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Consejos para niños que duermen mal

Consejos para niños que duermen mal
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¡Cuántas veces tenemos que pelear con los niños para que se vayan a dormir! En muchas ocasiones, resulta incomprensible que les cueste tanto irse a la cama. Esto desemboca en una pelea constante que se complica por el cansancio acumulado del día, no sólo de los niños sino también de los padres. Ellos están agotados pero no quieren ir a dormir y el cansancio hace que estén más irascibles y que nosotros, los padres, tengamos menos paciencia para enfrentarnos a ellos.

Las razones por las que los niños no quieren ir a la cama son muy variadas. La mayoría de las veces suele ser porque se lo están pasando muy bien jugando, viendo la televisión, leyendo un cuento… y prefieren continuar con eso que están realizando en vez de ir a dormir. Les resulta más atrayente.


En otras ocasiones, asocian el sueño a situaciones negativas para ellos, como separarse de los padres, lo cual les provoca miedo. Y otras veces es simplemente porque tienen miedo a la oscuridad, a la soledad de la noche, al silencio…  Cuando los miedos pasan a ser pesadillas o incluso terrores nocturnos, la oposición y rebeldía a la hora de ir a la cama es incuestionable. Sin embargo, sea cual sea la causa que provoca esta situación de peleas constantes todas las noches, es importante ponerle freno y, si es posible, evitar que llegue a producirse.


Desde que son bebés es necesario trabajar ciertas rutinas que ayuden a crear un buen hábito de sueño, a que haya menos enfrentamientos a la hora de ir a la cama, y que hagan especialmente agradable el momento de ir a dormir. Estas rutinas son tan básicas y elementales como, por ejemplo, mantener un horario fijo a la hora de acostarse. También es importante establecer una “cadena de sucesos” que precedan sistemáticamente al hecho de irse a la cama: baño, cena, cuento… Si desde pequeños se trabaja esta cadena de sucesos, sabrán que después de una cosa viene la otra y, por tanto, el sueño vendrá a continuación de la última rutina que tengamos establecida.

Niños que roncan ¿Es peligroso?

Niños que roncan ¿Es peligroso?

Más allá de lo molesto que puede resultar escuchar los ronquidos, éstos pueden significar un problema para la salud del pequeño o para su desarrollo. Los ronquidos y apneas de sueño en la infancia dificultan el desarrollo cognitivo de los más pequeños, por ello “ante la existencia de ciertos síntomas, como ronquidos y apneas (pausas respiratorias) durante el sueño debe iniciarse un tratamiento precoz, ya que sus consecuencias afectan tanto al sistema cardiovascular como al metabólico, además de influir sobre el comportamiento y el rendimiento cognitivo de los más pequeños”, comenta la Dra. Milagros Merino, neurofisióloga y miembro de la Sociedad Española del Sueño. 


Hay que explicarles y demostrarles que no conseguirán nada aunque lloren o griten. Es necesario armarse de fortaleza y paciencia y no dejarse llevar por las actuaciones desmesuradas por parte de los niños. Ellos saben cómo hacer y se empeñarán con todas sus fuerzas en ablandar nuestro corazón y acabar con nuestra paciencia porque nos conocen muy bien. Es posible que a esas horas nos encontremos débiles por cansancio o por evitar ciertos escándalos que afecten a la calma y sosiego de los vecinos. A pesar de todo, es fundamental no dejarse impresionar por sus intentos y mantenernos firmes. Sólo así aprenderán que sus rabietas no son rentables.


Si la situación viene provocada por miedo o inseguridad, se puede tratar de llegar a acuerdos dialogados y consensuados: luz en el pasillo, música, marcar la hora de ir a la cama…


Cuando el problema está en los intentos de levantarse a lo largo de la noche o en los momentos en los que los niños se despiertan reclamando algo, es importante también mantener la norma de no sacarle de la cama ni atender de manera inmediata a su llamada. Suelen tratar de ir a la cama de los padres buscando no estar solos, pero, si caemos en esta posibilidad, lo cual no es difícil que suceda por el propio cansancio o sueño de los padres, pronto aprenderán que esta opción es válida y, también, mucho más placentera, lo que hará que resulte muy complicado eliminarla posteriormente. Podemos pensar que por una noche no pasa nada, sin embargo, no es algo que se quede en una sola noche. Es importante respetar los espacios de cada uno y éste es uno de ellos. Además, el descanso será mejor estando cada uno en su cama, sin olvidar la importancia de unos buenos hábitos.


Una vez que tienen clara la norma de que cada uno duerme en su cama, ante los intentos de levantarse no es conveniente dar demasiadas explicaciones, sino hacerlo de forma previa. Los niños deben tener clara la norma y, como todas las normas, debemos explicárselas de modo concreto y claro, y sin necesidad de ser repetida constantemente. La noche no es momento de explicar la norma ni repetirla. En el momento en que los niños traten de levantarse o se hayan levantado debemos cogerlos y sin decir nada llevarlos a la cama. Si esto se realiza siempre de este modo, aprenderán que esa es su única opción.


Ante los despertares constantes acompañados de llanto y petición de cosas (agua, leche, luz…) hay que enseñarles que no deben llamar cada vez que se despiertan y, para ello, hay dos pasos importantes que hay que seguir. El primero, no acudir inmediatamente al llamamiento. Muchas veces si les dejamos se les pasa y siguen durmiendo sin problema. Si consideramos que los niños no tienen ninguna necesidad y que están bien, habrá que dejarles para que aprendan a continuar durmiendo y no tengan tanta demanda o necesidad de nosotros. Y en segundo lugar, para asegurarnos que tienen de todo y sus necesidades están cubiertas, antes de ir a dormir es importante prepararse para ello, que vayan al baño, beban agua, dejarles agua en la mesilla, el chupete cerca, o el muñeco con el que duermen, dependiendo de la edad, para que puedan servirse sin nuestra ayuda. Suele ser costoso llegar a que adquieran este hábito por sus numerosos intentos y costará más si no se da respuesta constante y similar en cada ocasión. Para evitar esto, es preferible esforzarse y pasar unos días más complicados pero no cambiar la pauta porque, de este modo, se superará y se llegará a conseguir el hábito.


Para nuestra tranquilidad hay que tener en cuenta que la mayoría de las reclamaciones que hacen no son porque necesiten algo, sino por mimos, mimos que no hay que dejar de dar, ¡al contrario! Sin embargo, el momento en el que se van a dormir no es el mejor para darlos. Disponemos de muchos momentos a lo largo del día para mimarles y disfrutar de ellos. Este es momento de descansar para poder estar bien y disfrutar luego del día.


Redacción: María Campo. Directora Centros Educativos Kimba. www.escuelaskimba.com

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