Bollos y chuches, ¿Qué límite poner a los niños?

Bollos y chuches, ¿Qué límite poner a los niños?
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Cuando empiezan las clases cada vez son más aquellos niños que realizan una de las comidas más importantes del día en el cole. Un factor a tener en cuenta en su dieta. Generalmente los comedores escolares siguen un plan de alimentación equilibrado, además cumplen una función básica de nutrición, desempeñando también un destacado papel educativo entre los niños.

Cómo enseñar robótica a los niños

Cómo enseñar robótica a los niños

La robótica, es decir, montar y programar un robot, ya se está enseñando en los colegios. Y aunque pueda parecer muy complicado, los niños desde los 6-7 años ya pueden empezar a crear sus propios robots. Y es que la robótica es el futuro.

Asimismo, el Ministerio de Sanidad ha puesto en marcha diferentes iniciativas para fomentar buenos hábitos alimenticios en las familias. Así, ha acordado con las comunidades autónomas un conjunto de medidas para reducir las tasas de sobrepeso y obesidad en niños a través del ámbito escolar; entre otras, la retirada de bollos y otros alimentos con "alto valor energético".

 

Pero ¿y en casa? ¿Deben los padres prohibir todo tipo de chucherías o bollería a los niños?
 

Existen muchos factores que constituyen barreras para alimentarse de manera sana y equilibrada. Por ejemplo, los distintos horarios de trabajo y escuela, que impiden realizar comidas en familia de forma habitual. O los estilos educativos más permisivos, en que cada miembro de la familia come lo que le apetece. O el precio de algunos productos. O la presión de la publicidad y ofertas tentadoras, que incluyen precios atractivos.  En el mundo actual es muy difícil “comer sano” porque continuamente hay oportunidades para comer más de lo necesario: alimentos apetecibles, ubicuos y baratos con muchas calorías; fiestas y celebraciones alrededor de la comida casi cada semana; restaurantes con ofertas 2x1; máquinas, kioscos, autoservicios; y un largo etcétera.

 

Los menores se encuentran inermes ante muchos de estos factores: tentados por la publicidad, por el sabor agradable, y disponiendo de unos cuantos céntimos en el bolsillo, es bastante lógico que les apetezca tomarse un dulce. Si siempre se les ha premiado con dulces… ¡ellos también se dan el gusto! Sin embargo no tienen edad suficiente para entender la información nutricional, no saben qué es un menú saludable o una dieta equilibrada. Por eso es lógico que se les proteja. Alguien tiene que ayudarles a elegir lo más sano y por eso es adecuado asegurarse de que lo que tienen a mano lo es. Y para facilitarlo, se retiran los alimentos con exceso de grasas y azúcares.

 

Sin embargo, no hemos de quedarnos ahí, ejercitando un paternalismo sobreprotector con los escolares. Ante las dudas y el debate que pudiera suscitar la decisión del Gobierno, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) se muestra partidaria de informar y sensibilizar a las familias, explicando los objetivos de estas medidas. Así como de diseñar otras para facilitar que todos puedan elegir más fácilmente las opciones más saludables: Más carriles bici para desplazarse en ciudades y pueblos, parques seguros para jugar al aire libre, instalaciones con horario adaptado para hacer deporte después de clase o de trabajar, política de precios asequibles en los productos frescos, especialmente las frutas y verduras.
 

Obesidad y diabetes, en aumento entre los más pequeños

 

Desde AEPap ofrecen algunas recomendaciones a las familias ante la situación actual.

 

Casi nadie se pregunta cuando toma un helado o una golosina qué es lo que ocurre dentro del cuerpo hoy. Y es aún más difícil imaginar que tendrá consecuencias mañana. Si eso que está tan claro en relación al tabaco (fumar hoy significa el riesgo de adquirir el hábito en unas cuantas semanas y de tener un cáncer dentro de varias décadas), en relación con la alimentación es más difícil de calcular, aunque cada vez parece más claro que, efectivamente, las generaciones actuales van a tener muchas más enfermedades crónicas graves, como la diabetes, si se continúa con los hábitos alimenticios actuales.

