¿Qué cantidad de comida necesita un niño?

¿Qué cantidad de comida necesita un niño?
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Uno de los asuntos que más controversias genera sobre alimentación infantil suele ser el cálculo de la cantidad que debe comer un niño. Es curioso que en función de la fuente a la que nos dirijamos obtengamos informaciones totalmente distintas. Para su abuela un niño siempre “demasiado poco”; para el pediatra parece que todos los menores, independientemente de su constitución o apetito, tengan que comer cantidades exactas iguales. Pero por otro lado las instituciones sanitarias alertan de la sobrealimentación infantil en nuestra sociedad, y así, según con quien hablemos del tema, oiremos una cosa u otra.

Sin embargo pocas veces atendemos a quien de verdad conoce la respuesta: el niño. En este caso él es el único que debería decidir la cantidad que quiere comer, pues solo su organismo sabe cuál es.

El niño, desde pequeño, conforme a los requerimientos de su cuerpo, lanza señales que nosotros deberíamos interpretar, tanto cuando tiene hambre como cuando está saciado. El problema es que en la mayoría de los casos lo hacemos erróneamente y tendemos a servirle raciones más grandes de lo que realmente necesita.

Calcular la cantidad de comida

La dieta de un niño debe ser variada y equilibrada. Debería comer de todo, en pequeñas y frecuentes porciones. Y para saber con certeza el tamaño de éstas solo tenemos que aplicar esta fórmula: La cantidad de comida que necesita un niño es aquella que es capaz de comer sin tener que forzarle.

No existen cantidades exactas para todos los menores. Unos necesitarán comer más y otros menos. Observando a nuestro hijo, atendiendo a las señales que nos transmite, sabremos cuánto ha de comer.

Ya de bebé el niño aprenden a decir “basta” cuando no quiere comer más: apartando la cabeza, cerrando la boca, expulsando la comida, dando un manotazo… Ese es el mejor indicador de que ha comido suficiente. Los niños comen de manera natural según sus necesidades. Si desde sus primeros meses le haces caso cuando te “dice” que está saciado, sin insistirle ni forzarle a comer de más, siempre tomará la cantidad idónea que requiere su organismo.

Por lo tanto no ofrezcas, ni obligues a comer más alimento del que es capaz de ingerir. Ni siquiera porque hayas leído en una tabla de nutrición que un niño de la edad de tu hijo debería comer tantos gramos de proteínas o de cereales al día. Estas tablas son estadísticas y cifras aproximadas que sirven de referencia pero nunca deben ser seguidas al pie de la letra como pautas obligadas.

Pequeñas cantidades con frecuencia

Los niños necesitan gran cantidad de energía. Consumen mucha durante todo el día, pero su estómago es todavía muy pequeño y no pueden almacenar muchas reservas. Necesitan por lo tanto comer varias veces al día y en pequeñas cantidades.

Igualmente debemos tener en cuenta los altibajos de apetito. Los niños, tampoco los adultos, tienen siempre las mismas ganas de comer. Es habitual que durante una semana, por ejemplo, sea como un saco sin fondo y otra, sin motivo aparente, apenas pruebe bocado. Acepta estos vaivenes y no insistas en que coma una cantidad determinada si no tiene hambre. Es normal que haya días que se salten una comida y otros que coman sin parar. Siempre que no tomen alimentos vacíos entre horas, como chucherías, y su menú sea variado y saludable, se permisiva con su ritmo para comer.

Hay diferentes motivos que causan inapetencia en el niño. Una enfermedad, el calor, raciones desmesuradas, el cansancio, la sobreexitación, etc. Tenlo en cuenta y permítele no comer si no tiene ganas. El mejor indicador de que un niño se alimenta bien, son las tablas de crecimiento y su estado de salud. Si el pediatra considera que crece y engorda normalmente y su aspecto es saludable es que su dieta es correcta.

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No te preocupes por que coma poco. No olvides que ningún niño se muere de hambre si tiene comida a su alcance.

 

Algunos consejos para abrir el apetito a la hora de comer:

 

- Establece 5 comidas al día (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena).

 

- Diferencia bien los horarios de comida, dejando un lapso de tiempo de alrededor de 3 horas entre ellos.

 

- No permitas que pique entre horas. Especialmente chucherías o alimentos poco nutritivos.

 

- No le fuerces nunca a comer más de lo que quiere. Recuerda que el niño decide cuánto quiere comer y tú qué darle de comer.

 

- No llenes los platos hasta arriba. Ni pretendas que coma siempre la misma cantidad o raciones iguales a las de otro niño de su edad.

 

- Trata de no dilatar mucho el tiempo de cada comida. Procura que duren media hora aproximadamente.

 

- Las comidas deben ser tranquilas y una oportunidad para conversar y comunicarse en familia. No deben ser el origen de conflictos constantes.

 

- Intenta que coma con el resto de la familia lo antes posible.

 

- Evita las distracciones durante las comidas. No permitas que vean la televisión, que lean o jueguen mientras comen.

 

- No le ofrezcas suplementos alimenticios, sin prescripción médica, para reforzar su nutrición y evitar un déficit de nutrientes. Si un niño come variado, aunque sea poco tendrá lo que su organismo necesita. Estos suplementos en forma de batidos o productos farmacológicos pueden quitarle el apetito, con lo que se entrará en un círculo vicioso con resultados muy negativos, además de esta forma nunca le daremos la oportunidad de probar nuevos platos ni de aprender a comer correctamente.  

 

Obligar a comer un niño que no tiene apetito puede acarrear consecuencias fatales. Aprenderá a comer siempre forzado, no sabrá disfrutar de la comida, se resistirá de antemano a cualquier plato y se correrá el riesgo de convertir la hora del almuerzo en un conflicto constante y en una oportunidad para el chantaje o las llamadas de atención.

 

Asimismo comer más cantidad de la necesaria favorece la aparición de enfermedades y trastornos de la alimentación como la obesidad, el sobrepeso, la bulimia, etc.


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Fecha de actualización: 24-07-2013

Redacción: Irene García

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