mejor, es un grave error que no debe cometerse, especialmente cuando se trata de antibióticos.

Mientras dure el tratamiento podrás comprobar la habilidad de tu pequeño para apartar la boca de la cuchara y sacar la lengua cuando ve llegar el jarabe. En este momento ten a mano agua, zumo o el chupete para que el niño pueda beber después de tomar su dosis de medicina y se lo trague más fácilmente.

Durante la recuperación

Una vez hecho el diagnóstico o si se sabe que por el momento todo apunta a que es algo autolimitado y carente de gravedad, al margen de los medicamentos destinados a aliviar el malestar, hay ciertas cosas que siempre ayudarán al niño a sentirse mejor, como estar a su lado, además de dosis suplementarias de cariño y paciencia si en algún momento se muestra irritable.

• Además, es importante “abandonar” la rutina habitual, dejándole que duerma el tiempo necesario y no forzarle si no tiene mucho apetito, pero intentando que beba suficientes líquidos.

• Es probable que tenga más apego al chupete o a su muñeco o juguete preferido. Es necesario ser tolerantes. Cuando se encuentre bien, se podrá encauzar de nuevo la situación.

• Si quiere jugar aunque tenga fiebre o se encuentre bajo medicación, déjale que sea él quien marque las pautas. La evolución de cada enfermedad es distinta y es cuestión de amoldarse a lo que el niño quiera. De todas formas, observa su estado general para informar al pediatra. 

• Es fundamental que en casa lleve ropa cómoda, aunque no necesariamente el pijama si no está en la cama. Si tiene fiebre no hay que abrigarlo demasiado, siendo mejores las prendas fáciles de desabrochar por si hay que ponerle el termómetro. Recuerda que todo niño con fiebre tiene que beber abundantes líquidos.

• Para volver a sus actividades normales, como puede ser la guardería, asegúrate de que ya está recuperado y que no hay riesgo de contagio para sus compañeros.

Fíate de tu instinto y si crees que algo no anda bien, consulta al pediatra o acude al servicio de urgencias, ya que es mejor pecar por defecto de experiencia que exponerse a riesgos innecesarios por no querer causarles molestias.
 


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Fuente: “Manual de Puericultura de la Asociación Española de Pediatría” del Dr. Alfonso Delgado Rubio y del Dr. Valentí Pineda i Solàs.

Fecha de actualización: 31-03-2009

Redacción: Silvia Paredes

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