 

Por eso, las medidas que se toman ahora y otras que habrá que adoptar en el futuro próximo tienen como objetivo no solo disminuir el número de niños o niñas con obesidad que hay en la actualidad en el territorio español, sino evitar que lleguen a ser personas obesas mañana. No porque la obesidad sea una cuestión de moda o estética, sino porque es un riesgo para la salud. El exceso de peso, la grasa que se acumula en la cintura sobre todo, conduce a dos tipos de enfermedades muy serias: la obesidad y la arteriosclerosis. Son enfermedades crónicas, que producen daños severos en todo el organismo de forma lenta, casi imperceptible.

 

Es indudable que la obesidad está aumentando entre la población infantil, pero también crece la diabetes, que cada vez se diagnostica en edades más jóvenes. Es un aumento lento pero progresivo. La diabetes es difícil de controlar y acorta la expectativa de vida. Laobesidad y determinados hábitos de alimentación favorecen la diabetes porque con cada cucharada de azúcar que tomamos, el páncreas tiene que fabricar insulina, ya que esta hormona hace que las células puedan aprovechar la glucosa de la sangre. Si se toman a menudo alimentos y bebidas dulces, estamos sobrecargando de trabajo al páncreas, y puede llegar a agotarse y no ser capaz de producir más insulina. Eso es la diabetes, una situación en la que siempre se tiene demasiada glucosa en la sangre, que se convierte en tóxica para las células.

 

¿Deben eliminarse los dulces de la dieta de los pequeños?

 

En realidad no los necesitamos. Nuestro cuerpo es capaz de fabricar glucosa de cualquier alimento: un bocadillo de chorizo, un guiso, una manzana… Cuando no se toman dulces, el páncreas tiene poco trabajo, fabrica poca insulina y dura muchos años. Antaño solo se tomaba un postre dulce en días señalados: domingos, cumpleaños… Era un trabajo extra pero que no llegaba a agotar las reservas del páncreas. Hoy se toman dulces en casi todas las comidas (mermelada, bollería, natillas, helados…) y también entre horas (una golosina, un bombón, un refresco, un zumo envasado). Eso ya supone demasiada carga para el organismo. Además aportan bastantes calorías y se engorda. La pregunta ahora es ¿Por qué tomamos entonces dulces? Porque nos gustan. Porque están a mano, en todas partes. Porque son baratos.

 

Lo ideal sería reducir su consumo. Cualquiera que haya elaborado un bizcocho casero sabe que además de azúcar, la receta incluye harina (un almidón), huevos y nata, mantequilla o aceite, es decir: grasas. Eso hace que las galletas, los bizcochos y todos los bollitos industriales tengan muchas calorías. Además las grasas suelen ser saturadas (como la nata que es de origen animal) es decir, las que más se acumulan en las arterias, llevando a  la arteriosclerosis. Es lo que ocurre también con las grasas trans, y por eso son las que se pretende disminuir desde los organismos oficiales.

 

Consejos para las familias desde la AEPap:

 

1)      Es fundamental tomar un buen desayuno al empezar el día.

 

2)      Si se desayuna bien, el niño prácticamente no necesita tomar nada a media mañana, ya que en pocas horas más viene el almuerzo. El recreo es para jugar.

 

3)    El tentempié más saludable en el recreo es la fruta. O un bocadillo de pan.  También se puede tomar un yogur o leche. Pero es preciso tener en cuenta que los  niños y niñas toman en general  poca fruta y muchos lácteos a lo largo del día. Es mejor darles una oportunidad más para tomar fruta.

 

4)      La mejor bebida es el agua. Quita la sed, no produce caries, no engorda ni quita el apetito; al contrario que todas las demás bebidas dulces.

 

5)     Las pirámides nutricionales ofrecen una guía sobre la frecuencia con que deben tomarse los distintos tipos de alimentos. En ellas los alimentos que se deben tomar a diario están en la base y en la parte más alta aquellos que son para consumo ocasional (menos de una vez por semana). Ahí están los helados, los dulces, los refrescos, bombones, chucherías, azúcares y grasas en general.

 

6)   La actividad física es fuente de salud, además mejora el humor y la autoestima. Es conveniente que se realice al menos una hora al día de actividad física enérgica, y mejor si es al aire libre.


Redacción: Ana Martínez Rubio. Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria

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